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El primer rastro de conciencia que Jimin sintió fue el dolor. Un dolor agudo, punzante, que recorría su costado como una quemadura abierta. Intentó moverse, pero su cuerpo protestó con una oleada de sufrimiento que lo obligó a soltar un quejido ahogado.

Cuando logró entreabrir los ojos, lo primero que vio fue un techo blanco con luces demasiado brillantes. El aire olía a desinfectante, y el sonido distante de un monitor cardíaco confirmaba lo obvio: estaba en un hospital.

Su mente tardó en recordar lo último que había pasado. La mansión. Taehyung. Jungkook. El golpe contra el suelo. La sangre. Sus manos temblorosas intentaron moverse hasta su costado vendado, pero antes de que pudiera tocarse, una voz profunda lo hizo detenerse en seco.

—Ya despertaste

Un escalofrío recorrió su espalda. Giró lentamente la cabeza y ahí estaba él. Min Yoongi, sentado cómodamente en un sillón al lado de la cama, con su sonrisa felina curvando sus labios.

Jimin sintió su cuerpo tensarse.

—¿Qué demonios haces aquí? —su voz salió rasposa, debilitada por el dolor.

Yoongi se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando un codo en su rodilla mientras lo miraba con burla.

—Esa no es la forma de agradecerme por salvarte.

Jimin apretó los dientes. Su último recuerdo antes de desmayarse era Yoongi acercándose a él, con esa sonrisa depredadora.

—No te pedí que lo hicieras.

Yoongi soltó una leve risa. Luego, con calma exasperante, se puso de pie y se acercó a la mesa donde había un vaso de agua.

—No, pero no me gusta que se te acabe la diversión tan rápido.

Se lo extendió. Jimin dudó en tomarlo, pero su garganta ardía. A regañadientes, aceptó el vaso y bebió un sorbo, sin apartar la mirada de Yoongi.

—¿Por qué lo hiciste? —soltó al final.

Yoongi ladeó la cabeza, fingiendo pensarlo.

—Porque me gusta verte respirar... por ahora.

Jimin sintió un escalofrío de puro rechazo. Quiso lanzar el vaso, pero su cuerpo no tenía fuerzas ni para eso.

—Maldito enfermo.

Yoongi sonrió aún más, mostrando sus encías.

—Gracias, eso es lo más bonito que me han dicho hoy.

Pero antes de que Jimin pudiera responderle, Yoongi ladeó la cabeza con diversión, como si sintiera algo en el aire.

—Ya los vi —dijo en voz alta, sin apartar la vista de Jimin—. ¿Por qué no pasan?

Jimin frunció el ceño confundido, pero entonces escuchó un movimiento leve en la puerta.

Giró la cabeza con esfuerzo y su pecho se apretó al ver a Jin y Namjoon en la entrada, sus rostros tensos, sus miradas clavadas en Yoongi con evidente incomodidad.

Ellos lo habían visto. Habían visto cómo Yoongi se lo llevaba en la mansión, pero no habían intervenido.

Yoongi sonrió, disfrutando el momento.

Jin fue el primero en avanzar, entrando en la habitación con una expresión tensa. Namjoon lo siguió, su rostro completamente ilegible.

—¿Qué estás haciendo aquí, Yoongi? —preguntó Nam con voz firme.

Yoongi se encogió de hombros.

—Cuidando de nuestro querido amigo en común.

Jimin sintió la frustración arder en su pecho.

Only mine Donde viven las historias. Descúbrelo ahora