CAPÍTULO 13
Al sur de Francia, una pequeña localidad de tan solo quinientos habitantes. Tranquila, antigua y con un lago al lado del pueblo. No se podía llegar ni en avión ni en tren, tan solo en coche. Ni siquiera era turístico, al contrario, familiar y hogareño. Indetectable en cualquier mapa, pero no en el conocimiento de una persona que viajar, era su modo de vida; disfrutar en otros países era parte de su ADN; pero, sobre todo, descubrir lugares como esos, se convertía en su mayor pasión.
—Según el mensaje, nos ha dejado las llaves entre el felpudo y una maceta, en una roca de mentira.
Se bajaron del coche, una directa a por la llave de entrada y la otra mirando a su alrededor. Estaban al final de la localidad, por un pequeño camino de piedras que acababa en la entrada, al lado de un restaurante y una tienda para comprar comida.
—¡La tengo!
—¿Cómo sabías que esto existía?
—Busqué en google sitios con encanto. —Silvia se giró para mirar escéptica a Anna—. Lo vi hace mucho tiempo en Twitter, de estas fotos que suben con atardeceres alucinantes y esas cosas; me guardé el nombre y supe que, tarde o temprano, tenía que venir.
—¿Y has decidido pasar tu desintoxicación en un pueblo así?
—¿Qué tiene de malo?
—Que le vas a coger mucho asco...
Una casa adaptada al invierno, con estufa de leña para calentar, además de unos radiadores que ya estaban en funcionamiento. Una cocina abierta, un baño y una habitación. En el salón una televisión enorme con un sofá kilométrico; junto a la cama, era lo más grande que había en esa casa. El baño era rústico, pero precioso. Todo tenía una apariencia antigua pero modernizado al mismo tiempo, era sorprendente cómo todo se adaptaba y fusionaba sin molestar a la vista.
—¿Una cama? —preguntó Silvia dejando las maletas.
—Hay un sofá, puedo dormir en él si estás incómoda.
—No, no, tranquila...
—¿Te molesta?
—No, nos apañaremos.
Así lo harían.
Silvia encendió la estufa para no pasar frío, mientras que Anna empezaba a colocar la ropa en el armario; la de las dos, con cuidado de no fisgonear entre las cosas de su acompañante más de la cuenta.
—Habrá que comprar comida —dijo Silvia desde la cocina viendo que, tanto los armarios como la nevera, estaban vacíos.
—Ahora vamos.
Total, tenían una tienda al lado de la casa.
Una vez que la cantante terminó de colocar la ropa y esperando a que la casa se calentara gracias al fuego que había hecho la técnico; aprovecharon para ir a la tienda y comprar comida. Cosas fáciles de hacer, sobre todo calientes. Una lista de la compra inventada por Silvia, quien negaba o afirmaba según lo que creía le vendría mejor a Anna cuando estuviera en su peor momento.
Tardaron casi una hora en volver a la casa; el fuego ya estaba prácticamente apagado, sin embargo, reinaba un calor muy acogedor. Colocaron las cosas en los armarios que vieron y, una vez que terminaron, Anna se sentó en el sofá, mirando fijamente al fuego, reavivado otra vez.
Se llevó dos dedos a la nariz inconscientemente. Fue en ese mismo momento cuando se dio cuenta de lo que empezaba a demandar. Habían pasado muchos días desde la última vez y el cuerpo no tardaría en reaccionar.
—¿Todo bien?
—Sí... —respondió volviendo en sí—. Estaba pensando. ¿Qué tal se lo ha tomado Valentina?
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CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
