El silencio que siguió a esa revelación era sofocante. Sasuke sentía que el aire en la habitación era demasiado denso, como si el peso de la verdad lo estuviera aplastando. Su mente aún procesaba todo lo que acababa de recordar, todo lo que Itachi acababa de decirle. Pero sobre todo, procesaba el dolor.
El dolor de saber que toda su vida había sido una mentira.
El dolor de recordar el abandono, los golpes, las amenazas…
El dolor de entender que nunca fue un hijo para Mikoto y Fugaku.
Que el único que lo protegió realmente fue Itachi.
—Tú… —su voz temblaba—. Tú me protegiste todo este tiempo… y yo…
Itachi lo miraba con tristeza, sin interrumpirlo.
—Y yo ni siquiera lo recordaba.
Sus propias palabras le dolieron más de lo que esperaba.
Sasuke siempre había creído que su infancia había sido relativamente normal… al menos hasta la masacre. Pero ahora, entendía que no había sido así. Nunca lo fue.
—Me dejaste con ellos… —murmuró, y su voz sonó más dolida que furiosa.
Itachi bajó la mirada.
—Nunca fue mi intención.
—¡Pero lo hiciste! —gritó Sasuke, con la desesperación de alguien que apenas comenzaba a comprender el alcance del daño—. Me dejaste con ellos… con ella… con él… y yo…
Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo que todo giraba a su alrededor.
—¿Cómo se supone que viva con esto ahora? ¿Cómo se supone que… que acepte todo esto?
Itachi se acercó, con una expresión que mezclaba dolor y ternura.
—No tienes que aceptarlo de inmediato, Sasuke.
Sasuke se quedó en silencio.
—Pero quiero que sepas algo.
Itachi se inclinó un poco, hasta quedar a su altura, y puso una mano en su hombro.
—Nunca dejé de buscar una forma de recuperarte.
Sasuke sintió que algo en su interior se rompía.
—Y esta vez… no voy a dejar que nadie nos separe otra vez.
Itachi lo abrazó.
Y Sasuke… Sasuke tembló.
Tembló porque su cuerpo reconocía ese abrazo.
Tembló porque su corazón quería rendirse y aceptar esa calidez.
Pero sobre todo, tembló porque, por primera vez en su vida, sintió que pertenecía a alguien.
Sintió que no estaba solo.
Y eso, más que cualquier otra cosa, lo aterraba.
El abrazo de Itachi era cálido, reconfortante. Pero Sasuke no podía corresponderlo. Su mente seguía enredada en la confusión, en el dolor, en la verdad que acababa de salir a la luz.
—No sé qué hacer con todo esto… —murmuró, con la voz temblorosa.
Itachi aflojó un poco el abrazo, pero no lo soltó del todo. Sabía que Sasuke necesitaba tiempo para procesarlo, para asimilar todo lo que acababa de recordar.
—No tienes que hacerlo de inmediato, Sasuke. Solo escucha, por favor.
Sasuke permaneció en silencio, pero no se apartó.
Itachi sonrió con tristeza.
—¿Sabes? Cuando eras un bebé, eras un desastre.
Sasuke frunció el ceño y lo miró con algo de incredulidad.
—No estoy bromeando —continuó Itachi, con una leve risa—. Te gustaba meterte en problemas todo el tiempo. Apenas aprendiste a gatear, empezaste a perseguirme por toda la casa.
Sasuke parpadeó, sorprendido por ese recuerdo que aún no llegaba a su mente.
—Un día, mientras mamá cocinaba, te escapaste de tu cuna. Apenas podías caminar, pero eso no te detuvo. Me buscaste por toda la casa, tambaleándote, hasta que por fin me encontraste en la sala.
Itachi lo miró con ternura.
—Ese día diste tus primeros pasos.
Sasuke sintió un nudo en la garganta.
—Corriste directo hacia mí, como si nada más importara. Me miraste con esos ojitos brillantes y, justo cuando te alcé en brazos, dijiste tu primera palabra.
Sasuke tragó saliva.
—Dijiste “mamá”.
El aire se volvió denso otra vez, pero esta vez por una emoción distinta.
—Yo… te corregí, por supuesto. Te dije: "No, Sasuke, yo soy tu nii-san". Pero no me hiciste caso.
Itachi soltó una risa suave, casi nostálgica.
—Después de eso, no paraste de llamarme de esa forma. Me seguías por todos lados, con tus bracitos en alto, pidiendo que te cargara, y siempre repetías: "¡Mamá! ¡Mamá!"
Sasuke sintió algo en su pecho. Algo cálido, algo que no dolía tanto como la confusión y la angustia que lo habían estado carcomiendo.
—Los miembros del clan pensaban que era gracioso y tierno, pero yo… yo nunca te corregí después de ese día.
Itachi bajó la mirada, su expresión se volvió melancólica.
—Porque, en el fondo, me gustaba escucharlo.
Sasuke sintió que algo dentro de él se removía.
—Me gustaba saber que me veías como alguien importante. Que confiabas en mí más que en nadie.
El silencio se instaló entre ellos.
Sasuke no sabía qué decir. Su mente aún luchaba por ordenar los recuerdos que apenas comenzaban a resurgir. Pero en su pecho, algo cambió.
Porque, aunque el dolor seguía ahí, aunque la confusión no desaparecía del todo…
Había algo más ahora.
Un rastro de calidez entre tanto caos.
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mentiras a la luz
Fiksi Penggemarver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
