Capítulo 11

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Ambos me miran, expectantes, como si la decisión fuera una declaración pública. Por un lado, Derek, que llegó acompañado de su novia y ahora pretende jugar al padre responsable con su arrogancia habitual. Por otro, David, correcto, atento, pero distante, como alguien que simplemente cumple con su deber.

— Tenemos que hablar sobre nuestra hija — dice Derek con ese tono de superioridad que siempre utiliza cuando quiere imponer algo.

Ulises, Julio y David se quedan perplejos, como si de repente la realidad hubiese cambiado ante sus ojos. La sorpresa se refleja incluso en David, que aunque no dice nada, con la mirada me deja claro que, elija lo que elija, lo aceptará. Pero también sé que eso no significa que esté bien. Él esperaba otra respuesta. Tal vez algo más.

Pero yo no voy a seguirle el juego a Derek. No después de todo. Si vino con su pelirroja, que se vaya con ella. No voy a permitir que arrastre a Leah a su montaña rusa emocional.

— ¿Leah es hija de Derek Black? — pregunta Ulises, aún asimilándolo.

— Sí... larga historia — contesto con voz agotada.

Miro a Derek, firme.

— Ya te dije que si quieres hablar con tu hija, hables con Sawyer.

Y con eso, doy por terminado el tema. Al menos por ahora.

Suelto un suspiro y, con un leve movimiento de cabeza, le indico a David que me siga. Comienzo a caminar, pero él me sujeta suavemente del brazo. Es un gesto sutil, como si dijera: apóyate en mí, estoy aquí. Y lo hago.

Con su ayuda, avanzamos hacia la entrada. Por desgracia, la única salida posible es atravesando el salón de baile y el hall, donde aún queda mucha gente. A cada paso que doy, el dolor en mi pierna se intensifica. La morfina comienza a perder efecto, y los tacones, lejos de ayudar, hacen de cada paso un tormento.

—Si quieres, puedo cargarte —dice David con tono juguetón.

—Si quieres hacerlo, no te voy a detener... pero debes saber que peso mucho —le respondo, siguiéndole el juego.

Lanzo un pequeño chillido cuando, sin previo aviso, pasa un brazo por detrás de mis piernas y el otro por mi espalda, levantándome con facilidad y pegándome a su pecho. El sonido que se me escapa lo hace reír, una risa grave y contagiosa. Comienza a caminar conmigo en brazos como si no pesara nada, sin que su respiración se altere lo más mínimo.

—Ya puedes bajarme, nos van a ver —le digo cuando estamos a punto de cruzar la puerta hacia el salón, donde la música vuelve a inundarlo todo.

—¿Bajarte? ¿Bromeas? Esta es la mejor parte —responde con una sonrisa mientras me sujeta con más fuerza, decidido a no dejarme escapar.

Escondo el rostro en el hueco de su cuello en cuanto cruza la puerta. La música y las conversaciones de la multitud nos envuelven de golpe, aunque pronto se hace el silencio. Lo único que se escucha es la música de fondo y mi respiración acelerada. Me aferro a su pecho, avergonzada, y eso lo hace reír. Su risa vibra a través de su cuerpo, y yo la siento como si fuera mía.

Lentamente levanto la cabeza. Todos nos están mirando.

—Señor Gandy, ¿puedo sacarles una foto? —pregunta un hombre con una cámara en las manos.

Antes de que podamos responder, ya ha capturado la imagen.

—Gracias —dice satisfecho, y desaparece entre la multitud.

Todavía sorprendidos por la repentina fotografía, David reanuda la marcha hacia la salida. Algunas personas ya han dejado de prestarnos atención y han vuelto a sus conversaciones de negocios o lo que sea que les parezca más importante que ver cómo un hombre con cuerpo de modelo me carga como si fuéramos unos adolescentes.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora