Yo, Rebeca García Álvarez

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Nací el 4 de julio de 1990 en la clínica Aguerrevere de Caracas, Venezuela. Me llamo Rebeca, un nombre que comparto tanto con mi mamá María Rebeca, como con mi abuela Rebeca. Crecí rodeada de una familia que me legó, no solo sus nombres, sino también su historia. Tengo un hermano, Francisco, llamado así por nuestro papá, quien lamentablemente ya no está con nosotros.

Soy de pelo y ojos marrones, alta, y desde chiquita he tenido pasión por la lectura. Mis primeros libros fueron los de Harry Potter; recuerdo noches en las que, después de que se apagaban las luces, me refugiaba bajo las sábanas con una linterna para continuar leyendo en secreto.

Mis estudios comenzaron en el colegio El Carmelo en Las Acacias, cuando aún vivíamos en esa zona. Al mudarnos a Los Naranjos, pasé al Instituto Andes, donde cursé la mayor parte de mi educación. Con los años, mis padres se divorciaron, y nos mudamos a vivir con mi abuela materna en La Lagunita. Luego, cuando mi mamá se casó con mi padrastro, Reinaldo, volvimos a Los Naranjos.

Durante esos años del colegio el voleibol fue una de mis actividades favoritas, aunque académicamente nunca fui la más dedicada. Mis notas solían ser promedio o incluso bajas, ya que mis intereses siempre apuntaban más hacia la vida social y las amistades que forjé. Mi círculo de amigas era amplio, y nos divertíamos juntas en fiestas, encuentros y reuniones en casa de cualquiera. Tenía más de catorce amigas y era amiga de todas en la promoción.

Mi primer novio fue Luis Fernando Calzadilla, un amigo de mi primo Jorge. Terminé esa relación porque él decía que me estaba "pareciendo demasiado a Jorge", en referencia a vestirme más como un "tomboy" que con la moda esperada de una chama. O quizás porque sudaba mucho cuando jugábamos. Posteriormente salí con Jaime Gómez, pero él también me dejó porque no mostraba afecto físico, como agarrarle la mano.

Desde muy joven, sin embargo, me he sentido atraída hacia las mujeres. Mi primer enamoramiento fue en preescolar, hacia una compañera llamada Andrea. Luego, en la adolescencia, conocí a Alice Gabaldón, de quien me enamoré demasiado.

Tras el colegio, inicié una relación con mi primera novia, Michelle Martínez. Más adelante, salí con su mejor amiga, Carla Chiabrera, y aunque esa relación también terminó, marcó un antes y un después en mi vida porque después de eso conocí a Claudia Toth, y eventualmente apareció Cocoaguirre en mi vida, quien se convertiría en una obsesión.

Desde que Cocoaguirre y Daniela Belloso entraron en mi historia, sentí la necesidad de escribir sobre ella y sus amigas, dándoles vida en un relato ficticio donde se mezclaban mis emociones, como si pudieran quedar atrapadas en las páginas de mi libro. La historia tomó un giro extraño, y ahora me encuentro en Madrid, habiendo sido denunciada por acoso por ellas mismas, lo que me impide regresar a Venezuela.

Me gusta cuidar de mi salud y mantenerme en forma, por lo que hago ejercicio de cardio y entrenamiento en el gimnasio. El agua y el jugo de naranja son esenciales para mí, y trato de alimentarme bien, con proteínas diarias como huevos y carne. Además de hacer ejercicio, escribir es mi verdadera pasión; a través de las palabras, logro entenderme y reconstruir mis memorias y la historia de cocoaguirre y ellas, y mi historia.

Jesús mataHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora