Capítulo 11

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Todas las festividades relacionadas con la Navidad pasaron de una manera que Silvia no había previsto un mes atrás. Con su familia las cosas fueron como pensaba, tranquilas y en paz, bañadas en ese cobijo que sus padres tenían para los tres hijos, repartidos por igual a cada miembro de la familia. Desconocía cuánto tardaría en volver con ellos, pero deseaba que no se hiciera tan largo como el período anterior. Aunque siempre juraba visitarles más fines de semana seguidos, esos planes quedaban suspendidos casi siempre; bien por agenda o bien por cansancio.

Y por otra parte estaba Valentina. Apenas se habían separado esos días y es que, tampoco lo habían necesitado. Silvia prácticamente se había acoplado en la casa de la publicista; tan solo salía para visitar a sus padres y a sus hermanos; sobre todo si Julia se lo pedía. No tenían la menor idea de si lo suyo saldría bien o no, pero que ambas le estaban poniendo todas sus ganas, era indiscutible.

Se encontraban en el sofá, abrazadas, viendo terminar una película que Valentina había decidido. Ni siquiera habían cenado aún; tal cual había llegado la publicista del gimnasio, tras ducharse juntas, se habían hundido en el mueble, la una contra la otra, bajo una manta que, no les hacía ninguna falta. Sus propios cuerpos irradiaban calor de sobra.

—Voy a pedir la cena —dijo Valentina cogiendo su teléfono—. ¿Hay algo en especial que quieras?

—Me da igual. Puedo hacerla si quieres.

—No, no me apetece que te levantes ahora mismo.

—Vale.

Silvia sonrió volviendo a dejar su cabeza apoyada sobre el pecho de Valentina. El calor que sentía la técnico estaba lejos de ser un mero número de temperatura. Era calidez, confort, una comodidad interna que llevaba años sin sentir; eso por no ser franca y consciente de que nunca, jamás, había sentido algo parecido... Al menos que ella recordara.

—Oye... Le he estado dando vueltas a algo hoy. ¿Qué te parece si me acerco un día de los que vais a estar Julia y tú en tu casa? —Ante la pregunta, Silvia volvió a levantar la cabeza mirando a la que, suponía, era su novia—. Sé que es un plan vuestro y si no te apetece, lo entendería; pero me gustaría pasar tiempo con Julia.

—¿Con mi hermana? ¿Por qué?

—Lea me ha dicho que es muy protectora contigo y, bueno, me gustaría caerle bien —dijo tirando el móvil al suelo una vez que la comida estaba encargada. — Así que, si te parece bien, me gustaría pasar tiempo las tres.

—Claro —susurró Silvia sonriendo—. ¿Por qué me iba a parecer mal?

—Por si vais a pasar los días en plan chicas, hermanas inseparables.

—Bueno, sí, normalmente lo hacemos así, pero puedes venirte, no le va a importar.

—¿De verdad?

—Pues claro. —Sonrió todavía más, si es que eso era posible—. Me alegra mucho que quieras acercarte a Julia.

—Quiero acercarme a todo lo que tenga que ver contigo, nena.

Ese calor interno que Silvia estaba sintiendo, se incrementó considerablemente ante una petición que estaba muy lejos de ser costumbre para ella. Por esa razón, sin borrar la sonrisa de su rostro, que era imposible, se lanzó hacia los labios de su novia.

Y es que no, el tiempo que había pasado con Julia siempre había sido de las dos; nunca nadie se había metido por medio; ni su cuñado, ni su hermano y mucho menos sus padres, encantados de que sus dos hijas se llevaran tan bien.

Para Silvia, pasar tiempo con su hermana era un paréntesis en su día a día. Era su verdadera zona de confort, la calidez que estaba sintiendo con Valentina, siempre la había encontrado y sentido al lado de Julia. No concebía hacer nada sin hablarlo antes con ella, era imposible que ella estuviera preocupada y no llamarla de inmediato. Puede que no se vieran tanto como les gustaría a ambas, pero, sin duda alguna, cuando tenían un par de días juntas, lo aprovechaban para ponerse al día, hablar de absolutamente todo sin problema y de cuidarse la una a la otra.

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