cap 42

28 3 0
                                        

Desde que Obito volvió, la rutina en la casa se había transformado en un hilo tenso que parecía romperse con cada minuto que pasaba. Sasuke tenía ya cuatro meses y medio,  pero yo no podía relajarme, porque sabía que cada noche podía traer el peligro de que esté expuesto a los maltratos de Obito.

A las siete en punto, sin falta, todo cambiaba. Papá, que durante el día había sido serio pero presente, desde esa hora actuaba como si Sasuke y yo no existieramos. Nos ignoraba completamente: no hablaba conmigo, no nos miraba, no pasaba por los pasillos donde estaba mi cuarto. Era como si la noche nos borrara de la realidad.

Yo me acomodaba en el futón con Sasuke pegado a su pecho, cubierto con una manta gruesa, y sentía cómo cada sonido de la casa se amplificaba.

La primera visita llegó justo cuando Sasuke estaba terminando de succionar mi pecho. Un cosquilleo extraño recorrió mi nuca otra vez, la señal de que Tio Obito estaba allí otra vez. Apareció en el umbral de la puerta, con su Sharingan brillando.

—Hola de nuevo —dijo con voz calma y venenosa—. Espero que hayan pasado unos buenos días sin mí.

Sasuke lloró apenas percibió su presencia, y lo aprete contra mí con fuerza, protegiéndolo. Obito se acercó, sonriendo, y pellizcó las piernitas y bracitos del bebé, arrancando llantos desconsolados.
—Vaya, vaya… qué mocoso tan sensible. —Se inclinó hacia Itachi—. Y ahora que Fugaku ya no molesta gracias a mi pequeño genjutsu, podemos divertirnos de verdad, ¿no crees?

apenas podía respirar. Cada vez que Obito tocaba a Sasuke, mi bebé lloraba y se agitaba, y yo sentía que el mundo se me venía encima. Pero no podía atacar ni huir: sabía que papá estaba atrapado en el genjutsu y por más que lo llamara no vendría por nosotros, era consiente que cualquier reacción drástica podía empeorar la situación.

Durante los siguientes días, las visitas de Obito se hicieron rutinarias. Llegaba casi siempre después de las siete de la noche, sin fallar. Cada vez, debía mantener a Sasuke escondido, cubrirlo con mantas, susurrarle palabras tranquilizadoras mientras Obito jugaba con el miedo y la incertidumbre, haciendo llorar al bebé a propósito.

Papá, en esos momentos, se movía por la casa como si nada pasara. Caminaba por los pasillos, tomaba té, revisaba papeles, pero jamás miraba hacia donde estabamos nosotros. Era como si no existieramos, y yo podía notar la frialdad absoluta de mi padre. Por más que mis ojos buscaran protección, no había señales de que viniera en mi auxilio. El genjutsu de Obito hacía su trabajo perfectamente: borraba la preocupación natural de papá y lo mantenía al margen, dejandome solo ante el peligro.

Una noche, después de la visita, Sasuke estaba dormido entre mis brazos, exhausto por tanto llanto. Yo acariciaba suavemente su cabeza, murmurándole:
—Lo siento, pequeño… sé que estas noches son difíciles… pero supongo que en algún momento se aburrirá, no creo poder parar esto yo

la única realidad era que estábamos solos. El miedo y la tensión eran constantes, y Tio Obito parecía disfrutar cada segundo. Cada noche era una prueba: de paciencia, de resistencia.

Con el paso de los días empecé a notar ciertas cosas. Tio Obito no solo venía, sino que siempre vigilaba cada movimiento, cada pequeño gesto de Sasuke y que es lo que hacíamos o no durante el dia. debía anticiparme a todo, cubrir al bebé antes de que Tio llegara, calmarlo antes de que su llanto se extendiera, y asegurarme de que nada se viera sospechoso o fuera de lo normal para no sufrir un castigo

Mientras lograra proteger a Sasuke, mientras lo mantuviera cerca y seguro, podía resistir lo que viniera. Y sabía que, aunque tio Obito intentara manipularlos, el amor que sentía por su hijo era más fuerte que cualquier genjutsu, cualquier amenaza o cualquier terror que el mundo pudiera arrojar sobre el.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
 
     ..... PRESENTE.......

mentiras a la luz Donde viven las historias. Descúbrelo ahora