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Después de varios días en el hospital, Jimin comenzaba a sentirse mucho mejor. Las heridas en su rostro habían sanado considerablemente, y aunque aún sentía leves molestias en el cuerpo, ya podía moverse sin ayuda. Había pedido permiso en la universidad para ausentarse mientras se recuperaba, y los médicos habían estado satisfechos con su progreso. Aunque los primeros días fueron difíciles, poco a poco había recuperado el color en el rostro y su sonrisa característica, aunque un poco apagada.

Taehyung había estado a su lado durante todo el proceso. Apenas comía o dormía, asegurándose de que Jimin tuviera todo lo que necesitaba. Cada vez que Jimin abría los ojos, lo veía sentado en la pequeña silla junto a la cama, con la cabeza apoyada en el borde o mirando preocupado por la ventana. Ver a Taehyung tan atento lo hacía sentir culpable, pero también increíblemente agradecido.

Era una mañana soleada cuando un médico entró en la habitación con una sonrisa. “Buenas noticias, Jimin. Has mejorado mucho, así que podemos darte el alta hoy. Solo debes seguir las indicaciones que te dejamos y descansar en casa.”

Jimin asintió, aliviado. Estaba cansado de las paredes blancas del hospital y de la sensación de encierro. Quería regresar a su departamento, a su rutina, aunque sabía que no sería fácil olvidar lo sucedido.

Taehyung, que había estado mirando su teléfono mientras el médico hablaba, levantó la vista de inmediato. “¿Hoy puede irse? ¿Está completamente seguro de que está bien?” Su tono era ansioso, casi como si quisiera asegurarse de que Jimin no estuviera siendo dado de alta antes de tiempo.

El médico le dedicó una sonrisa tranquilizadora. “Está bien, joven Kim. Lo hemos revisado cuidadosamente. No hay nada de qué preocuparse.”

Una vez que el médico salió, Jimin intentó levantarse con cuidado. “Parece que finalmente me libraré de esta cama incómoda”, dijo con una pequeña sonrisa, intentando aligerar el ambiente.

Taehyung se apresuró a su lado, sosteniéndolo por los hombros. “Despacito. No te esfuerces demasiado, Jimin-ah.” Había una nota de preocupación en su voz que no podía ocultar.

“No soy de cristal, Tae”, respondió Jimin con una risa suave, aunque permitió que lo ayudara. Sabía que Taehyung solo intentaba protegerlo, y aunque era un poco sofocante, también le reconfortaba saber que estaba ahí.

Después de que el personal del hospital les entregara los documentos necesarios, Taehyung ayudó a Jimin a salir de la habitación. El aire fresco del exterior era un alivio, y Jimin respiró hondo, cerrando los ojos por un momento.

“Se siente bien estar fuera”, murmuró.

“Te llevaré a casa”, dijo Taehyung mientras lo guiaba con cuidado hacia el auto que había conseguido para ese día. “Y me quedaré contigo hasta que estés completamente recuperado. No quiero que estés solo.”

Jimin quiso protestar, decirle que estaría bien por su cuenta, pero sabía que no tenía caso. Taehyung era terco cuando se trataba de cuidar a las personas que le importaban. Así que simplemente asintió, dejando que lo ayudara a subir al auto.

El trayecto hasta el departamento de Jimin fue tranquilo. Taehyung no dejó de mirarlo de reojo, como si estuviera esperando que en cualquier momento se desmoronara. Pero Jimin estaba decidido a mostrarle que era más fuerte de lo que parecía.

“Gracias, Tae”, dijo de repente, rompiendo el silencio.

Taehyung lo miró, sorprendido. “¿Por qué me agradeces?”

“Por estar aquí. Por no dejarme solo cuando más lo necesitaba.”

Taehyung sonrió, aunque sus ojos se llenaron de una emoción que no pudo esconder. “Siempre estaré aquí para ti, Jimin. Pase lo que pase.”

Only mine Donde viven las historias. Descúbrelo ahora