Capítulo 3

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Mientras Mike juega con Leah en el penthouse, aprovechando cada segundo para arrancarle una risa, yo me encierro en mi habitación con el teléfono en la mano, el corazón latiéndome en los oídos. Aprieto el móvil con fuerza y marco ese número que conozco de memoria. Uno que he evitado durante años, por miedo a lo que significaría marcarlo de nuevo.

—Leo, necesito tu ayuda —digo apenas contesta, sin darle tiempo siquiera a respirar, mucho menos a soltar su habitual y molesto "hola amor".

—Por ti, lo que sea —responde de inmediato, con un tono tan serio que me eriza la piel.

No hay bromas. No hay risas. Supongo que la desesperación se nota en mi voz, y Leo, que me conoce mejor que nadie, lo entiende al instante. Respiro hondo antes de soltar la bomba.

—Necesito que vengas a Nueva York lo antes posible... necesito un padre para mi hija.

Silencio. Un segundo. Dos. Tres.

Y entonces suelta una carcajada suave, cargada de esa confianza despreocupada tan suya que de alguna forma logra calmarme.

—Sabía que me necesitarías, Alex —dice con una seguridad que me hace sonreír, por primera vez en todo el día.

—Estoy en el aeropuerto de Nueva York. En media hora llego a tu casa.

Cuelgo con una sonrisa leve en los labios. No sé si es una buena idea. No sé si va a funcionar. Pero por primera vez desde que Derek apareció de nuevo en mi vida, siento que tengo una carta bajo la manga.

Y esta vez... la voy a jugar a mi manera.

Tal como prometió, media hora después el portero me avisa que hay un hombre preguntando por mí. Me sorprende la rapidez, considerando que del aeropuerto a mi edificio hay más de media hora de trayecto. Le digo que lo deje subir, convencida de que es Leo.

Le pedí a Mike que llevara a Leah al parque. Necesito hablar sin interrupciones, y con mi hija cerca, eso es casi imposible. Me coloco frente al ascensor privado, cruzando los brazos con nerviosismo mientras observo el marcador descender piso a piso.

Las puertas se abren con un suave "ding", pero en lugar del rostro relajado y bromista de Leo, me encuentro con los ojos intensos de Derek. Viste una camiseta gris ceñida, vaqueros y zapatillas. Luce casual... pero su mirada está todo menos tranquila.

—Te conozco —dice, dando un paso hacia mí.

Instintivamente retrocedo hasta que mi espalda choca contra el borde del sofá. Él sonríe apenas, disfrutando de la manera en que me acorrala, como si fuera un juego al que ya sabe las reglas. Su proximidad es abrumadora, y cuando finalmente se detiene, está tan cerca que puedo sentir el calor que emana de su cuerpo.

Inhala profundamente, como si intentara absorberme a través del aire.

—¿Quién eres? —murmura, apoyando su frente contra la mía con una intimidad que me rompe.

Mi mente grita que lo aparte, que lo empuje, que le cierre la puerta en la cara y lo saque de mi vida antes de que destruya lo poco que me queda. Pero mi cuerpo se niega a reaccionar. Su aroma me envuelve, su cercanía me desarma. Me odio por ello.

—Alexia Hunter... ¿qué eres para mí? —pregunta con los ojos cerrados, su voz cargada de confusión y algo más profundo... algo que me duele.

Me toma el rostro entre sus manos, con una delicadeza que contrasta con la tormenta que despierta en mi interior. Su tacto lanza descargas eléctricas por toda mi piel, erizándola al instante. El corazón me late tan fuerte que estoy segura de que incluso él puede oírlo, sentirlo, absorberlo.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora