Capítulo 5

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—No está mal la chica —dijo Inma viendo la foto de Valentina desde el móvil de Silvia—. Me encanta tu gusto.

Silvia soltó tal carcajada, que una señora al lado, ocupada en elegir un tipo determinado de detergente, dejó de interesarse por su compra y miró a las dos jóvenes.

—¿Y estuvo aquí todo el día?

—Sí, y todo el día en mi casa —contestó Silvia mirando a su amiga—. Me gusta mucho.

Lo dijo algo tímida, mordiéndose el labio ante una persona que la confiaba casi todo en su vida; básicamente porque Inma nunca la juzgaba, al contrario, la apoyaba en lo que fuera.

—Qué ojitos se te ponen. —Sonrió la amiga—. ¿Habéis hablado después de eso?

—Sí, hablamos todo el día. Me siento como una estúpida quinceañera.

—Eso no es malo.

—Ya... Además como me voy esta tarde donde mis padres, ella es de allí y ya hemos hablado de vernos más y eso... Así que el tiempo que pase por allí tiene pinta que será con ella.

—¿Y eso te alegra o te incomoda?

—Me alegra —respondió teniéndolo muy claro—. Después de ayer tengo más ganas de verla.

—Eso es maravilloso. ¿Cuántos años tiene?

—Treinta y seis.

—Ni joven, ni mayor; me gusta —murmuró Inma cogiendo una bolsa de cacahuetes, lanzándola al carro—. ¿Cuántos orgasmos tuviste?

—¿Te miento o te digo la verdad?

—Dime la verdad aunque me haga lamentarme por ser heterosexual.

—Ocho.

—¿¡Ocho!? —preguntó abriendo los ojos de par en par, consiguiendo que al menos cuatro personas las miraran—. Pero, ¿cómo ocho? Son ocho, son muchos. —Silvia asintió sonriendo—. Tienes que tener el coño como una lija, amiga.

—Nada que ver. Fue increíble, te lo aseguro.

—Madre mía, si es que es hablar contigo de esto y sentirme una desgraciada. ¿Ella cuántos tuvo?

—Tengo mis dudas entre cinco y seis, no los pude contar detalladamente.

—¿Se los piensas devolver?

—Lo voy a intentar, pero creo que en cuanto la tenga delante seguiré cayendo yo antes de tiempo.

Inma sonrió negando con la cabeza, a veces maldecía que su propia amiga, que ligaba infinitamente menos que ella, fuera tan afortunada.

Se encontraban comprando, una gran compra para Inma y una pequeña de larga duración para Silvia; una vez que sabía que no volvería a su casa por una larga temporada, decisión incrementada sin duda alguna por la figura de Valentina, quería dejar un par de cosas de emergencia en su nevera, comida que, si se estropeaba no pasaba nada, pero que si tenía que volver de emergencia, tuviera allí.

—¿Entonces ya no te veo hasta la vuelta?

—No —respondió Silvia cerrando el maletero del coche de su amiga—. Espero que te lo pases bien.

—Mejor me lo pasaría si hubieses aceptado mi invitación a esa fiesta tan selecta.

—No es mi sitio y sabes que prefiero estar con mis padres.

—Solo te lo acepto porque hace mucho que no les ves. —Ella asintió recibiendo enseguida un abrazo de su amiga—. Pásatelo bien y no folles tanto.

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