Tres horas agarradas de la mano, huyendo de una realidad que dolía mucho, en un viaje en tren que ambas conocían muy bien; muy lejos de la ciudad de Silvia y aún más de la de Julia. Pero nada de eso importaba. Salieron de la estación, de la mano, a toda prisa y sin detenerse lo más mínimo. No había hecho ninguna llamada, ni una sola; la mayor comprendió el tremendo error que había cometido cuando abrieron la puerta sorprendiendo a sus habitantes. Marimar y Juan pasaron por dos fases: una primera y corta, con ilusión ante una visita inesperada; la segunda, más duradera e intensa, de preocupación ante dos rostros que conocían muy bien y que no les gustó nada ver.
Julia preocupada y Silvia completamente desencajada.
Les indicó con la mano que tenía libre que esperaran, no era el momento; Julia entró directamente a la habitación de su hermana, abriendo la cama y dejando que se tumbara. Bajó la persiana, acomodó la almohada y comprobó rápidamente todos los bolsillos del pantalón de su hermana.
—Estamos los tres fuera —susurró arropándola—. Grita, ¿vale?
Se encogió sobre ella misma, hecha una bola y arropada hasta las cejas; porque en cuanto su hermana cerró la puerta, presa del cansancio y del dolor, cayó rendida en una casa que era sinónimo de seguridad.
Pero toda la paz que se respiraba entre esas cuatro paredes, había desaparecido fuera.
—¿Qué ha pasado?
—Me ha llamado esta mañana llorando porque Valentina la ha dejado —contestó sentándose al lado de sus padres—. He salido corriendo hasta su casa, cogiendo los primeros vuelos. Pero he tardado tanto que Anna ha ido a recoger no sé qué que por lo visto se había dejado en la maleta de Silvia. —Sacó del bolsillo de su pantalón la bolsa de cocaína—. Cuando he llegado tenía esto entre las manos, es de Anna. Han discutido, aunque no me ha contado porqué, pero supongo que se ha vuelto a meter... —Julia suspiró—. Me ha suplicado que la sacara de allí porque estaba a nada de meterse.
Lo soltó rompiéndose, llorando ante una situación que habían querido evitar los tres. Marimar y Juan enseguida abrazaron a su hija mayor, conscientes de lo que significaba para ella todo eso.
—No lo ha hecho —dijo como pudo, intentando recomponerse—. Estaba aterrada, como si no confiara en ella. Tenía tanto miedo en su mirada... Que lo único que se me ha ocurrido ha sido traerla aquí.
—Has hecho bien —susurró su padre tragándose las lágrimas—. Está bien, Julia.
—La cuidaremos.
—Puedo pedir en el trabajo unos días, hablar con Luis, algo...
—Sabes que nosotros podemos estar con ella, pero Silvia te va a querer a ti.
—Lo sé, por eso. —Miró a sus padres alternativamente—. Quiero que me cuente lo que ha pasado con Anna, pero no descarto llamar a Marisa.
—¿A Marisa? ¿Crees que es necesario?
—Espero que no, pero quiero estar preparada para lo que sea.
Y así sería.
Pero para disipar todas sus dudas sobre qué hacer, tenían que esperar a que Silvia se lo aclarase.
—Será mejor que descansemos —dijo Juan intentando ser razonable—. Mañana será duro seguramente.
Ambas asintieron poniéndose de pie, dándose un abrazo que no deseaba buena y feliz noche, sino un ánimo silencioso para el día siguiente. Julia fue a su habitación terminando de avisar a su marido que no volvería a casa, al día siguiente llamaría al trabajo y empalmaría con el fin de semana.
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CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
