Reencuentro

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Cuando llegaron al templo, la escena que se presentó ante ellas fue mucho más impresionante y aterradora de lo que habían imaginado. El lugar parecía interminable, con paredes que se elevaban hacia el cielo oscuro, cubiertas de inscripciones antiguas y símbolos que las chicas no pudieron reconocer. Cada paso que daban resonaba en el silencio mortal que reinaba en el aire, y la atmósfera se volvía cada vez más densa. La oscuridad parecía absorber todo a su alrededor, como si el templo tuviera vida propia.

Isabella, Mariana y Daniela se miraron entre sí, sus rostros palideciendo a medida que se adentraban más. El frío era tan intenso que sus respiraciones se volvían visibles, y el eco de sus pasos resonaba en el vacío. "Esto no parece real", murmuró Isabella, su voz temblorosa. "Es como si todo este lugar hubiera sido creado para mantenernos atrapadas."

Pero lo más desconcertante llegó cuando, al doblar una esquina oscura, vieron una figura familiar. Allí, en medio del templo, estaba Andrés, el asistente de Acidz, de pie junto a una figura que no esperaban encontrar: Rebeca García.

Rebeca. La misma chica que las había acosado durante más de siete años, la que había sido una presencia constante en sus vidas, siempre acechando desde las sombras, con su actitud altiva y su mirada fría. No podían creer que estuviera allí, en ese lugar tan oscuro, al lado de Andrés. ¿Qué hacía ella aquí?

"Rebeca... ¿qué haces aquí?" preguntó Daniela, incapaz de ocultar la sorpresa y el desconcierto en su voz. Los recuerdos de todas esas veces que Rebeca las había intimidado, e incluso acosado, volvieron a su mente. No tenía sentido que estuviera involucrada en algo tan peligroso como esto.

Rebeca, con una sonrisa en sus labios, miró a Daniela y las demás con una calma perturbadora. "Ah, chicas, qué grata sorpresa encontrarlas aquí. Pensé que ya sabían que este lugar no es lo que parece. Nadie está a salvo de lo que está por venir. Y menos ustedes."

Andrés, que hasta ese momento había estado callado, levantó la vista y las observó fijamente. "Rebeca tiene razón. Están aquí porque deben estar aquí. El destino no es algo que se pueda eludir."

"¿A qué te refieres?" preguntó Mariana, mirando a Andrés con una mezcla de confusión y miedo.

"Lo que está pasando aquí es mucho más grande que lo que pueden imaginar", dijo Andrés, su tono grave. "El Santa diabólico, la reencarnación de Jesús, no es solo una figura de venganza. Es parte de un ciclo, algo que no puede ser detenido por meras acciones humanas. Y Rebeca... ella tiene una conexión con todo esto. No es solo una simple acosadora. Ella ha estado observando todo este tiempo, porque algo más la ha traído aquí."

Las chicas intercambiaron miradas, sin comprender por completo. Rebeca siempre había sido una enemiga, pero ahora parecía que había algo más en juego, algo mucho más oscuro que ni siquiera ellas podían comprender.

"¿Qué sabes sobre el Santa diabólico?" preguntó Daniela, casi exigiendo respuestas. "¿Qué estás haciendo aquí, Rebeca? ¿Por qué nos sigues?"

Rebeca soltó una risa baja, como si estuviera disfrutando de la confusión que había sembrado en ellas. "Oh, querida Daniela, ¿tan poco me conoces? No se trata solo de ustedes. El Santa no es el único que tiene un propósito aquí. Yo tengo mi propio papel que desempeñar, y ustedes son solo una parte del rompecabezas."

"Pero... ¿qué quieres decir con eso?" insistió Isabella, dando un paso adelante. "Rebeca, ¿quién te ha metido en todo esto?"

Rebeca la miró fijamente, sus ojos brillando con una intensidad inquietante. "A veces las piezas del destino encajan de formas inesperadas. Estoy aquí porque he sido elegida, al igual que ustedes. Pero mi camino es distinto. Y en este templo, todo se revelará. El ciclo que se está desatando aquí va más allá de la muerte de Corina. Va más allá de la reencarnación de Jesús. Es un juicio, un nuevo orden."

El aire se volvió más denso, más pesado, como si el templo estuviera cobrando vida con cada palabra que Rebeca decía. Las chicas se dieron cuenta de que la verdad estaba mucho más oculta de lo que pensaban. Este no era solo un enfrentamiento contra un Santa diabólico. Era algo mucho más grande, algo que involucraba a todos los que estaban presentes allí.

"Lo que suceda aquí cambiará el destino de todos nosotros", dijo Andrés, mirando a las chicas con una gravedad que no podían ignorar. "Y Rebeca está aquí porque su destino está entrelazado con el nuestro. Nadie puede escapar de lo que está por suceder."

Las chicas, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar, se quedaron quietas, observando la escena que se desarrollaba ante ellas. Sabían que las respuestas estaban cerca, pero también comprendían que nada sería como antes.

Jesús mataHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora