—¿Crees que lo mejor es que salga de fiesta?
—No es una fiesta —contestó Silvia terminando de colocarse la camisa—. Vamos a casa de una amiga a tomar algo y nos venimos.
—Pero quizás es mejor que me quede aquí, durmiendo.
—Te vendrá bien airearte —insistió—. Estamos un rato y nos venimos.
—Tampoco quiero que tú te vengas antes por mí.
—No te preocupes, no suelo salir mucho en navidad y todavía estoy cansada de la gira.
Era aproximadamente la una de la mañana cuando las dos salían de casa de los padres de Silvia, su destino era la casa de Lea, quien había organizado una pequeña quedada para celebrar, a su manera, la nochebuena.
La cena había sido una de las mejores y más calurosas que Anna recordaba en mucho tiempo. La familia de Silvia la había tratado como una más, sin comentarios despectivos ni nada que la hiciera sentir incómoda; todo lo contrario, parecía como si fuera una más de la familia. Había comido muchísimo, pero la mano que tenía Marimar en la cocina, fue la culpable de no poder decir que no a cada uno de los platos que la habían mostrado. No bebió, tan solo agua; conocía las consecuencias de empezar con alcohol y acabar con otras sustancias, aunque en ese momento no las tuviera cerca. Le llamó la atención que Silvia tampoco bebió, ni siquiera cuando su hermana quiso brindar unas cinco veces; ni una sola gota de alcohol.
Todo había ido tan bien que le daba miedo cagarla y romper la confianza que Silvia y su familia habían depositado en ella.
Para Silvia, que se había sentido intranquila durante la cena; se destensó en cuanto vio cómo Anna estaba bien y que su familia estaba cumpliendo su papel; hacerle sentir bien. En parte, por eso la había invitado, porque sabía de sobra que eran especialistas en olvidar cualquier problema y mucho más en esas fechas.
Su intención había sido quedarse en su casa, descansando y hablando con sus hermanos; pero un mensaje de Valentina diciendo que iba a casa de Lea y que la estaba esperando, decantó muchísimo la balanza. Por eso convenció a Anna, a quién también le vendría bien airearse de una cena que, aunque hubiera ido bien, el ambiente familiar siempre cansaba y, a veces, agobiaba.
No mentía cuando le había dicho que estaba cansada, de hecho, no tenía intención de volver tarde; sus planes estaba claros, ver a Valentina, ojalá escaparse un segundo y volver antes de provocar en Anna una sensación incómoda.
Claro que, todos sus planes y organización se fue a la mierda en cuanto la puerta de la casa de Lea se abrió. Valentina estaba frente a ellas, con un vestido estrecho maravilloso que se adaptaba a cada curva de su cuerpo y con un escote que dejaba a la vista un canalillo que se le antojó muchísimo más que la propia cena.
—Hola, bienvenidas.
Silvia dejó que Anna pasara primero, sin despegar los ojos de una Valentina que estaba absolutamente espectacular.
—Estás impresionante —susurró Silvia cuando se acercó para darle un beso.
—Esperaba dejarte sin habla.
—Lo has conseguido. —Asintió mirándola de arriba abajo—. Ya lo creo.
—¡Bienvenidas!
Esa era Lea, indicándolas que entraran y que se dejaran de tonterías en la entrada de su casa. En el interior ya había tres personas, todas amigas de Silvia con las que ya habían quedado el día anterior.
—¿Cómo estáis? ¿Qué tal ha ido la cena? —preguntó Lea.
—Bien, la familia de Silvia es maravillosa.
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CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
