cap 30

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El espacio a su alrededor se distorsionó en un remolino oscuro. En un instante, Sasuke dejó de sentir el viento y la tierra bajo sus pies. Cuando su visión se aclaró, estaba en un lugar completamente distinto.

Un cielo gris cubría la inmensa extensión rocosa donde ahora se encontraba. No había árboles, ni vida, ni salida visible. Solo un vacío inmenso y opresivo.

Obito apareció frente a él, ileso, con su única mirada fija en su oponente.

—Bienvenido a mi mundo —murmuró—. Aquí no hay escapatoria.

Sasuke se incorporó lentamente, evaluando su entorno.

—Así que este es tu famoso Kamui —dijo con frialdad—. No me impresiona.

Obito sonrió con una calma inquietante.

—No necesito impresionarte. Solo necesito mostrarte que no tienes ninguna posibilidad contra mí.

Sasuke no respondió. Su Susanoo resplandeció una vez más, tomando una forma más completa. A pesar de estar en una dimensión desconocida, no tenía intención de perder.

—Siempre hablas como si fueras superior —dijo, aferrando su espada—. Como si tu poder estuviera fuera de mi alcance.

Obito permaneció inmóvil.

—Porque lo está.

Sasuke avanzó sin previo aviso, su Susanoo desenvainando una hoja gigantesca. Con un solo tajo, partió el suelo en dos, levantando una nube de escombros.

Pero Obito ya no estaba ahí.

—Tus ataques son inútiles en este lugar —su voz resonó en el vacío—. No puedes tocarme aquí.

Sasuke no se detuvo. En lugar de insistir con ataques físicos, llevó sus manos a la posición de sello.

—Eso crees.

El aire se cargó con una presión abrumadora. Una esfera oscura comenzó a formarse en el centro del campo de batalla.

Obito la reconoció al instante.

—Eso es…

—Enton: Kagutsuchi.

Las llamas del jutsu se extendieron por el vacío, devorando el espacio mismo. Obito saltó hacia atrás, esquivando la embestida de fuego negro.

—Interesante —admitió—. Pero inútil.

Sasuke ignoró sus palabras. No estaba atacando sin sentido. Estaba probando algo.

Y lo había confirmado.

Obito podía hacerse intangible, sí. Pero cuando él usaba el Kamui para esquivar, tenía que materializarse en algún punto. En ese breve instante… sería vulnerable.

Sasuke entrecerró los ojos.

—Te tengo.

El cielo gris rugió nuevamente. Desde lo alto, una nueva carga eléctrica se acumuló.

—¿Otra vez eso? —Obito suspiró—. Ya te dije que no funcionará.

Pero Sasuke sonrió.

—Esta vez… será diferente.

Levantó su mano.

—Kirin.

La tormenta rugió, pero a diferencia de la última vez, esta descarga era más intensa, más refinada. Obito sintió que algo estaba mal.

Y entonces, en el preciso instante en que el relámpago descendió, La explosión sacudió la dimensión.

Por primera vez en mucho tiempo, Obito sintió un verdadero impacto.

Cuando la luz se disipó, estaba arrodillado, su capa hecha trizas, su brazo derecho completamente calcinado.

Sasuke avanzó lentamente, su mirada afilada como una hoja.

—No eres invencible.

Obito se levantó con dificultad.

—Así que eso es lo que aprendiste de Kakashi…

Sasuke detuvo su paso.

Obito lo miró fijamente.

—Aprendiste a observar, a analizar… pero sigues sin entender lo más importante.

Sasuke frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

Obito sonrió levemente, aunque su expresión era amarga.

—Todavía no estás listo para enfrentar la verdad.

Antes de que Sasuke pudiera reaccionar, el espacio se distorsionó de nuevo.

La realidad lo envolvió en un remolino, y en un instante, se encontró de vuelta en el bosque.

Obito había desaparecido.

Sasuke permaneció en silencio, observando el cielo nocturno.

Sabía que esa batalla no había terminado.

Pero también sabía que, por primera vez, Obito lo había tomado en serio.

La próxima vez… sería el final.

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