-Puedes respirar, nadie se va a morir- Adolfo golpeaba su espalda sintiendo la tensión alrededor de su persona- Lo siento, mala broma- levanto ambas manos al verlo molesto
-¿Que le paso?-
- Te lo dije, necesita descansar, su peso está por debajo de lo ideal y ya la viste, supongo que paso frío y hambre y....- Vicente se levantó molesto- aunque no lo diga seguramente siente mucho dolor, eso es obvio, cuídala... El despacho es helado por las noches, estamos en otoño, lleva un cabestrillo, el simple hecho de asearse debe ser realmente incomodo, lo sabes, no puedes mirarla y pensar que realmente puede arreglárselas sola-
-Ella no me dijo nada-
-No te dirá nada, se la pasa disculpándose, siente que es una molestia... Mira ella es una buena chica, le diré a Sara que venga algunas veces para que no te fastidies, pero se bueno... Está claro que nadie se preocupa por ella-
-¿Porque tendría que hacerlo yo?-
-Porque eres un buen tipo y sabes reconocer a una pobre alma en desgracia. Y además tú fuiste quien decidió que se quedara- Adolfo también se contenía para no meterle un golpe a puño directo limpio al intento de hombre que era su primo en este momento
-¿Que más podría hacer? Ni modo que dejara que los duendes la perdieran en el monte- y la risa de Adolfo sonó en eco en toda la casa
No era mentira para nadie que desde que María murió el mundo le fue complicado, el dolor lo ahogo y cuando le llegó la resignación se centró en alejarse de toda aquella persona que pudiera hacerla sentir cualquier cosa. Siempre mantenía esa distancia prudente con todos, sus relaciones no duraban y, a decir verdad, ni si quiera podría llamarlas así. Por ello entendía que tener a una hermosa chica en desgracia en su casa debía ser un reto para su persona.
-Solo mantenla viva ¿quieres?- y mirándolo dar un largo suspiro Adolfo se fue esperando lo mejor de él
Esa noche Vicente cuido de ella, la fiebre subía y bajaba y ella hablaba sin sentido.
"Perdón, no lo haré de nuevo"
"Por favor... Déjame salir..."
"Papá, por favor..."
"Ayúdenme..."
Cada súplica que salía de su boca se le pegaba en el pecho como si fuera una tachuela hiriente.
¿Qué clase de monstruo era su marido?, él jamás se atrevería a tocar a una mujer, pero en su experiencia a los hombres pequeños se les hacía muy fácil levantar la mano cuando de una mujer superior a ellos se trataba.
Ella no pudo hacer nada lo suficientemente malo para estar así y por primera vez desde que la recibió se dio cuenta de que quizá ella se sentía igual que él, era joven y muy bonita, ¿Porque querría estar en casa de un completo extraño? Seguramente sintió dolor o necesito ayuda y casi podía verla llorando en silencio para no molestar. No era el único que intentaba cuidar su corazón, quizá ella también lo hacía, no quería causar nada en nadie... ni si quiera molestias, porque en su experiencia, ser notada era doloroso.
Al darse cuenta de ello se presionó la frente con ambas manos, ¿Cómo fue tan idiota?, si, él no quería que estuviera ahí, pero no fue algo que ella eligiera, nadie la dejo decidir.
Por la mañana la fiebre ya había pasado, Camila abrió los ojos sintiéndose mil veces más cómoda que los días pasados, la ropa de cama olía a madera, giro con esfuerzo la mirada, ese no era el despacho, no...
Y entonces lo vio, en el fondo de la habitación acostado sobre un sofá aún con el plástico, parecía que durmió ahí toda la noche, a su lado estaban algunas medicinas, suero, comida...
-Tonta Camila- se recriminó en vos baja intentando enderezarse- Ya estás dando problemas Camila- continúo recriminándose sintiendo la vejiga llena, cómo pudo bajo de la cama, pero apenas puso los pies en el suelo todo a su alrededor se volvió oscuro.
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Las Cumbres
Teen Fiction"Una vez que encuentras al amor de tu vida, lo demás va en declive" esa era la frase que durante años definió los pasos de Vicente, jamás pensó volver a sentir amor, muchos menos a mirar a alguien y que se le acelerara el corazón... o al menos así f...
