A sus 20 años, Taehyung vivía la vida perfecta: universidad, el novio ideal, y una carrera en la que brillaba. Pero todo eso cambiará cuando un peligroso mafioso se obsesione con él, reclamándolo como suyo. La tranquilidad de su vida se romperá, y é...
El sol se filtraba tímidamente por las cortinas del enorme ventanal, iluminando el desorden que había quedado tras la celebración de la noche anterior. Entre botellas vacías y restos de comida, una figura se retorcía en el enorme sofá de cuero negro del salón principal. Hoseok despertaba lentamente, con una mueca de dolor que evidenciaba su estado. Sentía la cabeza como si estuviera siendo golpeada por un martillo, y el leve sonido de los pájaros afuera parecía un concierto insoportable.
—¿Qué demonios hice anoche? —murmuró, llevándose una mano al rostro. Su garganta estaba seca, y el malestar era tan intenso que apenas podía moverse.
Con un esfuerzo monumental, logró sentarse, dejando caer la cabeza entre las manos mientras intentaba recapitular los eventos de la noche anterior. Recordaba risas, brindis y más copas de las que probablemente debería haber aceptado. Se frotó las sienes, lamentándose en silencio cuando escuchó el sonido de pasos acercándose.
Hyunwoo apareció en la sala con una taza de café humeante en la mano, luciendo fresco y completamente descansado. Al verlo, una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.
—¿Cómo te encuentras, Hoseokie? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia él.
Hoseok levantó la vista con esfuerzo, su expresión era una mezcla de cansancio y sarcasmo.
—Bien... bien —respondió arrastrando las palabras—, aunque siento que me voy a morir.
Hyunwoo no pudo evitar soltar una risa suave, llevándose la taza a los labios.
—Te dije que no tomaras tanto, y aun así lo hiciste. No aprendes, Hoseok.
Hoseok lo miró con una mezcla de reproche y humor, alzando una ceja mientras se recostaba contra el respaldo del sofá.
—Es que uno, a esta edad, tiene que disfrutar. En fechas navideñas se celebra —respondió con una sonrisa juguetona, aunque su voz sonaba débil.
Hyunwoo negó con la cabeza, divertido pero exasperado.
—En Navidad está bien, pero tomar un 29... ¿En serio? Ni siquiera estamos en Año Nuevo.
Hoseok alzó los hombros con aire despreocupado, aunque el movimiento le provocó un ligero mareo.
—Es que uno celebra desde antes, para acostumbrarse, ¿sabes? Hay que calentar motores para lo que viene.
Hyunwoo bufó, pero la sonrisa no abandonó su rostro. Dejó la taza de café sobre la mesa y sacó un pequeño frasco de su bolsillo. Abrió la tapa y sacó una pastilla, que luego le extendió a Hoseok.
—Toma esto para el dolor de cabeza. Quizás te devuelva a la vida antes de que acabe el día.
Hoseok tomó la pastilla con una sonrisa agradecida y se la llevó a la boca, tragándola sin agua.
—Gracias, Hyunwoo. No sé qué haría sin ti.
—Probablemente morirías de resaca —bromeó Hyunwoo mientras se alejaba hacia la cocina.
Hoseok lo observó irse, dejando escapar un suspiro. Se recostó nuevamente en el sofá, cerrando los ojos por un momento mientras la medicina empezaba a hacer efecto. Aunque su cuerpo estaba agotado, no pudo evitar que una pequeña sonrisa se asomara en sus labios.
—Un 29... —murmuró para sí mismo, divertido. —Tal vez Hyunwoo tenga razón, pero qué va, la vida es corta.
Y con eso, se dejó caer en el sofá, dispuesto a recuperar fuerzas para lo que quedaba del día.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.