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El primer rayo de sol atravesó las cortinas de la habitación de Taehyung, bañando su rostro con una luz suave. Se movió lentamente entre las sábanas, disfrutando de los últimos vestigios de sueño hasta que notó algo que lo hizo abrir los ojos de golpe: estaba solo. El otro lado de la cama estaba vacío. Una sensación de vacío y desconcierto lo llenó mientras se incorporaba rápidamente, tratando de entender qué había sucedido. Recordaba claramente haber estado con Jimin la noche anterior, buscó su celular en la mesita para enviarle un mensaje, pero algo más capturó su atención: una notificación de un número desconocido.

Sintió un escalofrío, pero, con el pulso acelerado, abrió el mensaje. Sus ojos recorrieron cada palabra, y el temor en su rostro se hizo evidente.

> “Pronto estaré ahí contigo, pase lo que pase, cueste lo que cueste. Que Jimin te haya tocado me ha enfurecido demasiado, pero lo dejaré pasar por esta vez; que disfrute por el momento. Tu cuerpo muy pronto solo reaccionará al mío. Serás únicamente mío, querido Taehyungnie.”

Las palabras resonaban en su mente como una sentencia. Una mezcla de pánico e impotencia se apoderó de él. Sus manos temblaban, sus pensamientos iban a mil por hora. Sentía que no tenía escapatoria. Sin pensarlo mucho, comenzó a escribir con furia y desesperación, respondiendo al número desconocido.

> “Si no me dejas en paz, voy a denunciarte.”

Con un impulso rápido, bloqueó el número y dejó el teléfono sobre la cama, pero las lágrimas ya no pudieron detenerse. La presión y el miedo acumulados durante días encontraron una salida en forma de sollozos. Estaba agotado de vivir bajo esa sombra de terror, sin saber quién lo vigilaba ni hasta dónde podía llegar esa obsesión.

Fue entonces cuando escuchó el sonido de la puerta abriéndose. Rápidamente intentó secarse las lágrimas, pero era evidente que había estado llorando.

—Hola, mi amor —la voz de Jimin rompió el silencio, cargada de ternura y preocupación. Traía una bandeja de desayuno y una sonrisa en el rostro—. Te traje el desayuno. ¿Cómo estás? ¿Qué tienes?

Al ver las lágrimas en los ojos de Taehyung, el rostro de Jimin se tornó serio y dejó la bandeja en la mesa de noche. Se acercó, rodeándolo con sus brazos.

—¿Por qué lloras, Tae? —preguntó, acariciando suavemente su cabello—. ¿Qué sucede?

Taehyung tragó saliva, sintiendo que el peso de su secreto se hacía insoportable. Pero no quería preocuparlo, no quería arrastrarlo a ese oscuro laberinto de amenazas que lo perseguía.

—Es… solo el estrés de la universidad —mintió, tratando de sonar convincente—. Las cosas están difíciles, y… extraño mucho a mi abuelita.

La excusa era simple, pero a Jimin le bastó para tomarlo entre sus brazos y consolarlo. Sus manos recorrían el cabello de Taehyung mientras le susurraba palabras tranquilizadoras, como si ese abrazo pudiera ser un escudo contra el miedo que lo acechaba.

—Amor, sabes que siempre estaré aquí para ti —le dijo, con voz suave—. No estás solo. Todo estará bien.

Taehyung se dejó envolver en los brazos de Jimin, encontrando un consuelo temporal en su calor. Pasaron varios minutos así, en silencio, reconfortándose el uno al otro. Sin embargo, la paz se desmoronó cuando Jimin se levantó para ir al baño, y el teléfono de Taehyung vibró de nuevo.

Un nuevo mensaje de un número desconocido. Su corazón latía con fuerza y, temblando, decidió responder la llamada.

—¡Déjame en paz! —gritó con la voz quebrada—. ¡Deja de enviarme mensajes! Si vuelves a hacerlo, voy a denunciarte a la policía.

Only mine Donde viven las historias. Descúbrelo ahora