Capítulo 23

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POV ALEX

Me incorporo como un resorte, jadeando en busca de aire, pero lo único que consigo es golpearme la frente contra algo duro.

—¡Auch! —gruño, llevándome la mano al golpe.

El dolor se desvanece en segundos cuando la realidad me golpea con más fuerza que cualquier tapa de madera.
Estoy atrapada.
Dentro de un ataúd. Bajo tierra.

Mi respiración se acelera, se vuelve caótica. Intento controlarla, pero el pánico crece. Me cuesta respirar. No es por la falta de oxígeno... es por el exceso de dióxido de carbono. Estoy gastando el aire que tengo. Me estoy matando a mí misma con cada aliento desesperado.

Empiezo a golpear con los puños, con los pies, con cada parte de mi cuerpo.
—¡Derek! —grito con fuerza, desgarrándome la garganta—. ¡DEREK!

Sé que es una locura esperar que me escuche. Pero si alguien puede oírme, si alguien vendrá por mí... es él.

¡PUM!

Un estruendo sacude el ataúd y doy un respingo. El corazón se me detiene un segundo. Sin pensarlo, empujo la tapa con fuerza, y para mi sorpresa, cede.
La tierra cae sobre mí como una ola.
Me cubre, me llena la boca, los ojos, la ropa. Pero no me importa.
Me reincorporo como puedo, escupiendo tierra, jadeando con desesperación. Trago aire como si llevara horas sin respirar.

—Alex...

Su voz.
Dios, su voz.

Abro los ojos aún cegados por la claridad, y ahí está. Derek.
Sus ojos azules, rojos e hinchados por el llanto. Su rostro manchado de tierra. Su cabello revuelto. Sus labios se curvan en una sonrisa rota pero verdadera.
Y entonces, sonrío yo también.

Las lágrimas empiezan a brotar sin control, mientras lo miro. Mientras lo siento.
Sabía que vendrías. Sabía que no me dejarías, Derek.
Podremos tener mil errores, mil heridas, pero cuando todo se derrumba...
Siempre estás tú. Al final del túnel.

Nunca creí en cuentos de hadas.
Pero Derek...
Derek es mi caballero de brillante armadura.

Intento levantarme, pero mis piernas flaquean. Me desplomo de nuevo dentro de esta horrible caja de madera. Derek, sin pensarlo, estira el brazo hacia mí.
Sin dudarlo, aferro su mano como si fuera mi único ancla, y de un fuerte tirón me saca de ese agujero infernal.

Caigo sobre él, directamente contra su pecho.
Su corazón late con fuerza bajo mis pechos, desbocado, como si también hubiese regresado de entre los muertos.
Sus labios, entreabiertos y húmedos, me tientan con un deseo tan crudo como urgente. Quiero besarlo, beber de él, asegurarme de que esto no es un sueño.

Pero unos murmullos me devuelven a la realidad.
Levanto la mirada y veo los rostros de todos.
Todos vinieron a mi entierro.

—¡Sujétenlo! —ordeno con voz firme al ver a David retroceder con intención de huir.

Mis hombres reaccionan al instante, atrapándolo con fuerza. El murmullo crece, ahora más confundido, más cargado de tensión. Ulises me observa con los ojos como platos, incapaz de articular palabra.

Derek me ayuda a mantenerme en pie, sus manos firmes rodeando mi cintura. Me dejo sostener por él, mi mejilla apoyada en su hombro, sintiendo su calor, su fuerza, su olor...
A tierra, a sudor, a Derek.
Ese aroma que despierta en mí una tormenta de emociones que ni siquiera la muerte pudo apagar.

El dolor de cabeza me punza, pero lo ignoro. No me importa. Estoy viva. Estoy en sus brazos.

Todos se acercan a preguntarme cosas que no me molesto en escuchar. Solo existe él. Derek.
Su toque posesivo, su presencia abrumadora, me basta.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora