cap 43

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Sasuke apretaba los puños con fuerza. Había esperado toda la noche para escuchar la verdad, y justo cuando Itachi iba a continuar, la aparición de Kakashi lo interrumpía todo. La bandeja de comida, el tono cuidadoso de su antiguo sensei, el silencio denso… cada detalle lo irritaba más.

—Tsk… —chistó entre dientes, apartando la mirada—. Siempre pasa lo mismo.

Itachi lo observó de reojo, percibiendo la frustración en cada gesto de su hijo, pero no dijo nada. Sabía que intentar calmarlo ahora solo encendería más su enojo.

Kakashi, en cambio, dejó escapar un suspiro.
—Sasuke, ya es de mañana. —Su voz fue más firme que antes—. Tenés que ir a la Torre del Hokage a dar tu reporte de misión.

Sasuke lo fulminó con la mirada.
—¿En serio? ¿Ahora?

—Sí, ahora —replicó Kakashi, cruzándose de brazos—. Tu padre necesita un respiro. No podés asfixiarlo con preguntas apenas abres los ojos.

Las palabras cayeron como un kunai directo al corazón de ambos.

Sasuke se quedó congelado en el sitio, sus ojos se abrieron apenas más de la cuenta.
—… ¿Qué dijiste? —murmuró, incrédulo.

Itachi también lo miró sorprendido, los labios entreabiertos. Había pasado toda la noche escuchando a Sasuke luchar con la palabra, evitando pronunciarla… y ahora, de pronto, la escuchaba salir de la boca de Kakashi con una naturalidad desarmante.

“Tu padre”.

El silencio que siguió fue espeso, pero en el interior de Itachi algo se iluminó. Sintió que el peso en su pecho se aligeraba, aunque fuera un poco. Kakashi había dicho lo que Sasuke aún no podía. Y para él, eso bastaba para sentirse feliz, aunque no lo mostrara del todo.

Sasuke, en cambio, tragó saliva con incomodidad. Se levantó de golpe, molesto, confundido, sin saber si debía discutir o callar.
—Hmp. Está bien. —se limitó a gruñir, dándole la espalda.

Caminó hacia la escalera con paso rápido, aunque su mente seguía dando vueltas alrededor de esas dos simples palabras.

Itachi lo siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta, y entonces, muy despacio, permitió que una pequeña sonrisa se dibujara en sus labios.

—Gracias, Kakashi… —murmuró con voz baja, acariciando el cuenco tibio de sopa frente a él.

Kakashi lo miró de reojo, sin responder, pero la curva leve en su ojo visible denotaba que había notado esa felicidad callada.

Kakashi apoyó la espalda contra la pared, cruzando los brazos, mientras dejaba que el silencio se asentara entre ellos un instante. Luego, con un suspiro, empezó a hablar, dejando que las palabras fluyeran con naturalidad:

—Sabés… desde que tomé a Sasuke como alumno, siempre me llamó la atención lo meticuloso que es… pero también lo torpe que puede ser cuando se pone nervioso —dijo, con un dejo de sonrisa que apenas asomaba bajo la máscara—.

Itachi arqueó una ceja, interesado, inclinándose un poco hacia él.

—Torpe… ¿cómo? —preguntó con suavidad.

Kakashi rió suavemente, recordando.
—Pequeñas cosas, en realidad. Como la vez que enfermó y no quería admitirlo. Lo encontré escondido debajo de la manta, temblando y tratando de disimular la fiebre para no perder la práctica de entrenamiento. Y cuando finalmente lo convencí de que descansara, la forma en que me miraba… parecía que me estaba castigando por obligarlo a quedarse quieto.

Itachi sonrió ligeramente, ya imaginando la escena en su mente.

—Eso no es todo —continuó Kakashi, con un tono más cálido—. También recuerdo cómo se ponía torpe con Naruto. Cada vez que se ponía nervioso, no sabía cómo reaccionar… a veces le daba golpes sin querer, otras veces lo miraba fijo como si estuviera a punto de lanzarle un ataque, todo porque no sabía qué hacer con sus emociones.

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