Capítulo 9

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No sé de dónde saqué la valentía para decidir empezar con ese tratamiento ni para decírselo a Derek. Supongo que algo en mí finalmente se quebró y me impulsó a dar el paso, aunque me aterra. Ahora, me encuentro de pie frente a su edificio, con las manos metidas en los bolsillos de mi saco gris, tratando de calmar los nervios que me azotan. Subo en el ascensor, sintiendo que cada segundo que pasa me acerca más a lo inevitable. Al llegar al piso de su oficina, me planto frente al escritorio de Lola, quien me recibe con una sonrisa cordial.

— Derek está ocupado, pero no tardará en desocuparse — me informa con tono amable, como si ya supiera a qué he venido.

— Está bien, esperaré — respondo con calma, aunque mi interior está lleno de dudas. No quiero interrumpir nada, pero sé que este momento debe suceder.

Me acomodo en la sala de espera, tratando de no parecer nerviosa, pero mis pensamientos siguen dando vueltas, inquietos. El tiempo parece alargarse interminablemente, y la espera se hace más pesada con cada minuto.

— Lola, llama a... — la voz de Derek resuena desde el pasillo, pero se interrumpe en el mismo instante en que me ve. Sus ojos se fijan en mí, y por un momento, parece que se detiene el tiempo. Me observa de arriba abajo, y aunque en un fugaz instante parece sorprendido, rápidamente recobra su compostura y se convierte nuevamente en ese hombre frío y calculador que conozco tan bien.

Con un movimiento casi imperceptible de cabeza, me ordena que pase. Tomo aire con fuerza, tratando de despejar mi mente de todas las dudas que me invaden, y entro en su oficina. Camino hacia el centro del despacho, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda. La puerta se cierra detrás de mí con un sonido sordo que hace eco en la habitación.

Derek se acerca, y en cuanto lo hace, se detiene a escasos centímetros de mí. El aire entre nosotros parece cargarse de electricidad, una tensión palpable que nunca ha desaparecido entre nosotros. Me mira fijamente, como si estuviera buscando algo en mis ojos, algo que no puedo ofrecerle en este momento.

— Recuerdo el día en que nos conocimos... — dice con voz baja, apenas un susurro. — Recuerdo que, en las horas que me obligaste a subir a esos juegos en el parque, yo no paraba de pensar en cómo sería besarte.

Sus palabras caen sobre mí como un peso, pero no me sorprenden. Siempre ha tenido esa habilidad para hacerme sentir como si el tiempo no hubiera pasado, como si estuviéramos allí, en ese parque, en ese momento. Sin embargo, este momento es diferente. Yo ya no soy la misma, y él tampoco lo es.

Con el dedo pulgar, acaricia mi labio inferior, y con la otra mano, me toma del cabello, tirando con suavidad, forzándome a inclinar la cabeza hacia atrás. Sus ojos, llenos de deseo, están tan intensos que parecen quemar. Siento cómo su mano baja hacia mi cintura, arrastrándome hacia él, acortando el ya escaso espacio que nos separaba. Se relame el labio con una sonrisa tentadora, y pega su frente contra la mía. Cierro los ojos, dejándome envolver por su cercanía, por la calidez de su cuerpo que invade mis sentidos.

— Cobarde... — susurra, su voz cargada de algo que no sé si es rabia o dolor. — Así te defino. Por irte sin tener el coraje de decir "adiós". Por creer que no me importó. Por llevarte mi esencia. Cobarde, por dejarme sin tu amor, ese que juraste darme.

Sus palabras me golpean como una ráfaga de viento helado. No tengo idea de cómo reaccionar. Está claro que aún guarda rencor por mi partida, por no haberle dado una despedida, por no haberle dejado las palabras que tanto necesitaba oír. Me pesa ver cómo aún sigue atado a esa versión de lo que fue, a esa idea de que el amor era algo que ambos compartíamos y que, al irme, lo destruí sin miramientos.

La verdad, sigo sin entender por qué me fui sin decirle ni siquiera un "adiós". No era algo que me hubiera planteado en ese momento. Mi mente estaba llena de dudas y miedo, y despedirme no parecía una opción, o al menos no una opción que pudiera soportar. ¿Qué hubiera cambiado si le hubiera dicho adiós? ¿Habría cambiado algo? ¿O simplemente habría hecho más dolorosa una separación que, por alguna razón, sentí que era necesaria?

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora