Mientras las chicas avanzaban por los pasillos del templo, el aire pesado y gélido las envolvía, pero de alguna manera, lograban mantener el ánimo, a pesar de la incomodidad del lugar. El ambiente era tenso, pero algo en su interior les decía que tenían que seguir adelante. El eco de sus pasos resonaba en la oscuridad mientras se preguntaban qué tan profundo estaba el misterio de aquel lugar.
"Chicas, ¿alguna vez pensaron que sería tan difícil enfrentarse a un Santa diabólico?" dijo Cocoaguirre, rompiendo el silencio con su característico sarcasmo. "Pensé que el peor regalo de Navidad era un par de calcetines. Pero aquí estamos, corriendo por un templo maldito. ¿Qué sigue, un par de calcetines de espanto?"
"¿Sabes qué es lo peor?" respondió Mariana, con una expresión fingidamente profunda. "El hecho de que ni siquiera nos dieron instrucciones claras. Solo: '¡Vayan a enfrentar al Santa diabólico!'. No hay mapa, ni siquiera un folleto turístico. ¿Dónde está el servicio de atención al cliente? ¡Esto es un desastre!"
"Claro," añadió Rebeca con tono grave, "y no hay señales de Wi-Fi en todo este lugar. ¿Qué tipo de templo diabólico no tiene Wi-Fi? Si yo fuera un ente maligno, definitivamente pondría Wi-Fi gratis. ¡Al menos eso podría salvar una experiencia tan... 'turística'!"
Isabella soltó una carcajada. "¿Y qué tal un bar? Imaginen, Santa diabólico sirviendo cócteles malditos. '¿Qué les traigo, una piña colada infernal o un mojito maldecido?'"
"¡Eso sería lo mejor!" dijo Cocoaguirre, riendo. "Aunque, me pregunto si las bebidas vendrían con un toque de karma. 'Este cóctel le da 10 años de mala suerte y 5 de arrepentimiento.'"
El grupo continuó riendo, y aunque sabían que estaban en una misión peligrosa, la ligera ironía en sus comentarios ayudaba a aliviar la tensión. Mientras pasaban por un salón gigantesco, donde las paredes parecían susurrar secretos antiguos, Ana Sofía se detuvo y señaló una inscripción extraña en la pared.
"Chicas, ¿vieron eso?" preguntó, señalando algo escrito en el muro. "¿Lo traducimos?"
"Claro," dijo Daniela, haciéndose la experta, "a ver, ¿qué dice? 'El que recorra estos pasillos se enfrentará al juicio del mal...'"
"¡Bla, bla, bla! El mismo discurso de siempre," interrumpió Cocoaguirre, poniendo una cara dramática. "Lo único que falta es la parte en la que dice: 'Prepárate para una experiencia inolvidable, como las vacaciones en Disney, pero con más gritos.'"
Las chicas estallaron en risas, sabiendo que aunque el lugar era aterrador, el humor les estaba dando la fuerza para seguir adelante. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que el ambiente estaba cambiando: la risa dejó de resonar como antes, y el aire se hizo aún más frío.
"Bueno, niñitas" dijo Mariana, sonriendo con más nerviosismo que confianza, "no tenemos mapa, ni Wi-Fi, ni bar. Pero al menos tenemos nuestros chistes, ¿no?"
Y justo cuando pensaban que su sentido del humor no podría salvarlos, un retumbar estremecedor sacudió el templo, y las luces comenzaron a parpadear.
"¡Eso no es un chiste, verdad?" preguntó Rebeca, con una expresión de pura incomodidad.
"Definitivamente no," respondió Cocoaguirre, mirando alrededor, "pero al menos con estos chistes, vamos a morir riendo... literalmente."
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Jesús mata
Mystery / ThrillerDios cree que por fin la humanidad se va a poder salvar con su nuevo plan y todo va a salir bien, pero todo sale mal.
