Era la víspera de Navidad, pero el aire en el pequeño pueblo de Valverde estaba más frío de lo habitual. La nieve caía con fuerza, cubriendo las casas con un manto blanco, mientras las luces de Navidad parpadeaban débilmente. Nadie sabía que esa noche, algo mucho más oscuro se cerniría sobre ellos.
Santa Claus no era lo que todos pensaban. No era el alegre portador de regalos, ni el símbolo de la bondad inmaculada que se celebraba cada año. No, él era algo mucho más antiguo, una reencarnación de un ser mucho más antiguo y mucho más aterrador: Jesús. Pero no el Jesús de los evangelios, sino uno distorsionado por siglos de sufrimiento y condena, un Jesús que, en su resurrección, había olvidado la misericordia y abrazado la justicia extrema.
Luigi Mangione, un hombre con un oscuro pasado, estaba en el centro de todo. Había cometido atrocidad, aunque se pensara que había sido bueno matar a ese CEO. Su vida de pecado lo había hecho invulnerable a la redención.
Esa noche, sin embargo, el destino tenía otros planes.
Luigi estaba solo en su celda, una habitación oscura y fría, rodeada por las gruesas paredes de la prisión. Las luces parpadeaban débilmente, como si la misma energía estuviera temerosa de estar allí. La Navidad ya no tenía significado para él. Había olvidado el valor de las festividades, consumido por su propia sed de poder y venganza. El asesinato del CEO había sido solo el último acto de una vida llena de maldad, un paso más en su descenso hacia la oscuridad.
En la lejanía, escuchó el crujir de las botas de los guardias en el pasillo, pero algo más captó su atención. Un sonido extraño, distante pero creciente, como el tintineo de campanillas... o el galope de renos. Luigi se tensó. Nunca había oído algo así en la prisión. ¿Sería una alucinación provocada por la soledad y el confinamiento? O tal vez algo mucho más siniestro.
De repente, la puerta de su celda se abrió sin previo aviso. Un frío penetrante invadió el cuarto, más helado que cualquier tormenta de invierno. La figura que se asomó por el umbral era alta, imponente, y vestida con una capa roja desgarrada por el viento. La figura no tenía rostro, pero los ojos, si es que se podían llamar ojos, reflejaban una luz sobrenatural que cegaba a Luigi por un instante.
"No hay lugar para los impíos en la Navidad", dijo la voz, resonando en la celda como un eco antiguo, casi celestial, pero con una ira latente.
Luigi intentó retroceder, pero las sombras de la habitación parecían atrapar sus pies, impidiéndole moverse. El aire se volvió espeso, denso, y sentía como si el peso de su vida cayera sobre él, aplastando su pecho.
"Quién... quién eres?" logró preguntar, el terror finalmente haciendo mella en su voz, algo que rara vez experimentaba. La figura avanzó lentamente hacia él, y con cada paso, el aire se enfriaba aún más.
"Soy quien has temido, quien nunca entendiste. La reencarnación de aquel que una vez predicó la misericordia, pero que ahora ha sido corrompido por el sufrimiento de siglos. Yo soy el portador del juicio, el que vendrá a destruir a aquellos que creen que pueden escapar del castigo", respondió la figura, y su voz se tornó más profunda, más resonante, como si la tierra misma temblara con cada palabra.
Luigi intentó levantarse, pero sus manos y piernas temblaban de una manera que no podía controlar. Su corazón latía desbocado, pero había algo más: un escalofrío recorriéndole la espalda. La figura comenzó a despojarse de su capa, y lo que había debajo era una imagen distorsionada, una mezcla de lo humano y lo divino, la imagen de un ser desgarrado entre dos mundos.
"Pero hay algo que tú debes entender, Luigi Mangione", continuó la figura, ahora más cerca, casi tocándole. "El pecado no tiene lugar en la Navidad, y las almas corrompidas no tienen cabida en la luz. Esta es la hora de tu juicio."
Luigi, luchando por recobrar el control de su cuerpo, intentó levantarse, pero no pudo. La figura extendió su mano, y una fuerza invisible lo arrastró hacia ella, como si estuviera siendo atraído por una gravedad inhumana.
"Ahora, verás lo que has hecho. El precio de tu vida de pecado será más alto de lo que imaginas."
Con un solo movimiento, la figura tocó la frente de Luigi, y en un instante, su alma fue arrancada de su cuerpo. Todo lo que conocía se desvaneció en una oscuridad abismal.
La luz de la Navidad se apagó para él, y la prisión de Valverde, que había sido su hogar, quedó vacía y silenciosa, con solo el eco de la oscuridad resonando en sus muros.
La reencarnación de Jesús había hablado, y el juicio había comenzado.
ESTÁS LEYENDO
Jesús mata
Mystery / ThrillerDios cree que por fin la humanidad se va a poder salvar con su nuevo plan y todo va a salir bien, pero todo sale mal.
