Capítulo 6

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Abro los ojos lentamente, desorientada. Una luz blanca y cegadora me obliga a cubrirme el rostro con el dorso del brazo. Parpadeo varias veces, intentando que mi vista se acostumbre al resplandor. Todo es blanco. El techo, las sábanas, las paredes... y ese olor inconfundible a medicamentos y desinfectante me lo confirma: estoy en un hospital.

¿Pero cómo llegué aquí?

Miro mi mano y descubro que está vendada. Retiro la sábana de un tirón y me incorporo con brusquedad, bajando de la cama de un salto. Error. Un mareo me golpea con fuerza y me obliga a cerrar los ojos, apoyando una mano en la baranda de la cama para no caer. Respiro hondo, intentando estabilizarme. Cuando por fin vuelvo a abrir los ojos, me encuentro con una figura en la puerta.

Stefany.

Tiene los ojos llenos de lágrimas, y antes de que pueda decir una sola palabra, cruza la habitación en un par de zancadas y me envuelve en un abrazo demasiado fuerte para mi gusto. Me quedo rígida, sin saber cómo reaccionar, hasta que con delicadeza la aparto, necesitaba ese contacto... pero más que eso, necesito respuestas.

—¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí? —pregunto con la voz apenas un susurro, temiendo lo que pueda decirme.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta Stefany, dejando caer las lágrimas sin control.

La miro confusa, sin entender a qué se refiere.

—Tuve que contárselo —responde la voz de Dylan, logrando captar toda mi atención. Le contó. Genial, los hombres nunca pueden guardar un maldito secreto.

—Te encontré inconsciente en tu desordenado despacho, me asusté —confiesa, la preocupación evidente en su tono—. ¿Por qué no me dijiste lo de tu...?

—Porque no quería, además no se puede hacer nada al respecto —mascullo, molesta por la intromisión.

—Claro que sí, aún estás a tiempo —dice, convencida de que todo tiene solución.

Niego con la cabeza, frustrada. Me pongo mis tacones, al menos no me han quitado la ropa. Salgo de la habitación con decisión, pero al dar un paso me choco con un torso firme. El familiar olor a Derek inunda mis fosas nasales.

¿Qué hace él aquí?

Con el corazón latiendo con fuerza y un nudo en el estómago, alzo la vista con cierto temor, esperando ver esa mirada cargada de pena que me ha estado acosando últimamente. Sin embargo, me encuentro solo con preocupación en sus ojos. Aunque eso no significa que Dylan no se lo haya contado. La sola idea me hace tensarme por completo. Doy un paso atrás, sintiendo una presión en el pecho.

— ¿Estás bien? —pregunta Derek, acunando mi rostro con delicadeza. —¿Qué tiene, qué va mal con ella? —añade, mirando a Dylan con preocupación.

La verdad es que no entiendo por qué se preocupa por mí. Es cierto que estamos casados, pero él no me conoce realmente.

— No me corresponde a mí decírtelo —responde Dylan, con tono neutral.

Suelto un suspiro de alivio, al menos eso lo tengo claro. Rodeo a Derek y empiezo a caminar hacia el ascensor. Puedo sentir sus pasos tras de mí, pero no dice nada. No sé quién lo llamó para que viniera, y francamente, no me interesa. Mientras esperamos, Yheyson se acerca, y no tengo escapatoria. Lo peor de todo es que Derek está justo a mi lado.

— Alex... acabo de enterarme de que te desmayaste, esto no puede seguir así, tienes que...

— Lo sé, descansar, lo haré, ¿vale? No te preocupes —lo corto antes de que termine la frase.

El amor es....(ADDD)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora