recuerdos

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No puedo dejarla ir. No voy a hacerlo.

Estos últimos tres meses, ha dormido cada noche conmigo, y desde entonces... las pesadillas se han ido. Es como si fuera mi atrapasueños personal. Su aroma, su calor junto a mí, son lo único que logra mantenerme en equilibrio. Ella es mi centro, mi ancla, la calma que necesito para no perderme.

— No puedes casarte con ella — dice Jhon, firme.

Pero no lo entiende. No es solo amor, es necesidad. Me he acostumbrado a tenerla a mi lado, a despertar con su cabello sobre mi almohada, a encontrar su perfume en cada rincón de mi casa. Me he hecho adicto a verla tocar el piano, a esas melodías tristes que llenan de significado el silencio. Me he acostumbrado a ella. A Alexia.

— Ese matrimonio no tendría ninguna validez legal. Ya estás casado — gruñe, molesto al ver que me encojo de hombros.

No me importa.

Alessandra fue solo una presencia circunstancial, una elección apresurada en el momento equivocado. Si hubiera conocido antes a Alex... no habría tenido dudas. La habría elegido a ella. Mil veces. Siempre a ella.

— Mira, no te estoy pidiendo permiso, solo encárgate de preparar todos los papeles — ordeno con firmeza antes de colgar.

No puedo seguir postergándolo. Me levanto de la silla decidido y salgo rumbo a la empresa de Alex. Hoy se lo voy a decir, le voy a pedir que se case conmigo... y esta vez no aceptaré un no. Estoy seguro de que si no lo hago ahora, si le doy espacio para ver cómo estoy realmente, terminará por alejarse. Pero si estamos casados, si ya es mía ante la ley, no podrá irse. No tan fácilmente.

Entro a su despacho ignorando por completo la mirada descarada de su secretaria. En serio, esa mujer necesita aprender lo que significa la palabra "profesionalismo".

Al abrir la puerta, me sorprende ver a un hombre de traje oscuro, de espaldas a mí. Antes de decir algo, Alex alza un dedo pidiéndome un minuto. Asiento, pero no salgo. No pienso irme sin saber quién es él.

— Por favor, no me despida — suplica el hombre, con la voz rota —. No volverá a pasar, tengo una esposa... y una hija a la que mantener.

Mi ceño se frunce de inmediato. ¿Qué demonios pasó aquí?

Al parecer es uno de sus empleados. No sé qué hizo mal ni me interesa. Con la información que acaba de soltar —una esposa, una hija— dudo mucho que Alex realmente lo despida. Tiene un corazón demasiado noble, es mejor de lo que merezco... pero aun así, no voy a renunciar a ella. Soy demasiado egoísta como para dejarla ir.

— Ese no es mi problema. Deberías haberlo pensado antes de romper la primera norma — dice ella con una frialdad sorprendente, como si no le importara en absoluto dejar a una familia sin sustento.

Me cuesta creerlo. Conociéndola, debe estar fingiendo frente a mí, intentando parecer más dura de lo que realmente es. Sí, seguro que más tarde lo llama para ofrecerle otra oportunidad. La conozco demasiado bien.

El hombre asiente con resignación y se da la vuelta. Diría que tiene más o menos la edad de Alex. Sus ojos brillan como si estuviera al borde de las lágrimas. Baja la cabeza, evitando cruzar miradas conmigo, y se va.

Yo, en cambio, me acerco a ella, decidido a no distraerme más del motivo por el que vine.

— Hola — me saluda con una sonrisa que siempre logra desarmarme, como si no llevara el mundo sobre los hombros.

Esa sonrisa que no me canso de ver ilumina su rostro. Rodea el escritorio con paso decidido hasta quedar frente a mí, envuelve mi cuello con sus brazos y deposita un beso suave en la comisura de mis labios. Luego se sienta sobre el escritorio con esa naturalidad que solo ella tiene, me sujeta de la chaqueta con ambas manos y tira de mí, acomodándome entre sus piernas largas y perfectas. Esta mujer es fuego, pasión pura, y eso es algo que nunca dejará de fascinarme. Pero esta vez no vine a dejarme arrastrar por eso. Necesito decírselo ahora. La ceremonia es esta noche, no hay marcha atrás.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora