cap 41

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El sol de la mañana apenas se filtraba entre los árboles cuando Papá, con el ceño serio de costumbre, se detuvo frente a la entrada.
-Prepárate, Itachi. Hoy saldremos a comprar lo que hace falta para Sasuke. -dijo con voz grave, observando al pequeño envuelto contra mi pecho

Itachi parpadeó sorprendido. Era la primera vez en dos meses que escuchaba la palabra salir vinculada a él y a su hijo. Hasta ese momento, todo lo relacionado con Sasuke se había mantenido en la intimidad de la casa, bajo el silencio que pesaba entre ellos.
-¿De verdad... podemos sacarlo? -preguntó en un murmullo, como si temiera que alguien lo escuchara.

Sasuke, ajeno a todo, seguia pegado a mi pecho, succionando con la fuerza voraz de siempre. Ya no era aquel recién nacido frágil y dormilón: sus ojos oscuros se movían atentos, buscando mi rostro en cuanto me apartaba un poco. El más mínimo intento de separarlo terminaba en un llanto insistente.

Papá soltó un resoplido.
-Es un niño. Necesita ropa, pañales y cosas que no podemos improvisar. Y tú... -alzó apenas la ceja, señalando cómo Sasuke se aferraba a la remera de Itachi-, necesitas aprender a manejarlo fuera de estas paredes.

El trayecto hasta el centro del distrito Uchiha fue corto, pero para mí se sintió interminable. Cada mirada, cada sombra, parecía pesar sobre mi. Mantenía a Sasuke firme en mis brazos, tapado con una manta ligera, temiendo que alguien pudiera notar lo mucho que se parecía a mi.

Sasuke, sin embargo, estaba fascinado. Sus ojitos se abrían y cerraban, como si intentara absorber la luz, los sonidos y el movimiento alrededor. De vez en cuando soltaba un pequeño quejido y enseguida buscaba con la boca, hasta que lo acomodaba de nuevo contra mi pecho tapado por mi remera.
-Es increíble... -murmuró Itachi, acariciando su cabecita-. Apenas tiene dos meses y ya quiere ver todo.

-Es glotón y curioso, como todo bebé sano. -replicó papá sin girarse, aunque una leve suavidad se filtró en su voz.

-Recuerda -le advirtió papá, con el tono firme de siempre-: nadie debe ver demasiado al niño. Lo que necesitan pensar es que es mío y de Mikoto. Así evitaremos preguntas.

acenti en silencio, apretando más a Sasuke contra mi. El bebé buscaba con su boquita, hambriento como siempre, pero solo podía acariciarle la cabeza para calmarlo. No podía darle pecho allí, en medio de la calle; me conformaba con mecerlo suavemente, susurrándole palabras que solo él y yo podíamos escuchar.

El camino hasta la tienda parecía eterno. Cada vez que alguien se cruzaba con nosotros, sentía que el aire se me acababa. Se mantenía unos pasos detrás de papá, cubriendo a Sasuke con la manta, evitando miradas curiosas.

Al llegar, papá tomó el mando. Habló con el vendedor, pidió ropa pequeña y pañales, midió con sus propias manos el tamaño que creía necesario. Nadie se fijó demasiado en mi, que permanecí apartado en un rincón, balanceando suavemente al bebé para calmarlo.

Sasuke, inquieto, soltó un quejido fuerte, como un reclamo. Mi corazón se encogió: sabía que lo que quería era pecho, pero no podía dárselo. Así que lo abrace con más fuerza, acariciándole la mejilla con el pulgar.
-Ya casi, pequeño... aguanta un poco más -susurre, con la voz cargada de ternura y dolor contenido.

Papá se giró de reojo y asintió apenas, comprendiendo el esfuerzo del bebe y mio. No dijo nada, solo pagó y recogió las bolsas.

Cuando por fin salimos de la tienda, respire aliviado. Había sido corto, pero sentía que acababa de librar una batalla.

Papá caminaba delante otra vez, serio como siempre. Pero al notar la manera en que yo protegía al bebé bajo la manta, soltó un comentario breve:
-Lo haces bien. Nadie sospechó nada.

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