Capítulo 15

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Al llegar al hospital, las miradas no tardan en clavarse en nosotros. Y no los culpo. Solo hace falta vernos. Derek camina como salido de una portada de revista: traje a medida, impecable, ese aire de hombre que domina el mundo sin esfuerzo. A su lado, yo parezco una sombra. Llevo una de sus camisas blancas, que transparenta el color de mi sujetador, un chándal negro y unas zapatillas. Mi rostro debe parecer el de una muerta en vida: ojeras, ojos hinchados de tanto llorar, el cabello recogido en un moño mal hecho. Estoy segura de que doy pena.

Y sin embargo, Derek no parece notar nada de eso. O peor aún, lo nota y no le importa. Camina a mi lado, con la cabeza en alto y mi mano firmemente entrelazada en la suya. Como si yo fuera un tesoro, un diamante en bruto que vale la pena mostrar al mundo, incluso en su estado más roto.

Y por un instante... me dejo sostener por su fuerza.

— ¡Alex!

Nos detenemos en seco al escuchar esa voz. Y aunque creí que mi día no podía empeorar más, claramente me equivoqué. David se acerca a nosotros con paso firme. Lleva una camisa negra con los primeros botones desabrochados y un pantalón vaquero, ese estilo casualmente encantador que tanto sabe usar. Derek, a mi lado, se tensa. Lo noto por la forma en que sujeta mi mano, con fuerza, como si temiera perderme en ese instante.

— Te dije que iba a estar contigo —dice David al llegar frente a nosotros, con la mirada fija en mí.

Sus palabras me aprietan el pecho. Esta sesión será la más larga y probablemente la más incómoda de mi vida. Sabía que no debía venir. Y ahora estoy justo donde no quería estar: entre la espada y la pared.

Solo ruego que no hagan lo mismo que en la fiesta... que no me obliguen a elegir con cuál de los dos me iré esta vez.

No voy a ponerme a escoger entre los dos. No otra vez. Sin decir una palabra, y con ambos fulminándose con la mirada como si el otro fuera su peor enemigo, camino hacia la sala donde sé que Sullivan ya debe estar esperándome.

Al entrar, lo saludo con un gesto breve y me dejo caer en la silla de siempre. En el cuero aún se notan las marcas de mis uñas de la última sesión. Me observo las manos, y por un segundo me pregunto si esta vez saldré igual de rota.

Derek y David entran tras de mí y, sin decir palabra, se sientan a cada lado. Estoy atrapada entre ambos, rodeada, invadida por esa energía densa, masculina, tensa... y completamente incómoda.

— ¿Cómo te sientes? —pregunta Sullivan con su voz tranquila, sentándose frente a mí.

No contesto. Él no espera una respuesta. Toma mi brazo con suavidad y empieza a palpar buscando la vena. Cuando la encuentra, quita la tapa de la jeringa con los dientes, como si no quisiera perder tiempo.

— Me alegra que hayas venido, Derek —dice mientras introduce la aguja en mi piel.

Contengo el aliento. Esta vez duele más. Mucho más. Bajo la cabeza, apretando los dientes, sin querer que ninguno vea mi expresión al quebrarse. Pero no puedo evitarlo: mi mano libre vuela hacia su muñeca y la aprieta con fuerza, buscando ancla, buscando alivio, mientras el líquido empieza a correr por mis venas.

— Por favor... para —le suplico en un susurro que se me escapa sin querer.

— Está bien que te duela. Eso significa que el fármaco está haciendo su trabajo en tu sistema —responde Sullivan, sin dejar de mirar mi brazo, aunque hace una mueca casi imperceptible al notar cómo le aprieto la muñeca.

Sé que le estoy haciendo daño, pero aún así, me cuesta soltarlo. Lo hago a regañadientes, dejando que continúe con ese maldito proceso. Ahora entiendo a mi padre. Entiendo por qué salía tan malhumorado de cada sesión de quimioterapia, por qué lo odiaba tanto. Pero esto... esto se siente peor. Mucho peor.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora