cap 40

40 2 0
                                        

El cuarto aún olía a sangre y sudor. Yo apenas podía mantener los ojos abiertos, pero no soltaba a Sasuke ni por un instante. Su llanto se había calmado; ahora respiraba suave contra mi pecho, buscando calor.

El doctor luego de bañar a Sasuke y dejarme instrucciones para su cuidado se retiró de la casa.Papá seguía sentado a mi lado, silencioso, con la mano apoyada en mi hombro. No se había ido ni un momento. Fue entonces cuando la puerta se abrió y mamá entró.

Su mirada recorrió la escena: yo en la cama, con el bebé en brazos, papá a mi lado. Pero en sus ojos no había ternura ni alegría. Solo desdén.

-Así que ya nació... -dijo con un tono seco, cruzándose de brazos.

Apreté más fuerte a Sasuke contra mí, tratando de esconderlo de ella.
-Es mi hijo -murmuré-. Se llama Sasuke.

Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
-¿Sasuke, eh? No importa cómo lo llames, Itachi. No se quedará aquí. Ya te lo había dicho.

Sentí que el corazón se me detenía. Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante.
-¡No! -mi voz salió quebrada, suplicante-. No me lo quites... por favor, mamá... ya lo amo...

Papá se levantó de inmediato. Su mirada hacia Mikoto fue dura, tan dura que por un segundo pensé que iba a gritarle.
-No es el momento para hablar de eso -dijo en voz baja pero firme-. El niño acaba de nacer. Déjalos.

Mikoto alzó una ceja, como si no pudiera creer que él le llevaba la contraria.
-Fugaku, sabes perfectamente que no podemos cargar con este escándalo. El clan no lo toleraría.

Papá apretó los puños, pero no se movió de mi lado.
-Ya lo hablaremos. Ahora no.

Yo no escuchaba más. Solo abrazaba a Sasuke con todas mis fuerzas, las lágrimas cayendo sin control.
-No me lo quiten... -repetía una y otra vez-. Si me lo quitan, me muero...

Mikoto chasqueó la lengua y dio media vuelta, saliendo del cuarto sin mirar atrás. La puerta se cerró de golpe, dejando tras de sí un silencio tenso.

Papá volvió a sentarse junto a mí. Me acarició la cabeza, torpemente, pero con una calidez que no recordaba haber sentido nunca.
-Escúchame, Itachi. No voy a dejar que te lo quite ahora. Tranquilo... yo estoy aquí.

Y aunque sabía que anteriormente ya se había retractado en una promesa, en ese instante creí en él.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

La luz de la mañana apenas entraba por la ventana cuando abrí los ojos. Estaba agotado, pero no había soltado a Sasuke en toda la noche. Dormía en mi pecho, tibio, tan frágil que me daba miedo hasta respirar demasiado fuerte y despertarlo.

Papá estaba dormitando en una silla al lado de la cama, con los brazos cruzados. No se había movido de allí desde el parto. El silencio era casi reconfortante... hasta que la puerta se abrió con brusquedad.

Mamá entró apresurada, el ceño fruncido, respirando agitada.
-¡Fugaku! ¡Lo sabía, lo sabía! Ese maldito doctor volvió a irse de boca.

Papá se enderezó de inmediato.
-¿Qué pasó ahora?

Mamá cerró la puerta de golpe y bajó la voz, pero sus palabras seguían cargadas de enojo.
-Unas ancianas del clan lo interceptaron. Les dijo, muy orgulloso, que había atendido dos partos en la misma casa: el mío y el de Itachi. ¿Te das cuenta? ¡El de Itachi!

Sentí cómo el corazón se me subía a la garganta. Abracé instintivamente a Sasuke más fuerte contra mí, como si esas palabras ya fueran suficientes para arrebatármelo.

mentiras a la luz Donde viven las historias. Descúbrelo ahora