No se podía creer lo que estaba haciendo, y había pasado tanto tiempo desde la última vez que quedaba con una chica en plan cita, que estaba hasta nerviosa... Y eso que ya se habían acostado.
Eran casi la una de la tarde, y Valentina estaba a punto de llegar a su ciudad desde la de sus padres. Habían hablado tanto en cuanto terminó el acústico que, sumergida en esa vorágine de sensaciones y buenos recuerdos, Silvia había accedido a quedar con ella. Valentina se había ofrecido a viajar, en un trayecto de casi tres horas, con tal de pasar el día juntas. Su tren de vuelta era a las once de la noche.
¿Era mucho tiempo? Silvia prefería no pensarlo porque ganas tenías, pero no sabía si tenía tantas.
Todo se incrementó cuando la vio aparecer. Abrigada hasta las cejas, con una boina en crema a juego con su abrigo, unas botas negras de tacón que le hicieron sonreír casi de inmediato y una sonrisa tan bonita como la recordaba. Valentina era una gran mujer y en ese instante, se acordó que era lo que tanto le había llamado su atención.
—Hola.
—Hola.
Fue un solo segundo de confusión, de duda por no saber cómo saludarla; hasta que tomó la iniciativa agarrándole la mano, cubierta por unos guantes, que la acercó a ella para darle un pequeño beso.
—¿Se te ha hecho largo el viaje?
—Un poco —contestó la chica—. Pero merece la pena.
Otra de las cosas que le habían gustado de Valentina era su atrevimiento, siempre predispuesta y directa.
—Tengo dos planes organizados, hacemos el que quieras.
—¿Cuáles?
—El primero es enseñarte la ciudad de día y luego cenar. O ir a mi casa para que te calientes un poco, que vendrás helada y enseñarte las luces de navidades de noche. La ciudad está muy bonita.
—Me gustan los dos planes... —murmuró pensando—. ¿El plan de calentarme cómo es exactamente?
Silvia sonrió mordiéndose el labio y encogiéndose de hombros miró a su acompañante.
—Como quieras. Tengo calefacción pero puedo calentarte yo.
—Entonces creo que me conformaré con ver las luces a la noche.
—Vale —susurró la técnico dándole otro beso—. Pues entonces vámonos.
Las dos sabían de sobra que Valentina no se había tragado un viaje tan largo para ver una ciudad a la que podía ir cuando quisiera; ella estaba de visita para estar con Silvia, no para hacer turismo.
El trayecto en coche desde la estación hasta donde Silvia vivía estaba a una media hora, que se la pasaron calentando el ambiente en un coche muy pequeño para lo que podía soportar. Les daba igual lo que tuvieran que contar, que Silvia viajara al día siguiente y podrían verse nuevamente; nada de eso estaba en sus planes. Los recuerdos de una noche salvaje, caliente y excitante retumbaban en la cabeza de las dos; mucho más dentro de Valentina cuando decidió que ese viaje ya había sido lo suficientemente largo como para seguir esperando y decidió, en plena carretera, meterle mano a su conductora.
Silvia tuvo que hacer grandes esfuerzos para concentrarse, aparcando en su calle cuando notaba su pantalón demasiado húmedo para lo que quería.
—Llevo tres horas dándole vueltas a nuestra noche —dijo Valentina entrando en el portal, cuando Silvia le sobaba el trasero y lo que no era solo el trasero—. Y te quiero hacer tantas cosas que me voy a quedar sin tiempo.
—Mañana vuelvo a casa de mis padres —susurró ella dándole media vuelta, empotrándola contra el ascensor para besarle el cuello—. Vamos a tener muchos más días.
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CANTA(ME)
Roman d'amourEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
