La habitación se había vuelto demasiado silenciosa durante esos días. Itachi no había dicho nada, pero su mirada se volvía cada vez más opaca, y las noches se alargaban entre suspiros contenidos y un dolor que no lo dejaba dormir.
Esa noche, el silencio fue roto por un gemido ahogado. Itachi, recostado en el futón, se llevó la mano al estómago con fuerza. Un dolor punzante lo desgarraba por dentro, y al mismo tiempo la marca que lo unía a Obito ardía como si lo estuvieran quemando con hierro caliente.
Sabía exactamente lo que ocurría. Lo había presentido desde hacía días, pero no lo había dicho en voz alta porque ningún tratamiento médico iba a permitir a poder ayudarlo. Obito lo estaba castigando. No, peor… lo estaba quebrando por dentro.
El rechazo había comenzado.
Las lágrimas rodaron por su rostro sin que pudiera detenerlas. Quiso morderse el labio para no sollozar, pero su cuerpo temblaba entero. No había vuelta atrás. Aunque lo atendieran, aunque lo llevaran al mejor médico, nada salvaría la vida que llevaba en su vientre. El bebé estaba condenado desde el momento en que Obito decidió rechazarlo.
Cuando el dolor se hizo insoportable, apenas pudo murmurar el nombre de su hijo.
—Sa…suke…
El muchacho bajaba las escaleras en ese instante, acompañado de Kakashi. Habían tenido un presentimiento, un nudo extraño en el pecho que no los dejó dormir. Y cuando abrieron la puerta del sótano, lo vieron.
—¡Itachi! —Sasuke corrió hacia él, con el rostro desencajado—. ¡Papá!
Se arrodilló a su lado, tomándole la mano temblorosa. El calor de su piel era anormal, febril, y sus ojos brillaban llenos de lágrimas.
—Que… Que pasa, que te duele, contestame por favor —la voz de Sasuke se quebraba, se aferraba a él como si pudiera evitar que se le escapara.
Itachi lloraba en silencio, cada espasmo en su vientre lo hacía estremecerse más. Miró a su hijo y, por primera vez, dejó que la desesperación lo venciera.
—Perdóname… —susurró entre sollozos—. Perdóname, Sasuke…
Kakashi entendió enseguida al ver el futón y la colcha cubierta de sangre. El tiempo se les escapaba. El sharingan en su ojo descubierto giró un instante, y en un movimiento rápido realizó un shunshin. La habitación se desvaneció, y en un parpadeo estaban en la ala privada del hospital, un lugar al que solo muy pocos podían acceder.
El riesgo era enorme: Obito podía rastrear el chakra, podía darse cuenta de donde estaba Itachi. Pero Kakashi no se detuvo a pensarlo; no iba a dejar que muriera delante de sus ojos.
—¡Tsunade!, ¡Shizune!—gritó con urgencia apenas irrumpió en el lugar—. ¡Es una emergencia!
Sasuke, con el rostro empapado en lágrimas, no soltaba la mano de su padre. Sentía el temblor de Itachi, su respiración entrecortada, y un miedo aterrador lo desgarraba por dentro.
—Por favor… —suplicaba una y otra vez—. Sálvenlo… no dejen que se muera…
Itachi apenas podía enfocar la mirada, su cuerpo rendido por el dolor y el desgaste. Sabía la verdad, sabía que no había esperanza para su hijo no nacido, pero al ver a Sasuke llorando prácticamente sobre él, algo en su pecho se quebró.
El llanto de ambos, padre e hijo, llenó la sala mientras Tsunade corría hacia ellos, lista para hacer lo imposible, aunque el destino ya estuviera escrito.
Tsunade entró de golpe en la sala, seguida por Shizune, y al ver a Itachi comprendió al instante la gravedad. No preguntó, no perdió un segundo: con un movimiento rápido extendió un sello médico sobre el cuerpo del Uchiha, las palmas de sus manos brillaron de un verde intenso.
—¡Pónlo en la camilla, rápido! —ordenó con voz firme.
Kakashi obedeció de inmediato, depositando a Itachi con cuidado. Sasuke no soltaba su mano, aunque las suyas estaban empapadas de sudor frío.
Los ojos de Tsunade se fruncieron apenas percibió el chakra distorsionado en el vientre. El latido de aquella vida era errático, casi inexistente, como una llama consumiéndose bajo la lluvia. Y lo peor no era eso: el cuerpo de Itachi estaba debilitándose a una velocidad alarmante, como si algo de afuera lo estuviera drenando.
—Esto no es normal… —murmuró Tsunade, y alzó la vista hacia Kakashi con el ceño apretado—. ¿Quién le hizo esto?
Kakashi no respondió. No podía. Solo clavó la mirada en Itachi, con un silencio que decía mucho más que mil palabras.
—¡No me importa quién! —gruñó la Hokage, apretando los dientes—. ¡Voy a estabilizarlo!
El chakra médico fluyó con más fuerza. Shizune corría de un lado a otro, preparando instrumentos, pero Tsunade sabía que nada de lo que tenía a mano sería suficiente. El sello de enlace estaba destruyendo desde adentro, rechazando el embarazo y drenando a Itachi hasta llevarlo a un estado crítico.
Itachi gimió bajo el contacto del jutsu, arqueando la espalda, con lágrimas cayendo por sus mejillas. Su respiración era un jadeo quebrado, cada vez más débil.
—Sasuke… —susurró, aferrándose a la mano de su hijo como si fuera lo único que lo mantenía en pie—. Perdóname… yo… no puedo…
—¡No digas eso! —Sasuke gritó entre sollozos, inclinándose sobre él—. ¡No me dejes, no me dejes solo otra vez!
El llanto del muchacho desgarró la sala. Kakashi, a su lado, apretó el puño con impotencia. No había nada peor que verlos así: un padre y un hijo aferrados, mientras la vida se escapaba en silencio.
Tsunade apretó los dientes y bajó la cabeza.
—Voy a salvarlo —dijo con una furia contenida—, aunque tenga que dejar mi vida en esto.
Pero en el fondo lo sabía: el bebé ya estaba perdido. No había forma de detener lo que Obito había iniciado. Lo único que quedaba era intentar mantener a Itachi con vida.
El chakra verde brillaba con intensidad, bañando la sala en un resplandor casi cegador, mientras Tsunade luchaba contra un destino que ya estaba marcado.
El corazón de Sasuke se encogió aún más al sentir que la mano de su padre perdía fuerza en la suya.
—¡Papá! ¡No cierres los ojos! —suplicaba desesperado—. ¡Mírame!
Itachi, con esfuerzo, lo miró… y sonrió apenas, débilmente, mientras una nueva lágrima surcaba su rostro.
El dolor en la marca ardió con un último estallido dentro de él, y su cuerpo tembló con violencia.
La sala quedó en silencio por un segundo eterno.
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mentiras a la luz
Fanfictionver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
