Anna se había adaptado a todas sus amigas enseguida. Puede que, si quitaban quién era, lo que implicaba tener a la número uno de las listas de streaming con ellas; se quedaba tan solo una joven con una edad similar a la del resto. Las amigas de Silvia, una vez que asumieron quién iba a estar un par de días con ellas, se les bajó la novedad; eso sí, las doscientas preguntas hacia Anna no cesaron. Casi todas por famosos, por su mundo y por cómo era. Podrían hacerle competencia a cualquier programa de cotilleos.
Por su parte, Silvia, se mantenía a contemplar aquella extraña e inusual convivencia entre su mundo laboral y el personal; mientras esperaba a Valentina. No le había avisado que se retrasaba, pero sí fue Lea quién le contó que tenía que acompañar a su hermana a hacer unos recados. Iría, por supuesto que iría; pero quizás más tarde que temprano.
Hasta que una hora después, apareció por la entrada del bar en el que se encontraban. Con una sonrisa de oreja a oreja, sus miradas, no muy discretas, se clavaron la una sobre la otra.
—¡Val! —exclamó Lea—. Al fin.
—Me entretuve más de lo que me gustaría. Hola, chicas, ¿hay sitio para una más?
—Al lado de Silvia seguro que sí.
Esa era Lea, quién se ganó una burla por parte de Silvia. Pero razón llevaba; o puede que no lo hubiera y lo hicieron aposta. El caso es que con una silla de la mesa de al lado, la colocó justo junto a Silvia y ninguna puso pegas alguna.
—Tú debes de ser Anna.
—Hola.
—Valentina, encantada— dijo estrechándole la mano—. ¿Cómo estás?
—Bien, muchas gracias.
Val asintió mirando enseguida a su compañera, pues el estado anímico de Anna le daba igual.
—¿Tú qué tal?
—Ahora mejor —contestó Silvia mientras el resto empezaban un debate sobre el incremento en el precio de las entradas para los conciertos—. ¿Lo has hecho todo?
—Sí. —Suspiró acomodándose tras quitarse el abrigo—. No tenía ganas de hacerlo, pero era hoy o me mataba.
—Bueno, pero ya has llegado.
Se sumaron a la conversación, un largo debate entre temas que encadenaban unos con otros; pero ese día, todos tenían que ver con el fascinante mundo de la música.
Una Anna que al principio estaba sumergida en aclarar ciertos puntos de las dudas de las chicas, pero que poco a poco se fue apagando; quedándose sin ganas, o puede que sus ganas fueran hacia otro deseo. Pero no quería pensarlo.
Llevarían un par de horas, Silvia y Valentina ya habían desaparecido un rato con la excusa de irse al baño; cuando al darle un sorbo a una cerveza más caliente que fría, le revolvió el estómago.
—¿Quieres que llamemos a Silvia, Anna? —preguntó una de ellas al ver que se había quedado pálida.
—No —contestó—. Voy al baño a echarme algo de agua.
Todas la miraron y siguieron su recorrido, preocupadas e incrementando el rumor que estaba en el grupo desde que se habían enterado de su llegada.
Pero Anna no estaba para nada, pues entró al baño casi mareada y con unas náuseas que la provocaban el doble de malestar. Se chocó con la pared, arrodillándose frente a la taza de uno de los inodoros vacíos y empezó a vomitar sin poder evitarlo.
—¿Anna?
La voz de Silvia le llegó de espaldas, pero no pudo ni girarse, su atención estaba de lleno en aquella taza.
ESTÁS LEYENDO
CANTA(ME)
RomanceEl pasado y el presente de Silvia se ven enfrentados a causa de su jefa, la famosa Anna Llamas. Silvia, encargada del equipo de sonido de la exigente cantante; no lo tendrá nada fácil para soportar y controlar todo el torbellino que supone estar baj...
