A sus 20 años, Taehyung vivía la vida perfecta: universidad, el novio ideal, y una carrera en la que brillaba. Pero todo eso cambiará cuando un peligroso mafioso se obsesione con él, reclamándolo como suyo. La tranquilidad de su vida se romperá, y é...
En el corazón de Seúl, donde las luces de la ciudad apenas iluminaban las sombras más profundas, se erguía un edificio imponente. Por fuera parecía un rascacielos corporativo común, con cristales oscuros y seguridad de alto nivel, pero por dentro era un laberinto de poder y secretos. Este edificio, conocido solo como la organización criminal poderosa de la región.
El primer piso era una fachada de lujo, con oficinas y recepciones que funcionaban como empresas ficticias. Los pisos intermedios eran para operaciones: tecnología, vigilancia y control financiero. Pero los niveles más altos, reservados solo para los líderes, eran un santuario de exclusividad y control absoluto.
En el piso más alto, con ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad, Jung Hoseok sostenía un vaso de whisky. Giraba los hielos lentamente, mirando la noche como si pudiera dominarla con la mirada. La tranquilidad se interrumpió con pasos firmes que resonaron contra el mármol. Un hombre vestido de traje negro se detuvo en la entrada y, con la cabeza ligeramente inclinada, habló con voz grave.
—Señor, Jeon Jungkook ha enviado una carta.
Hoseok soltó una risa baja y sarcástica. Su sonrisa helada cruzó su rostro mientras extendía la mano.
—Vaya, sí que es listo. Dame la carta.
El hombre obedeció, y Hoseok abrió el sobre con movimientos precisos. La nota era breve, pero cargada de intención:
> "Querido Jung Hoseok, no sé a qué estás jugando conmigo ahora, pero no te atrevas a acercarte a Taehyung."
Hoseok dejó escapar una carcajada seca, cerrando la carta con un movimiento brusco.
—¿De verdad crees que con esto podrás detenerme, Jungkook? —murmuró, mientras se servía otro trago—. Es demasiado tarde ahora.
Antes de que el mensajero pudiera retirarse, Hoseok lo detuvo con un gesto.
—Llama a Yeonjun. Lo necesito ahora mismo. —Sí, señor.
El silencio regresó a la habitación, pero la sonrisa de Hoseok permaneció.
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Era mediados de diciembre, y la ciudad comenzaba a llenarse del espíritu navideño. Las calles estaban decoradas con luces cálidas, y las vitrinas de las tiendas exhibían adornos y regalos. Sin embargo, en el departamento de Taehyung, el ambiente era muy diferente. La oscuridad lo consumía, llenando cada rincón con una sensación opresiva.
Se sentía agotado, asustado, y cada vez más convencido de que su vida estaba destinada al fracaso. Las pesadillas, aquellas que creyó haber superado, regresaban con más fuerza. En sus sueños, revivía palabras que lo herían profundamente, especialmente las de su madre: "No te atrevas a desobedecer a Woogyu"
En las pocas horas que lograba descansar, despertaba sobresaltado, con las lágrimas rodando por sus mejillas. No quería preocupar a Jimin, no quería arrastrarlo a su abismo. A veces pensaba en ceder, en hacer todo lo que el hombre misterioso le exigiera, solo para mantener a Jimin a salvo.