—¿Estás dormida?
—No.
Ante la respuesta de Silvia, Anna levantó la cabeza del pecho de su acompañante y la colocó justo a su lado. No hizo falta que se movieran mucho más. Ni la más pequeña movió su mano del costado de su empleada, ni ella quitó la suya del cuerpo de la cantante. Llevaban varias noches durmiendo así, abrazadas. Anna lo había necesitado unos días antes, temblando y con un insomnio que arrastraba durante varias horas molestas; se giró y abrazó a Silvia de una manera tan necesitada que la técnico no pudo rechazarle. Y lo que se convirtió en algo eventual, pasó a ser habitual para ambas.
—¿Me voy a acordar de esto en un futuro?
—Sí. Siempre.
—¿Y qué recuerdas tú?
Silvia miró a Anna durante unos instantes. Era la primera vez que hablaba tanto de esa oscura etapa de su vida desde que pasó... Sin contar las terapias. Nunca se había abierto tanto con alguien, básicamente porque nadie de su nueva y renovada vida conocía su pasado. Pero ahí estaba, su jefa, conocedora de cada detalle, queriendo saber más, abriéndole en canal algo que ella había cerrado para siempre y para todos.
—Quería arrancarme la piel —respondió mirando al techo—. Literalmente. Estuve atada a una cama tres días porque sino, estoy segura que hubiera acabado matando a alguien o... Matándome a mí misma.
—Estabas en una habitación vigilada y encerrada, poco podrías hacer.
—Te sorprendería la necesidad que se te crea en la cabeza. Yo solo necesitaba meterme, necesitaba volver a drogarme. Y como no tenía acceso a nada, la primera noche la dediqué entera a observar cada objeto o cada minúsculo centímetro que me rodeaba. —Anna se sentó a su lado, mirándola, pero sobre todo, escuchándola con atención—. La pata de la cama, la sábana, el picaporte de la puerta... Cualquier cosa me habría servido esa noche.
—¿Y después?
—Cuando se me pasó el mono —contestó sentándose justo frente a ella—. Empezaron las terapias, las conversaciones, los paseos, los libros... Todo se vuelve más tranquilo, pero también empiezas a ser consciente de dónde estas y por ende, de lo que has hecho. Cuando se me pasaron los síntomas y empecé a pensar como una persona normal, es cuando me di cuenta que siempre sería una drogadicta.
—No eres...
—Una de las primeras cosas que tienes que hacer para darte cuenta del proceso de recuperación, es asumir lo que eres. No lo intentes cambiar por hacerme sentir mejor —dijo interrumpiéndola—. Tu has querido desintoxicarte, yo nunca quise. Eso es distinto.
—No me consuela mucho.
—Y haces bien. Porque aunque sea distinto, sigue siendo una mierda.
Anna asintió comprendiendo que, a partir de ese momento, una parte de ella estaría atormentada para toda la vida.
—Intenta dormir —susurró la técnico agarrándola una mano—. Lo necesitas.
Se dejo hacer. Silvia se tumbó arrastrando a la cantante con ella, tumbándola encima, como ya se habían acostumbrado, abrazadas; intentando que, de esa manera, cualquier fantasma pasado o presente las dejara en paz durante un tiempo.
Se despertó de pronto, sintiendo una brisa fría en sus pies. Se había desarropado por completo, pero eso no era lo que la había sorprendido, sino que, como tantas otras noches, Anna no estaba dormida prácticamente sobre ella. Solo le hizo falta desperezarse del todo en cuestión de segundos para escuchar el toqueteo de unas cuerdas que Silvia conocía a la perfección: el sonido melódico de una guitarra.
ESTÁS LEYENDO
CANTA(ME)
Roman d'amourEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
