Jaxon.
Oficialmente esta mañana había comenzado el verdadero invierno en mi ciudad natal, su llegada era notoria gracias a la finísima capa de nieve de la nevada mañanera en la que ahora, justo por la tarde se recreaba mi pequeña hija mientras su madre hacía galletas para la fiesta que tendría lugar pasado mañana.
Sonreí al ver a Maddie haciendo lo posible por lograr un ángel de nieve, pero al darse cuenta de que no había suficiente nieve para ello vino hasta las escaleras del porche con un puchero y los brazos cruzados.
―No hay nieve para jugar.
―Es pronto todavía. ―Acaricié su cabeza cubierta por un gorro de lana fino―. Dime, ¿estás emocionada por tu fiesta de cumpleaños?
Sus mejillas enrojecieron en seguida. Con el tiempo había notado que era algo que ocurría cuando estaba excesivamente feliz, como en ese justo momento donde, además, sus ojitos brillaban más que el sol mismo.
―Sí. ―Asintió―. Es la primera vez que vas a cantarme feliz cumpleaños con mamá y va a ser genial.
Sus palabras derritieron mi corazón, como de costumbre, y no pude contener las ganas de darle un abrazo inmenso.
―Papi ―susurró contra mi abrigo―. Estoy feliz.
―Lo sé, mi niña.
―¿Y por qué me gotean los ojos?
Reí y la separé un poco para poder verla. Le sonreí con ternura y dejé un beso en su frente.
―A veces las lágrimas pueden ser de felicidad.
―¿En serio? ―Asentí―. ¡Entonces quiero llorar mucho porque estoy muy feliz!
Reí y detuve sus manos antes de que comenzara a frotarse los ojos frenéticamente para extraer más lágrimas.
―No funciona así, hija.
―Ya no entiendo.
Volteó los ojos y miró sus botas antes de dar un salto, emocionada. Parpadeé, sorprendido. Aun no me acostumbraba a tanta efusividad y cambios drásticos de humor.
―¿Puedo hacer tarjetas de navidad para mis tíos?
―¿Hablas de Ryle, Nathaniel, Marco y Nick?
Asintió.
―También de la tía Nancy. ―Sonreí, conmovido―. Claro.
―¡Iré a mi habitación!, ¡tengo mucho que pintar! ―Salió corriendo y, un segundo después, volvió para darme un beso antes de marcharse.
Una sonrisa quedó plasmada en mi boca mientras sentía la calidez de su besito en mi mejilla. Volví la mirada hacia el jardín y agradecí encontrarlo vacío, al vivir en una residencia, la seguridad era mayor por lo que hasta el momento no había tenido incidentes con reporteros indeseables y esperaba que así se mantuviera. Quería que esta casa siguiera siendo para Maya y Madeline un ambiente seguro donde, sin darse cuenta, habían comenzado a pasar más tiempo. Y lo disfrutaba un... ochenta por ciento porque Maya casi nunca se quedaba a dormir y, cuando lo hacía, utilizaba una habitación de invitados frustrando así la mayoría de mis intentos por quebrar su límite amistoso.
No me malinterpreten, estos días habían sido maravillosos, nos habíamos permitido desayunar, almorzar y en ocasiones cenar como una familia. Lo que muchas veces propiciaba largas conversaciones con mi rubia favorita, pero estaba cansado de ver en su mirada la contención constante y el recelo a dejarse llevar. En ocasiones, me acariciaba sin darse cuenta y eso me mataba lentamente, porque, en cuanto me mostraba tan siquiera un poco receptivo ella parecía salir de su trance y se alejaba con una sonrisa nerviosa y las mejillas tan rojas como dos manzanas.
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Siempre fuimos nosotros.
Teen FictionHay miles de errores que se pueden cometer en el mundo. Como dejar las llaves dentro de casa, dejar un grifo abierto, tal vez ponerse la camiseta al revés, derramar un vaso de agua en tu comida. Pero créanme, ninguno de esos es tan grave como el que...