No podía apartar la vista de esas dos malditas rayitas rojas. Camino de un lado a otro del baño mientras el test reposa sobre el lavamanos. En realidad no es uno, son cinco. Todos muestran lo mismo. No tengo idea de cómo logré orinar tanto, pero supongo que los cinco litros de agua que tomé hace media hora hicieron su trabajo.
—Alex, llevas más de media hora ahí dentro. ¿Estás bien? —la voz de Derek, preocupada, llega acompañada de un golpecito suave en la puerta.
Doy un brinco, sobresaltada. Rápidamente escondo los test positivos en el primer cajón del tocador, me miro al espejo, retoco el maquillaje, aliso mi camisa blanca y acomodo mi falda negra de tubo. Me calzo los tacones que había dejado a un lado, respiro hondo y abro la puerta con una sonrisa forzada.
—Estoy perfectamente —respondo, fingiendo tranquilidad.
Derek frunce el ceño. Vale... tal vez no soné tan convincente como creía. Evito su mirada inquisitiva, le doy un beso rápido en los labios y huyo cobardemente hacia la cocina, donde nuestra hija desayuna sin preocuparse por el caos que llevo dentro.
—Es hora de irnos —anuncia Derek, entrando tras de mí.
Estiro la mano hacia mi hija, que me mira con esa sonrisa capaz de desarmarme en un segundo. Reprimo las náuseas que me provoca el olor del desayuno que Theo preparó: tortilla francesa, café y chocolate. No es que no me guste, pero ahora mismo mi estómago no lo tolera.
El trayecto al colegio de Leah se sintió más largo de lo habitual. Derek no dijo nada, pero su mirada hablaba por él. Sabía que ocultaba algo. Leah, por su parte, no podía estar más feliz. Finalmente tenía lo que siempre había deseado: a sus padres juntos. Yo fingía ignorancia ante las miradas inquisitivas de Derek, esquivando su atención como podía.
Apenas el coche se detuvo, aproveché para ofrecerme a acompañar a Leah hasta la entrada del colegio. Salí tan rápido que Derek ni siquiera tuvo tiempo de replicar.
Pasé unos minutos hablando con Colin, el amiguito de Leah. Ese niño va a ser un rompecorazones, lo supe desde que me clavó su intensa mirada y me habló con una educación que no parecía propia de su edad. Para ganar más tiempo, le hice preguntas absurdas a la maestra, cualquier cosa que me permitiera respirar un poco más antes de enfrentar lo que sé que viene.
Al volver al SUV, Derek me espera con los brazos cruzados y una ceja enarcada. Con el dedo índice golpea su Rolex, marcando el ritmo de mi tardanza. Me deslizo dentro del coche y me acurruco a su lado, como si nada pasara. Con la punta de mi nariz trazo pequeños círculos sobre su cuello, sintiendo cómo su respiración se vuelve más pesada. Mi mano se posa sobre su pierna y comienza a ascender lentamente, disfrutando del ligero temblor de sus músculos.
Justo antes de llegar a su erección, Derek me detiene sujetándome de la muñeca con firmeza, sin brusquedad, pero con decisión.
— No intentes distraerme con sexo, Alex —dice con una sonrisa socarrona—. Ahora dime qué es lo que estás ocultando.
Le regalo mi mejor sonrisa de ángel, esa que sé que lo desconcierta por un segundo. Pienso cuidadosamente mis palabras. Sé que no reaccionará como la primera vez. Ahora ha demostrado que está listo para ser padre... y no solo eso, es un padre maravilloso.
— Técnicamente estoy embarazada —le digo, observando con atención cada microexpresión de su rostro—. Obviamente es tuyo —aclaro enseguida, ya que parecía sospecharlo, pero no estaba del todo seguro de quién era el padre.
Su mirada se clava en la mía. Por un momento me preparo para una reacción negativa, temiendo que me acuse de mentir, pero no lo hace. En lugar de eso, sus labios se curvan en una sonrisa tan radiante que me deja sin aliento. Acerca su rostro al mío, y cierro los ojos anticipando el roce de sus labios... pero nunca llega.
ESTÁS LEYENDO
El amor es....(ADDD)
De TodoDespués del intento de asesinato que casi le cuesta la vida, Derek logró sobrevivir... pero no salió ileso. Algo mucho más valioso que la sangre se derramó ese día: sus recuerdos. Las memorias que guardaban su historia con Alex, el amor de su vida...
