Inicios de Invierno
-Noviembre del 2001-
"Y justo cuando pensaba que todo estaba perdido, apareciste tú, transformando el caos en un nuevo comienzo."
L
a nieve blanca caía en una tranquila noche estrellada en Seúl, cubriendo con su manto helado cada rincón de la ciudad. Las calles estaban iluminadas con un resplandor cálido, adornadas con luces parpadeantes y decoraciones festivas. Las risas de los niños resonaban en el aire, mezclándose con el suave crujir de la nieve bajo sus botas. Era una noche mágica para todos, una noche donde la alegría parecía envolver a cada persona en la ciudad. Todos eran felices... excepto uno.
En una pequeña habitación oscura, lejos del bullicio y las risas, un niño de cabello castaño largo y desordenado se acurrucaba junto a la puerta de su cuarto. Sus rodillas estaban dobladas contra su pecho, mientras abrazaba sus piernas con fuerza. Su carita, adornada por grandes ojos cafés brillosos, estaba bañada en lágrimas. Pero no eran lágrimas de felicidad. Sus ojitos reflejaban tristeza, soledad, y un dolor que ningún niño debería sentir a su edad.
Mientras observaba por la ventana, viendo cómo la nieve caía suavemente, su corazón se encogía de tristeza. Las luces que decoraban las calles parecían burlarse de él, recordándole lo lejos que estaba de la felicidad que los demás niños disfrutaban. Afuera, las familias estaban juntas, los niños reían, pero él estaba solo, atrapado en una casa que no sentía como un hogar.
Con su voz suave y quebrada, el pequeño murmuró al aire:
-Quisiera estar con mi mamá... Quizá si estuviera con ella, en las estrellas, ya no me dolería tanto el corazón.
Miró hacia el cielo y, justo en ese momento, una estrella fugaz cruzó el firmamento. Cerró sus ojos con fuerza y, con su manito temblorosa, hizo un deseo:
-Por favor, mamá... Quiero estar contigo.
El silencio de la habitación fue interrumpido por un suave toc-toc que provenía de la ventana. El niño castaño abrió lentamente sus ojos, sobresaltado, y miró hacia el cristal. Afuera, bajo el manto de nieve, un pequeño niño de cabello negro azabache y mejillas rojizas lo miraba con curiosidad. Tenía los ojos grandes y brillantes, llenos de ternura, y estaba cubierto por una chaqueta abrigadora que lo hacía parecer más pequeño de lo que era.
El castaño parpadeó, confundido. Nadie se había acercado a él antes. ¿Quién era ese niño? El pelinegro levantó su mano y tocó la ventana suavemente otra vez, esta vez más insistente. Toc-toc.
El niño castaño dudó, pero finalmente usó sus manitas para secar las lágrimas que aún caían por sus mejillas. Con pasos tímidos, se acercó a la ventana. Al llegar, el pelinegro lo saludó con una sonrisa amplia y cálida, mostrando sus pequeños dientes blancos mientras arrugaba sus ojitos. El gesto era tan puro y genuino que algo dentro del niño castaño comenzó a derretirse, como si aquella sonrisa lograra calentar su corazón congelado.
Con su manito temblorosa, el niño castaño levantó un brazo y movió su mano de un lado a otro en un saludo tímido. Era pequeño, apenas perceptible, pero suficiente para el pelinegro, quien respondió con entusiasmo. Luego, se inclinó hacia la ventana y sopló con cuidado, haciendo que una parte del cristal se empañara. Con un dedo, dibujó un pequeño corazón y una carita feliz al lado.
El castaño lo miró, sus ojitos cafés abriéndose con sorpresa y una chispa de alegría. No podía evitarlo; sus labios, que antes solo habían conocido el temblor de la tristeza, se curvaron lentamente en una sonrisa. Era pequeña, tímida, pero genuina.
ESTÁS LEYENDO
Only mine
Fiksi PenggemarA sus 20 años, Taehyung vivía la vida perfecta: universidad, el novio ideal, y una carrera en la que brillaba. Pero todo eso cambiará cuando un peligroso mafioso se obsesione con él, reclamándolo como suyo. La tranquilidad de su vida se romperá, y é...
