La noche era oscura y silenciosa, excepto por el lejano eco de risas y música que salía de una mansión iluminada como un palacio en plena fiesta navideña. En su interior, la famosa cantante y actriz Corina Smith se encontraba rodeada de amigos, fans y la élite del espectáculo. Las mesas estaban llenas de comida exótica, cócteles y regalos caros, una celebración que parecía sacada de una revista de lujo.
Para los ojos del mundo, Corina era un ejemplo de éxito y glamour, una estrella cuyo brillo inspiraba a millones. Pero para Santa, ahora el vengador divino, ella era otra señal de lo lejos que la humanidad había caído. Bajo su rostro impecable y su sonrisa deslumbrante, él veía la corrupción: egoísmo, vanidad y una completa desconexión con el verdadero espíritu de la Navidad.
Santa, vestido nuevamente como un hombre común, observaba la mansión desde la distancia. En su rostro había una mezcla de tristeza y determinación. Jesús, dentro de él, intentaba apelar al amor que aún podría salvarla. Pero Santa, alimentado por siglos de decepción, sentía que el tiempo para redenciones fáciles había terminado.
—Corina —susurró—, esta noche aprenderás que no todos los regalos pueden comprarse.
Con un paso decidido, se acercó a la entrada de la mansión. Dos guardias, vestidos con trajes elegantes, bloquearon su camino.
—¿Tiene invitación? —preguntó uno de ellos, mirándolo con desprecio.
Santa no respondió. En lugar de eso, levantó una mano y, con un simple movimiento, los hombres cayeron al suelo, como si hubieran sido alcanzados por una fuerza invisible. No los mató, solo los dejó dormidos. No era su momento.
Dentro, la fiesta continuaba sin interrupciones. Corina estaba en el centro de atención, riendo mientras mostraba un collar de diamantes que le habían regalado. Los invitados la aclamaban, y las cámaras capturaban cada detalle para las redes sociales.
Entonces, las luces comenzaron a parpadear. Primero, apenas perceptible. Luego, más intenso. El murmullo de los invitados se transformó en silencio, y el DJ detuvo la música.
—¿Qué pasa? —preguntó Corina, frunciendo el ceño mientras miraba a su alrededor.
En ese momento, la puerta principal se abrió lentamente, revelando la figura de Santa. Caminaba despacio, pero cada paso resonaba como un trueno. Sus ojos brillaban con una luz intensa, y su mera presencia hacía que el aire se sintiera pesado.
—¿Quién eres tú? —preguntó Corina, tratando de mantener la compostura mientras una sensación de inquietud comenzaba a invadirla.
—Soy alguien que ha observado tus Navidades durante años —respondió Santa, su voz profunda y resonante—. He visto cómo has cambiado, Corina. Cómo el brillo de la fama y el dinero ha opacado tu corazón.
—¿Qué? —dijo ella, retrocediendo un paso—. ¡No tienes idea de quién soy o lo que hago!
Santa dio un paso más, y su figura parecía crecer, como si la habitación misma se inclinara ante él.
—Lo sé todo, Corina. Sé cómo gastas tus millones en frivolidades mientras predicas generosidad. Sé cómo usas la Navidad como un espectáculo, una excusa para mostrar tu poder y tu riqueza. Pero no hay amor, ni compasión, ni espíritu en lo que haces. Solo vacío.
Los invitados, aterrorizados, comenzaron a retroceder hacia las paredes, dejando a Corina sola en el centro de la habitación.
—¡Esto es una locura! —gritó ella, mirando a su alrededor—. ¡Alguien llame a seguridad!
—Ya no pueden ayudarte —dijo Santa, alzando una mano. Con un simple gesto, los regalos que llenaban la habitación comenzaron a deshacerse, convirtiéndose en polvo ante los ojos atónitos de todos. Los adornos lujosos se desmoronaron, y el aire se llenó de un olor extraño, como si todo lo falso estuviera siendo purgado.
Corina, ahora completamente sola, cayó de rodillas, mirando al suelo donde antes estaban sus preciados regalos.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó, su voz quebrada por el miedo y la confusión.
Nada —dijo Santa, su tono aún cargado de autoridad. - Ahora te voy a matar.
Corina, aún temblando de miedo, intentó mirar a Santa a los ojos, pero su mirada se desvió hacia los restos de los regalos, ahora convertidos en polvo. El aire estaba impregnado de un aroma amargo y metálico, como si algo de gran valor se estuviera desintegrando, llevándose consigo toda la ilusión que había tenido en ese momento.
—¿Por qué? —preguntó, con la voz rota, mientras las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos. La desesperación la consumía. "¿Por qué ahora? ¿Qué he hecho?"
Santa no respondió, solo la observó desde lo alto, sus ojos fríos como el hielo. Su presencia parecía llenar todo el espacio, la habitación ahora vacía y llena de ecos. Sin más palabras, Santa dio un paso hacia ella, su figura sombría y dominante moviéndose con calma, como si la fatalidad misma estuviera caminando hacia su inevitable destino.
Corina intentó levantarse, pero sus piernas se doblaron bajo el peso de la desesperación. No había escapatoria, no había esperanza.
—No puedo... —murmuró, sus palabras perdiéndose en la quietud de la habitación.
Santa alzó una mano, y el aire se volvió denso, cargado con la sensación de muerte inminente. En un solo movimiento, su daga apareció en su palma, reflejando la luz tenue de la habitación. Sin prisa, pero con la precisión de quien ya ha decidido el destino, se acercó a Corina, la cual, atrapada en su desesperación, no podía más que mirar el filo de la daga acercarse.
—Ahora... te voy a matar —dijo Santa, su voz profunda y llena de autoridad, como si la sentencia ya hubiera sido pronunciada mucho antes de este momento.
Con un rápido y letal movimiento, Santa clavó la daga en el pecho de Corina, su cuerpo convulsionando por el impacto, antes de caer en el suelo, inmóvil. La luz en sus ojos se desvaneció, dejando solo la quietud y el eco de la muerte que había llegado para reclamarla.
Santa, mirando el cadáver de Corina, dio un paso atrás, observando el daño causado con la calma de quien ya no espera nada. La habitación, ahora completamente vacía, parecía haber sido despojada de toda su falsedad. Y en su silencio, Santa se desvaneció, dejando atrás solo el eco de su sentencia cumplida.
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Jesús mata
Mystery / ThrillerDios cree que por fin la humanidad se va a poder salvar con su nuevo plan y todo va a salir bien, pero todo sale mal.
