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En el hospital Central. Una figura de estatura baja y piel pálida se encontraba de pie en la penumbra de la habitación, sus ojos oscuros observando a Jimin, quien yacía inmóvil en aquella camilla. La luz del monitor del ritmo cardíaco iluminaba tenuemente el rostro golpeado del chico, un contraste doloroso con la vitalidad que había tenido antes. El hombre dio un paso al frente, las manos en los bolsillos de su abrigo negro, pero al llegar junto a Jimin, las sacó, temblorosas.

Se detuvo al lado de la cama, contemplando cómo los cables y los tubos conectados al cuerpo frágil de Jimin parecían absorber la vida de quien alguna vez brilló tan intensamente. Sus dedos rozaron la mano de Jimin, fría y débil, sintiendo el ligero temblor de sus propios nervios.

—¿Por qué? —murmuró, en voz apenas audible, como si hablara consigo mismo. Sus ojos escanearon el rostro herido de Jimin, trazando cada contusión, cada marca del accidente. Su mandíbula se tensó, pero algo en su interior se quebraba con cada segundo que pasaba frente a él—. ¿Por qué me duele tanto verte así?

Su voz se tornó áspera, su pecho subiendo y bajando con respiraciones irregulares. Alzó la mano lentamente, y con la punta de los dedos, tocó el rostro herido de Jimin, evitando las zonas más dañadas como si cualquier roce brusco pudiera romperlo.

—Eres tan lindo... incluso ahora —susurró, apenas un hilo de voz, mientras apartaba su mano de golpe, como si el contacto quemara su piel. Frunció el ceño, llevándose una mano al cabello en un gesto de frustración—. Maldita sea. ¿Qué carajo estoy haciendo?

Cerró los ojos con fuerza, su mente en caos. Quiso convencerse de que lo que sentía era simple lástima, pero el nudo en su pecho y el temblor de sus manos lo traicionaban. Mordió su labio inferior con tanta fuerza que casi rompió la piel, buscando contener la tormenta interna.

—Tal vez me das lástima... sí, eso debe ser —se dijo en un intento inútil de justificar el peso que sentía en su corazón. Pero sus ojos volvieron al rostro de Jimin, y sin poder controlarse, se inclinó un poco más, como si quisiera acercarse a él, borrar el dolor de alguna manera.

El silencio de la habitación fue interrumpido por un sonido repentino: pasos acercándose. Sus ojos se abrieron de golpe, el pánico llenándolos. Se enderezó y rápidamente buscó dónde esconderse. Encontró un rincón oscuro al fondo de la habitación, detrás de un armario, justo cuando la puerta se abrió con un leve chirrido.

Kim Taehyung entró en la habitación. Su rostro era un mapa de angustia, con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar. Sus pasos eran lentos, como si cada uno pesara una tonelada, y sus hombros estaban hundidos bajo el peso de la culpa que lo atormentaba.

Yoongi observó desde su escondite, sintiendo cómo algo dentro de él se contraía aún más al ver el estado de Taehyung. Este se acercó a Jimin, y sus lágrimas comenzaron a caer antes de que siquiera pudiera hablar.

—Jimin-ah... —susurró Taehyung, su voz quebrada como un cristal hecho añicos. Tomó la mano de su novio con delicadeza, acariciándola con sus dedos temblorosos—. Esto es mi culpa. Todo es mi culpa...

Las palabras de Taehyung eran un cuchillo que atravesaba el silencio, llenando la habitación de una tristeza casi palpable. Yoongi apretó los puños desde su escondite, sus uñas clavándose en sus palmas mientras veía al chico derrumbarse frente a Jimin.

Taehyung se encontraba sentado al lado de la cama de Jimin, su rostro hundido entre las manos mientras las lágrimas caían sin cesar. Su pecho subía y bajaba con dificultad, el peso de la culpa aplastándolo desde todos los ángulos. Miraba a Jimin, quien seguía inmóvil en la camilla, conectado a máquinas que lo mantenían vivo, y el dolor en su corazón se hacía insoportable.

Only mine Donde viven las historias. Descúbrelo ahora