Capítulo 33.

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POV Rapunzel.

Me sentía fuera de lugar, mis amigas con sus chicos, bueno, exceptuando a Mérida y yo esperando a que una tortuga diera el primer paso. ¿Tendría qué darlo yo? No, sería incómodo... ¿o no? Miré una vez más a todas mis amigas... agarradas de la mano con sus chicos, bueno, Mérida fulminando a Hiccup cuando él trataba de hacer algo gracioso para llamar su atención.
Al menos me reconfortaba saber que Andrew estaba solo, claro, solo pero enfrascado en una conversación con la nueva pareja.

Ladeé el labio.

Escuché el repiqueteo de unos tacones llegar hasta nosotros, no hizo falta girarme para saber quién era.

-Chicos, no me esperaron. -La voz de Ester se escuchó cansada.

No sé cómo le hacía para soportarla. Pero mi paciencia con ella era mínima.

-Lo siento, pensé que ya te habías ido -le dijo Mérida fingiendo tristeza en la voz.

-No, lo siento. Aún seguía adentro. -Sonrió... ¡Brindemos por esas sonrisas que son más falsas que la Barbie humana!

Su mirada se dirigió a las manos entrelazadas de mis amigos y en especial se detuvieron en las manos entrelazadas de Jack y Elsa.
Sus ojos se abrieron como platos y apretó los labios.

-¿Por qué están agarrados de la mano? -preguntó, cómo si no supiera la respuesta.

-¿Tal vez por qué somos pareja? No lo sé, me quedaré con la duda siempre.

Miré sus manos, a su lado se hicieron puños que por un momento pensé que se habían puesto blancos por la fuerza en la que apretaba.
En sus labios se dibujó una sonrisa al ver que yo iba sola, al igual que Eugene. ¿Por qué no miraba a Mérida y a Hiccup? Claro, no era tan estúpida para provocar a la pelirroja.

Ella caminó contoneando sus caderas.

-¿Fueron a revisar a los bebés? -preguntó Ester, y al ver que todos asentíamos formuló otra pregunta-. ¿Por qué no los vi?

-No sé, tal vez estabas demasiado ocupada. Ya sabes, curándote la mejilla -dijo Andrew sonriendo a su dirección.

-Sí, lo bueno es que los profesores no se enteraron de...

-¡Hiccup! -gritamos todos al ver lo cerca que estuvo de decir lo que les había pasado a los bebés.

-¿Enterado de qué?

-De nada, olvida lo que acaba de decir.

-Entices... ¿Nos vamos a la casa? -preguntó Eugene después de un largos silencio.

Todos asentimos y Ester se acerco más al castaño, aunque él no se diera cuenta. Mi mirada de advertencia hacia ella gritaba, "¡es mío!" Pero ella no lo advertía.

No... eperen, ¿qué estoy diciendo?
No estoy celosa, no, claro que no.
Llegamos al auto de Hiccup, y era demasiado obvio que no cabíamos todos en un espacio tan pequeño.

-Bien, tortuga, tienes que subir a una chica a tus piernas, o al menos que quieras subir a Andrew -dijo Hiccup.

-No me llames tortuga. -Rechinó sus dientes y después me miró.

-Puedo irme contigo, si quieres. -Ester se adelantó antes de que Eugene pudiera decir algo más.

Juro que mi rostro fue un poema en ese instante... ¡zorra!

Amor por el Proyecto. (Jelsa, Kristanna, Mericcup, Eugenzel) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora