Capítulo 24

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Nada más salir del ascensor, tuvo toda la intención de llamar a la puerta; sin embargo, se abrió de pronto sorprendiéndola.

—¡Puta desagradecida!

Ese era Asier, gritando y yéndose de casa de Anna con un enfado que no podía disimular. No le dijo ni hola pese a que sabía perfectamente quién era. Tampoco le sorprendía; de entre todo el entorno de la cantante, el que peor educación tenía con los que eran de segunda, era él... Sin duda alguna.

Se miraron mutuamente; pero ni él dijo nada, ni ella tampoco. Vio como cogía el ascensor y se marchaba dejando la puerta abierta y el rastro de un enfado monumental.

Silvia, por su parte, empujó la puerta y entró; sin esperar invitación alguna. Quería pensar que todo lo que rodaba a Anna, no le hacía falta. Nada más cerrar la puerta escuchó un tímido llanto proveniente de una puerta que se encontraba a la izquierda. No había estado nunca en esa casa; y no iba a ser en ese instante cuando se fijara en la decoración ni en la distribución.

Apareció por el salón, tímida y algo precavida por lo que se fuera a encontrar; que no fue otra situación que Anna sentada en el sofá, abrazándose a sí misma y llorando.

—Silvia... —susurró limpiándose las lágrimas que le caían por las mejillas.

—Hola. —Sonrió tímidamente la técnico, yendo a su encuentro—. Perdón por entrar sin llamar, Asier dejó la puerta abierta.

—No te preocupes, tienes las puertas abiertas siempre que quieras.

Silvia asintió mirando detenidamente a su acompañante.

—¿Qué ha pasado?

—Le he despedido —contestó perdiendo la mirada—. Aunque lo llevo haciendo un año y al final acabo llamándole arrepentida. —Sonrió irónicamente—. Es estúpido de mi parte porque le necesito pero no le aguanto.

—No le necesitas tanto como crees.

—Los números de mi carrera no dicen lo mismo.

—Hay más managers en el mundo, Anna, no sólo existe Asier.

—Llevo trabajando con él desde que salí de la academia, es el que mejor me conoce.

—¿Tú crees? Porque te obliga a sacar cosas que no te gustan... Por no hablar de lo más evidente.

Ninguna de las dos quiso añadir más a esa frase. Era tan reveladora que hasta dolía. A Anna no le convencían las palabras de Silvia; confiaba en Asier, todo había ido bien con él, era una locura pensar en la idea de seguir en la industria sin él. Era, sencillamente, absurdo.

—Te he intentado llamar —dijo rompiendo el silencio que se había creado entre ambas—. Pero después de lo que te dije, imaginé que no querías verme.

—He estado en casa de mis padres... Con Julia. Lo necesitaba.

—Lo siento.

—Da igual, Anna —susurró Silvia estirándose las mangas de su camiseta—. Estar con ellos siempre me da perspectiva y Julia me ha ayudado mucho. Por eso estoy aquí. —Tomó aire organizando su cabeza; y es que, aunque había hablado con su hermana de todo lo que quería decir, una vez que estaba frente a Anna, todo se le había olvidado; Silvia era, en ese momento, como un lienzo en blanco, con mucho que decir pero sin saber cómo—. Ese día cuando viniste a casa, lo acababa de dejar con Valentina. —Sólo con esa frase, tuvo toda la atención de Anna—. Y me ha afectado, mucho; pero no tanto como lo que tú me dijiste.

—Nada de lo que dije iba en serio.

Era una pena esa afirmación, porque Silvia quería que algo de todo lo que dijo fuera verdad. Pero antes de abrirse en canal, necesitaba saber algo por encima de todo.

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