Busco a David entre la multitud, mi mirada se desliza por rostros conocidos y desconocidos hasta que finalmente lo encuentro. Está en la pista de baile, moviéndose al compás de una canción lenta con una rubia espectacular. Alta, de curvas pronunciadas y piernas interminables, se acopla a su cuerpo con una confianza que me revuelve el estómago.
Estás celosa.
Ignoro la voz en mi cabeza. No tengo derecho a sentir eso, ¿verdad? Camino hacia ellos con paso firme, obligándome a sonreír mientras le toco el hombro para llamar su atención. David se gira, y por un instante, sus ojos azules se clavan en los míos.
—¿Podemos hablar? —pregunto con la voz más tranquila que logro reunir.
Pero la sonrisa desaparece de mi rostro de inmediato cuando escucho su respuesta.
—Quizás en otro momento —dice con indiferencia, sin molestarse siquiera en fingir interés.
La rubia me lanza una sonrisa cargada de arrogancia, como si ya supiera que me ganó. Me muerdo el labio inferior para no soltar lo que en verdad quiero decir. Doy media vuelta, dispuesta a marcharme, tragándome el orgullo... pero no alcanzo a dar ni dos pasos cuando siento su mano cerrarse con fuerza alrededor de mi muñeca.
—¿David, qué haces? —chilla la rubia, su voz tan aguda que me hace fruncir el ceño.
—Lárgate —dice él, seco, con una dureza que no le había escuchado antes.
La rubia bufa, indignada, y se aleja pisando fuerte, no sin antes lanzarme una mirada que quema. Pero no me importa. No ahora. David tira de mí sin miramientos, acercándome a su cuerpo con firmeza. Me toma la mano libre y la coloca sobre su hombro, mientras su otra mano se posa en la parte baja de mi espalda, atrayéndome aún más, como si quisiera fundirse conmigo.
—No es bonito que te ignoren, ¿verdad, Alex? —susurra, obligando a mi cuerpo a seguir el ritmo de la música, lento, íntimo.
—David, yo...
—¿Cómo crees que me sentí —me interrumpe, su voz baja pero cargada de resentimiento— cuando me di cuenta de que, entre todos, al único que mirabas era a Derek?
Su mirada se clava en la mía, dolida, cargada de reproche. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que he lastimado a alguien que no lo merecía.
Abro la boca, intento encontrar algo que decir, una excusa, una razón, una mentira piadosa... pero no tengo nada. Nada que justifique lo que hice. Así que simplemente la cierro, derrotada por el silencio.
David asiente, como si ya supiera que no tenía una respuesta. Como si ya esperara el vacío. Con delicadeza, aunque con firmeza, me toma del mentón entre su pulgar y su índice, elevando mi rostro para que lo mire. Sus ojos son intensos, profundos, no hay rastro de duda en ellos. Solo deseo. Dolor. Esperanza.
Y luego, se inclina. Despacio. Tan cerca que su aliento roza mi piel. Sus labios quedan a escasos centímetros de los míos. Y entonces, lo siento: su lengua húmeda y cálida recorriendo primero mi labio superior, luego el inferior, como una caricia cargada de intención, como si marcara el territorio que desea reclamar.
—Bésame —susurra, y su voz es una súplica disfrazada de orden.
Mi pulso se desboca. El mundo se reduce a él y a mí, a esa melodía que sigue sonando en la pista, a los ojos que sé que nos observan. Me siento vulnerable, como una adolescente con mariposas en el estómago, y no entiendo por qué. No con David. No después de todo.
Pero mi mente corre. Si lo beso... si cedo, estaré haciendo una declaración pública. A él. A Derek. A todos. Estaré gritando que Derek ya no tiene poder sobre mí, que mi presente es David, y que por mucho que me doliera el pasado, decidí avanzar.
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El amor es....(ADDD)
RandomDespués del intento de asesinato que casi le cuesta la vida, Derek logró sobrevivir... pero no salió ileso. Algo mucho más valioso que la sangre se derramó ese día: sus recuerdos. Las memorias que guardaban su historia con Alex, el amor de su vida...
