La risa de Silvia rebotó entre las cuatro paredes de la habitación. A cambio, Anna escondió su rostro en la almohada, porque como la mirase una sola vez; se moriría de la vergüenza. Sin embargo, la cercanía del cuerpo de la técnico al suyo y sentir la mano acariciarle la cabeza, fue lo que la convenció para mirarla, con una sonrisa y un hormigueo a la altura de su estómago que estaba muy lejos de compararlo con el malestar de las drogas.
Aquella sensación, era increíblemente verdadera.
—Te diste cuenta, vale, pero, ¿te gustó?
—Claro que sí. Fue una canción muy bonita... Deberías incluirla en el próximo disco.
—No. Esa canción quiero que sea nuestra, para ti y para mí, para nadie más.
—Vale —susurró Silvia recibiendo la mitad del cuerpo desnudo de Anna sobre el suyo, acercándola a sus labios y besándola como llevaban haciendo desde que sus vidas habían vuelto a reencontrarse—. ¿Conseguiste el abogado?
—Sí. Le llamé por la noche. Dice que aunque Asier pretenda quedarse con la mitad, no deja de estar todo a mi nombre, así que poco puede hacer.
—No quiero tampoco que te metas en estos líos —dijo Silvia preocupada—. Debes enfocarte en tu carrera, no en juicios.
—Lo sé, pero quiero hacerlo, es mi trabajo. No quiero que se quede con algo que no es suyo.
Anna ya se había reunido más de diez veces con su nuevo manager, Héctor; uno que Silvia conocía de haber trabajado con otros cantantes. El lado opuesto a lo que era Asier. Quien, evidentemente, quiso demandar a Anna por incumplimiento de contrato, exigiendo el cincuenta por cierto de sus ganancias durante el tiempo que había estado con ella. Puede que Anna tampoco quisiera meterse en peleas judiciales; pero su carrera musical era suya, de nadie más, no quería permitir que, después de todo, Asier le robara más vida de lo que ya había hecho.
—¿Qué hora es?
—Van a ser las doce —contestó Anna acariciando la parte del brazo de Silvia que era, ligeramente, distinta al resto de su piel—. ¿Tienes que ir a algún lado? Porque no pienso dejar que te muevas.
—En algún momento tenemos que hacer cosas productivas.
—A mí no me lo parece.
—No, claro, por ti es que estaríamos todo el día en la cama.
—¿No te parece un plan maravilloso?
—Sabes que sí... —Silvia sonrió acercándose a una boca que ya era suya. Le daba igual lo que hubiera vivido antes, cada milímetro de Anna, era de ella y así se lo había hecho saber desde que había salido de la clínica—. Pero lo cierto es que sí... Y tú también. —Solo entonces se ganó la mirada de su acompañante—. Hay algo que no te he contado.
—¿Qué pasa?
Silvia se incorporó, obligando a Anna a hacer lo mismo. Agarró sus manos con delicadeza, algo nerviosa por lo que diría instantes después. Desconocía como iba a reaccionar su novia pero, deseaba, que no se lo tomara del todo mal.
—Durante tu ingreso en la clínica, cuando hice todo lo de la fundación, el manager y todo eso... Conté con ayuda. —Silvia tragó saliva teniendo miedo por cómo acabaría todo eso—. Tus padres.
—¿Qué?
—Le pedí ayuda a Javi y a Inma, y ellos hablaron con Asier. —Vio como Anna fruncía el ceño—. Y fui en su búsqueda.
—¿Les...? ¿Les has visto? —Silvia asintió—. ¿Cuándo? ¿Qué te dijeron?
—Al poco de ingresar en la clínica, fui al restaurante.
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CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
