— ¿Cómo te sientes? —pregunta Yheyson mientras me saca sangre, su voz suave, pero llena de una preocupación que no puedo evitar notar.
— Enfadada, frustrada, el cáncer es una mierda... Espero no perder mi cabello, le tengo mucho cariño, ¿sabes? —respondo, forzando una sonrisa que ni yo misma me creo.
— Pensé que vendrías con Derek, no es bueno que pases por esto sola —dice, mientras retira la aguja de mi brazo y coloca un trozo de algodón con cuidado.
Hago una mueca, algo que refleja el malestar que siento, y aunque intento ocultarlo, no lo logro del todo.
— No vino porque no sabía que venía. Y además, no estoy sola, estás tú —le digo, intentando aligerar el momento, regalándole una sonrisa que sé que no será suficiente.
Él no me devuelve la sonrisa, solo se levanta en silencio, murmurando un "enseguida vuelvo" antes de alejarse. Supongo que va a ver qué tan avanzado está el cáncer. No puedo evitar pensar que debí haber previsto esto. A pesar de que Dylan me dijo que era poco probable, aquí estoy, enfrentándome a lo que ya sabía que podría pasar. No puedo culparlo, no es su culpa, son los malditos genes, esos que me traicionaron desde el principio.
— ¿De qué te ríes? —su voz me toma por sorpresa y doy un respingo al escucharla.
— Pensaba en mi padre —respondo, sin sorpresa alguna al verlo, sabiendo que seguramente el doctor Sullivan o su esposa le habrán contado lo que está pasando. — Mi padre debió haberme dicho esto: "Me estoy muriendo, pero mira el lado bueno, heredarás una fortuna... ah, por cierto, también te heredo el cáncer". — Hago una imitación forzada de su voz, tratando de recrear cómo sonaba, o al menos como lo recuerdo.
La amargura en mis palabras es evidente, pero ni yo misma sé si me río de verdad o solo intento aliviar un poco la presión.
En silencio, se sienta a mi lado, y, sin pensarlo, apoyo mi cabeza en su hombro. El contacto me da algo de consuelo, pero mi mente sigue atrapada en la carta de mi padre. Las palabras me atormentan, y aunque sé que la respuesta solo la tiene una persona, no estoy lista para enfrentarla. Ver a Elizabeth y confrontarla sobre eso me aterra, especialmente porque si resulta ser cierto, no sé cómo se lo diré a Stefany. Quizás lo mejor sea dejarlo estar, pero la duda sigue doliendo.
— Sabes... no tienes que estar aquí... es más, prefiero que no estés —murmuro, luchando por controlar mis emociones.
No quiero que me vea desmoronándome por la quimioterapia, ni que presencie la caída de mi cabello. No quiero que se convierta en blanco de mis cambios de humor y desesperación.
— Dylan ya me contó por qué te fuiste. En cierto sentido, te entiendo, pero no fue la mejor de tus ideas... —sus palabras salen de forma tranquila, como si llevase días pensando en esto—. Eres dueña de una de las mejores empresas de seguridad privada, pero no eres capaz de proteger a un solo hombre, y no es que necesite protección... Solo... todo eso me hace replantearme si de verdad llegaste a amarme tanto como afirman.
El aire se tensa entre nosotros, y aunque intento mantener la calma, sus palabras me golpean más de lo que esperaba. Quizás lo ha estado pensando durante más tiempo del que imaginaba.
Su voz no suena enojada ni reprochante, más bien tiene un tono pensativo, casi decepcionado.
— No quería arriesgarme... contigo no —respondo, mirando al frente, tratando de evitar que mis palabras suenen demasiado frías.
Pude haber asignado a varios de mis hombres para que lo protegieran, pero era arriesgado. Había lugares en los que no podía garantizar su seguridad, y no quería ponerlo en peligro. Al final, preferí quedarme al margen, aunque me doliera.
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El amor es....(ADDD)
De TodoDespués del intento de asesinato que casi le cuesta la vida, Derek logró sobrevivir... pero no salió ileso. Algo mucho más valioso que la sangre se derramó ese día: sus recuerdos. Las memorias que guardaban su historia con Alex, el amor de su vida...
