Capítulo 21

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Estoy agotada. Literalmente. Organizar una fiesta es mucho más abrumador de lo que recordaba. Por suerte, David me despertó con el desayuno ya listo y luego se fue. No me dijo a dónde, y francamente no tengo cabeza para pensar en eso ahora. Imagino que Leah aún estará con su padre; después de todo, es sábado. Mi cabeza late con un zumbido sordo, como si en cualquier momento fuera a explotar.

—Señorita Hunter, hay un hombre que quiere hablar con usted —me informa Leidy, mi secretaria.

Bajo del escenario de un salto y la sigo fuera del local. Todo está listo, solo me queda ir a casa, darme una ducha y vestirme más acorde para la ocasión.

No me sorprende verlo. Derek está ahí, de pie, con esa expresión intensa que me desarma sin querer. Cuando me ve, se acerca a grandes zancadas y sin decir palabra acuna mi rostro entre sus manos. Me mira, escudriñando mis ojos, buscando... algo. No sé qué.

—¿Estás bien? ¿No te hizo nada?

Frunzo el ceño y aparto sus manos de mi cara. No porque me moleste su contacto... sino porque su toque me recuerda que no puedo tenerlo. Y, peor aún, me obliga a escuchar en mi cabeza las palabras de David: Derek no te ama.

—¿Qué haces aquí?... La fiesta no empieza hasta dentro de dos horas —le digo mientras camino hacia mi BMW, sin mirarlo.

—Aléjate de David, Alex.

Me detengo en seco, giro lentamente hacia él con una ceja alzada. ¿En serio acaba de decir eso? Me cuesta creer hasta qué punto puede llegar la hipocresía humana.

—No puedes decirme que me aleje de él cuando fuiste tú quien me lanzó a sus brazos —espeto, furiosa.

—Creí que era un buen tipo, pero me equivoqué. Él no es lo que aparenta —responde, dando un paso hacia mí.

Suelto una carcajada amarga, cargada de escepticismo. No sé por qué esperaba algo diferente esta vez. Es como si la historia se repitiera en bucle: él me deja, yo intento seguir adelante y, justo cuando parece que lo estoy logrando, vuelve. Siempre vuelve. No porque me ame, sino porque no soporta verme con alguien más. Como esos niños que tiran sus juguetes al suelo, pero no permiten que otro los toque.

—¿Sabes qué? Estoy cansada. Me duele la cabeza y no tengo ganas de hablar de esto ahora —le digo con voz apagada.

—¡Pero no lo entiendes...!

—¡El único que no entiende nada eres tú! —le grito, incapaz de contenerme—. Primero me dices que sea feliz con David, me dejas tirada en un hospital, lo llamas a él para que venga por mí. ¡Desapareces durante dos meses como si la tierra te hubiese tragado! No supe absolutamente nada de ti, y ahora apareces con el discurso de que David no es quien aparenta ser... ¿De verdad estás escuchándote? Estás completamente fuera de lugar.

Me llevo una mano a la sien cuando un pinchazo agudo me cruza la cabeza. Esta jaqueca me va a volver loca. Busco apoyo en el coche más cercano mientras cierro los ojos, intentando controlar la náusea.

Entonces lo siento.

—Me cantaste esa canción, Alex. No puedes olvidarme, igual que yo no puedo olvidarte —dice en voz baja, acariciando mi brazo con un roce apenas perceptible. Maldita sea... mi piel se eriza con ese simple gesto.

—Siente cómo late tu corazón con solo estar cerca de mí —susurra, apoyando la mano justo sobre mi pecho. Y sí... mi corazón está fuera de control, traicionándome sin pudor.

—Tus pupilas se dilatan, tu respiración cambia... —su voz se vuelve un murmullo pegado a mis labios—. Deseas que te dé ese placer que solo yo puedo darte. Eres mía, Alex... siempre lo fuiste. Y lo sabes.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora