—Está dormida —dijo Silvia sentándose en las escaleras del porche—. Ha pasado muy mala noche vomitando, así que estará cansada. Le tengo preparada un poco de sopa para cuando despierte.
—¿Y tú has dormido?
—Muy poco. Pero yo ya tendré tiempo de dormir.
—Permíteme que lo dude.
—Da igual... ¿Tú qué tal?
—Pues bien, nena. Estoy saliendo del gimnasio. Odio venir por las tardes.
—¿Hay mucha gente?
—Ni te lo imaginas. Pero bueno, todo sea por mantenerme en forma.
—Apoyo ese pensamiento sin duda alguna.
—¡Jáá! —carcajeó Valentina al otro lado del teléfono—. ¿Me echas de menos?
—Mucho... Lo último que quería era estar aquí, pudiendo estar contigo.
—Bueno cariño, ya te lo dije, no tenías que irte con ella, no le debes nada.
—Eso ya lo hablamos.
—Lo sé, lo sé... —suspiró Valentina—. Esta mañana he presentado lo del anuncio del reloj, ¿te acuerdas?
—Sí, claro que me acuerdo. ¿Qué te han dicho?
—Lo tienen que estudiar con la empresa pero yo creo que está hecho. En unos meses verás por la televisión a una deportista de élite anunciándolo y será gracias a mí.
—Eres un genio.
—Lo sé. Aunque tampoco es que tenga mucha competencia. Dame un segundo que pongo el manos libres del coche. Ya.
—¿Vas a casa?
—Sí. Mañana tengo que estar una hora antes en la oficina, así que voy a cenar y a meterme en la cama... A no ser que quieras hacerme una llamada para darme las buenas noches.
—Me encantaría llamarte.
—¿A las once?
—A las once. Estaré como un reloj.
—Vale pero prométeme que no va a estar la otra escuchándote. —Silvia sonrió ante ese comentario—. Silvia, cariño, quiero que me digas guarradas, por si no te está quedando claro.
—Me estaba quedando muy claro, pero gracias por tu clarividencia.
—Así me gusta. Pues voy para casa, hablamos luego.
—Vale. Avísame cuando llegues a casa.
—Descuida. Chao, nena.
—Hasta luego.
No hizo más que pulsar el botón rojo de su teléfono cuando escuchó el crujido de una tabla por su espalda. Era Anna, intentando ser sigilosa.
—Perdón. No estaba cotilleando.
—No pasa nada —respondió Silvia siendo consciente que por la noche tendría que buscar otro sitio donde hablar—. ¿Has descansado algo?
—Sí —dijo sentándose al lado de la técnico—. Aunque me encuentro fatal.
—Es normal. Tienes un poco de sopa hecha, si quieres la caliento.
—No, tengo el estómago fatal. Supongo que es por vomitar. —Silvia asintió—. Quizás una ducha sí que me doy.
—Dátela esta noche antes de dormir —afirmó en parte calculando para su propio beneficio—. Seguramente sea lo mejor.
Anna no discutía nada proveniente de Silvia, no podía quejarse. La estaba cuidando y atendiendo en todo lo que necesitaba. Jamás se la ocurriría abrir la boca para contradecirla en todo ese proceso.
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CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
