Capítulo 19

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Habían pasado un par de meses. Dos meses en los que, en ocasiones, David conseguía hacerme olvidar todo, hacerme sentir que, aunque las cicatrices seguían allí, podía seguir adelante. Leah nunca me preguntó sobre su padre, lo que me hacía pensar que tal vez él la veía en silencio, en algún rincón donde yo no estaba. Pero yo no lo había vuelto a ver. Desde entonces, todo había estado inusualmente en paz. No recibí más llamadas de Michelle. Parecía que... no sé, esa paz extraña me ponía nerviosa.

— ¿Estás lista, cielo? — dijo David desde la puerta de mi habitación, sacándome de mis pensamientos.

Era el día de la fiesta anual de Ulises. Siempre la organizaba en Londres, pero este año decidió traerla a Nueva York. Me vestí con un elegante vestido negro, ajustado a mi figura, que llegaba justo por encima de la rodilla. Era sencillo pero favorecedor, acentuando cada curva. Me solté el cabello y me maquillé ligeramente, lista para la noche.

— Sí, vámonos — respondí, sonriendo con suavidad.

David estaba de pie en la puerta, vestido con su impecable traje, siempre tan guapo, como si la perfección fuera su segundo nombre. Extendió su mano hacia mí, y con una sonrisa, la tomé. Tiró de mí, pegándome a su pecho, y no pude evitar que sus labios encontraran los míos en un suave beso.

— Creo que deberíamos irnos — le dije, separándome ligeramente cuando sentí su mano deslizarse peligrosamente por mi espalda, recorriendo cada centímetro de mi piel.

Bajamos al piso de abajo, donde Leah nos esperaba, radiante en su vestido negro. Su cabello estaba recogido en un moño perfecto que le daba un aire de niña adulta. Se veía preciosa, como siempre. Salimos a la calle, donde Mike nos esperaba junto al Mercedes negro. Decidí cambiar el SUV por este, quizás para sentirme un poco más distante de todo lo que había pasado, aunque no estaba segura de si eso realmente me ayudaría. Mike nos abrió la puerta, y los tres subimos al coche.

— ¿Qué tal en la escuela, Leah? — preguntó David, intentando iniciar una conversación con ella mientras el coche comenzaba a moverse.

Leah lo miró por un momento, se encogió de hombros y luego me abrazó por la cintura con fuerza, casi de manera posesiva. Siempre actuaba así cuando David estaba cerca, no entendía bien por qué. Se había vuelto mucho más celosa con el tiempo, y aunque David hacía el esfuerzo de no decirle nada, podía notar que le molestaba. Miré a David y le regalé una sonrisa, disculpándome con él por el comportamiento de mi hija. Él asintió sin decir nada, pero me pude dar cuenta de que, como siempre, se giró hacia la ventana, buscando refugio en el paisaje mientras trataba de ocultar la incomodidad que claramente sentía.

Al llegar, los periodistas no dejaban de sacar fotos, flashes iluminando todo a nuestro alrededor. Leah, con una rapidez que casi me sorprende, se deshace de mi agarre y sale corriendo hacia el interior de la mansión Gandy. David me coge de la cintura, impidiendo que la siga, pero sé que no corre peligro. Ulises está ahí, y sé lo mucho que quiere a mi hija. Me tranquilizo un poco con esa idea, aunque el nudo en mi estómago no desaparece por completo.

David me presenta a varias personas, conversamos, reímos, y en ningún momento suelta mi mano, lo cual agradezco. A veces me olvido de lo que significa sentirse realmente apoyada por alguien. Sé que David me quiere, pero aún hay tanto que no sé de él. Cada vez que le pregunto algo más personal, cambia de tema con una facilidad sorprendente. Y aunque eso no me molesta en realidad, no puedo evitar preguntarme qué guarda en su interior. A veces duerme conmigo, otras me visita en el trabajo trayéndome algo de comer o, cuando no puede, simplemente me manda flores. Son gestos pequeños, pero que se sienten grandes.

Todos los invitados nos dirigimos al jardín, donde hay un escenario con instrumentos y un piano. Supongo que habrá música en vivo. Cuando llegamos, mi mirada se cruza con la de él, y el mundo parece detenerse. Ahí está Derek, tan guapo como siempre, de cuclillas en el piso mientras habla con Leah. Ella le dice algo, y él se voltea hacia mí. Nuestros ojos se encuentran, y aunque no hay palabras, hay un peso en ese cruce de miradas que lo dice todo.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora