Capítulo 6

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Cada vez que miraba a Anna dormir a su lado en el trayecto hasta la ciudad de sus padres, más se daba cuenta de la tontería que había hecho. ¿Qué pintaba allí? Le parecía increíble que la hubiera invitado a pasar las navidades con su familia, pero mucho peor le parecía que hubiera aceptado. No tenía por donde cogerlo ni entenderlo.

Sus amigas estaban como locas, querían conocerla y Silvia ni siquiera sabía cómo contarle a Anna que se iba a convertir en la atracción de feria de esas navidades. Hasta la propia Valentina había confesado tener cierta curiosidad por conocerla, tampoco sabía si lo mejor era presentársela, porque a fin de cuentas, ¿cómo presentaba a Valentina?

Una parte de ella que no comprendía de todo, quería hacerle partícipe de todo eso, de esos días; pero otra quería que pasaran esos días y que Anna volviera a su vida. Pero, ¿qué vida? Tragó saliva pensando en eso, mirándola mientras dormía apoyada en una pequeña almohada que siempre la acompañaba en las giras. Silvia tenía la suerte de contar con su familia, pero la cantante no. Quizás esa parte era la que le ganaba, la misma que quería enseñarle todo.

MAMA_10:43

Ya estamos aquí, pero solo papá y yo para no agobiarla

SILVIA_10:44

Gracias, mamá. Llegamos en torno a las 11

Guardó el móvil en el bolsillo del pantalón y con cuidado, empezó a despertar a una artista que se pasó casi todo el trayecto dormida.

—¿Ya hemos llegado? —preguntó casi de inmediato.

—Nos quedan solo diez minutos.

Comprobó la hora en su teléfono, un temblor en sus manos que no pasó inadvertido para Silvia.

—¿Estás bien?

—Sí —contestó cerrando con fuerza sus manos—. Se me pasará.

Asintió no muy conforme, pero ese tema prefería dejarlo para otro momento en el que no sintiera que todo el mundo se la venía encima.

—Quiero ponerte en situación y siento lo que vaya a pasar, pero... Todo el mundo está deseando conocerte.

—¿Quién es todo el mundo?

—Mis amigas y bueno, mis sobrinas son muy fanáticas y te puedes imaginar.

—¿Cuántos años tienen?

—Diez y doce.

—Qué monas. —Sonrió ayudando a una Silvia que estaba visiblemente nerviosa—. No tienes de qué preocuparte, será un placer atender a quién sea. Encima que me ayudas, no pondré pegas.

La amabilidad de Anna no calmó los nervios de Silvia, era una situación tan irreal que no sabía muy bien qué podía pasar.

Cogieron la maleta de la cantante y la mochila de Silvia en cuanto pararon en la estación; y tal y como había sucedido días atrás, salieron hacia ese andén recién reformado para reencontrarse con lo más esencial que Silvia tenía en su vida.

—Anna... Si por lo que sea te agobias, dímelo, por favor.

—Deja de preocuparte. Seguro que tu familia es casi tan encantadora como tú.

—Por si acaso.

—Venga —dijo Anna agarrándole del brazo—. Quiero conocerles ya.

No entendía por qué se preocupaba tanto, dos días atrás, Anna era su jefa, nada más. Pero en ese instante le preocupaba lo que opinara de su familia, lo que ellos opinaran de ella; sentía que, se estaba metiendo en un agujero del que le iba a costar salir.

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