La sala aún estaba impregnada de silencio, interrumpido solo por el irregular pitido del monitor. Shizune se quedó al lado de Itachi, estabilizándolo, mientras Sasuke, no soltaba su mano ni un segundo.
Tsunade se apartó lentamente, respirando con dificultad. Sus manos temblaban de tanto chakra gastado. Salió de la sala con paso firme, y apenas la puerta se cerró tras ella, Kakashi la siguió en silencio.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, la Hokage apoyó la espalda contra la pared y bajó la cabeza, su rostro endurecido pero con un dejo de preocupación que rara vez dejaba mostrar.
—Está vivo… —dijo en un susurro ronco— pero apenas.
Kakashi la miró fijo, su único ojo visible brillando con determinación.
—¿Qué quieres decir con “apenas”?
Tsunade levantó la vista, seria.
—Esa marca que carga en el cuello lo está consumiendo. No es solo un rechazo… es un envenenamiento de chakra diseñado para matar al Omega lentamente. Si vuelve a tener otro episodio como el de hace unos minutos… —guardó silencio unos segundos, como si las palabras le pesaran—. No voy a poder traerlo de vuelta.
Kakashi apretó los puños.
—Entonces dime qué puedo hacer.
La mujer dudó. Y cuando finalmente habló, lo hizo con un tono bajo, como si le doliera pronunciar cada palabra.
—La única forma de detenerlo sería que otro alfa lo marcara… —sus ojos se clavaron en los de Kakashi—. La marca de Obito sería reemplazado, neutralizado. Pero…
—¿Pero qué? —interrumpió Kakashi con brusquedad.
—Pero eso lo uniría de por vida a quien lo marque —respondió Tsunade, con seriedad absoluta—. No es solo una marca, es un lazo. Y no cualquiera puede soportar la carga de sustituir un enlace tan tóxico sin morir en el intento.
El silencio entre ambos se volvió espeso, casi insoportable. Kakashi apartó la mirada por un instante, su respiración sonaba contenida bajo la máscara. Sabía lo que eso implicaba, sabía lo que significaba para Itachi, para Sasuke… para todos.
Tsunade cruzó los brazos, sin suavizar su tono:
—Si no encontramos pronto a alguien dispuesto y capaz de marcarlo… Itachi no va a sobrevivir.
Las palabras de Tsunade quedaron flotando en el aire como cuchillas invisibles. El pasillo del ala privada parecía más frío de lo habitual, y el eco lejano de los pasos de Shizune al fondo solo acentuaba la tensión.
Kakashi permaneció en silencio, la mirada fija en el suelo. Su mano se cerró en un puño dentro del bolsillo, temblando apenas.
“Marcarlo…”
La idea lo atravesaba como un rayo. No era un asunto menor: significaba sellar un lazo de por vida con Itachi, unir sus destinos para siempre. No como compañeros, ni como camaradas… sino como algo que no tenía retorno.
Levantó el rostro despacio, ocultando su expresión tras la máscara, aunque el sharingan brillaba con un leve temblor.
—…¿Estás diciendo —murmuró, con la voz baja, grave— que si no lo hago… él morirá?
Tsunade lo miró directo a los ojos. No respondió con evasivas ni medias tintas.
—Sí.
El silencio se volvió pesado de nuevo. Kakashi apartó la vista, girando hacia la puerta de la sala donde Itachi estaba con Sasuke. Podía sentir el chakra debilitado de Itachi al otro lado, frágil como una llama en un vendaval. Y podía escuchar, aunque fuera tenue, el sollozo contenido de Sasuke junto a la camilla.
Un pensamiento lo atravesó sin piedad: No puedo dejar que Sasuke pierda a su padre justo ahora.
Inspiró hondo, apretando aún más los puños.
—…Si no aparece nadie más capaz —dijo finalmente, con una firmeza sombría—, lo haré yo.
Tsunade arqueó una ceja, sorprendida por la rapidez de su respuesta.
—¿Sabes lo que estás diciendo, Kakashi? No es solo una marca temporal. Es cargar con el peso de Itachi… y con el de Obito.
El nombre de su antiguo amigo retumbó como un golpe en su pecho, removiendo viejas heridas que jamás habían cerrado.
—Lo sé —respondió él, sin apartar la mirada de la puerta—. Pero prefiero cargar con ese peso… antes que verlo morir.
Por primera vez, la dureza en los ojos de Tsunade se suavizó apenas. Lo estudió en silencio unos segundos, y luego asintió con gravedad.
—Entonces más te vale estar listo. Porque si llegamos a ese punto… será tu única opción.
Kakashi inclinó la cabeza, en un gesto seco. Y mientras el eco de las palabras resonaba en el pasillo, la sombra de la decisión que acababa de tomar lo envolvía por completo.
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La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la tenue luz de las lámparas médicas. El pitido irregular del monitor era lo único que confirmaba que Itachi seguía con vida, aunque su respiración era débil, entrecortada, como si cada inhalación le costara el doble de esfuerzo.
Sasuke permanecía sentado al borde de la cama, sin soltar en ningún momento la mano de su padre. Sus ojos estaban hinchados, rojos de tanto llorar, pero se negaba a parpadear demasiado, temiendo que en cualquier instante, al abrirlos de nuevo, él ya no estuviera allí.
—Papá… —su voz era apenas un murmullo ahogado, cargado de angustia—. No me dejes… no me dejes solo otra vez.
Itachi lo miró con los párpados pesados, apenas abiertos. Sus labios se movieron con lentitud, como si cada palabra le costara el alma.
—Sasuke… no llores…
El chico apretó con más fuerza su mano.
—¿Cómo quieres que no llore? ¡Casi te mueres frente a mí! —el llanto le quebró la voz, desbordando en lágrimas que cayeron sobre la sábana—. Pensé que nunca más… que nunca más iba a poder hablar contigo…
Itachi quiso sonreír, pero solo logró un gesto débil, torcido por el dolor. Alzó con esfuerzo la mano libre, temblorosa, para rozar la mejilla de su hijo.
—No importa lo que pase… siempre estaré contigo.
—¡No digas eso como si te fueras a ir! —Sasuke lo interrumpió con desesperación, inclinándose sobre él—. Tienes que quedarte, ¿me oyes? No me importa qué tengas que hacer, pero no te atrevas a dejarme. ¡Yo… yo no sabría vivir sin ti!
Los ojos de Itachi se llenaron de lágrimas silenciosas, las mismas que había contenido tantas veces a lo largo de su vida.
—Lo siento… por todo el dolor que te he causado.
—¡No me importa! —gritó Sasuke, hundiendo el rostro contra su pecho con un sollozo desgarrador—. Solo quédate… por favor…
El corazón de Itachi se apretó con fuerza. Sentía el rechazo ardiendo en su interior, sabía que cada minuto era un milagro prestado… pero la súplica de su hijo lo mantenía aferrado a la vida con uñas y dientes.
Apoyó débilmente la mano sobre el cabello de Sasuke, acariciándolo como cuando era niño.
—Sasuke… eres lo mejor que me ha pasado. Pase lo que pase, nunca lo olvides.
El muchacho levantó el rostro, empapado en lágrimas, y lo miró con una mezcla de rabia y miedo.
—Te odio por decirlo así… porque suena a despedida.
Itachi no respondió. Solo lo miró con esos ojos oscuros llenos de amor y dolor, mientras el monitor volvía a emitir un pitido irregular, haciéndole saber a ambos lo frágil que era ese instante.
Afuera, en el pasillo, Kakashi escuchaba en silencio con la espalda contra la pared, sus ojos cerrados. La decisión que había tomado pesaba cada vez más.
Si quería salvar a Itachi… tarde o temprano tendría que cargar con ese lazo.
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mentiras a la luz
Fanfictionver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
