El resplandor verde del chakra iluminaba la sala entera, proyectando sombras en las paredes. El sudor perlaba la frente de Tsunade, que apretaba los dientes con rabia mientras intentaba contener lo incontenible.
—¡Resiste, maldita sea! —gruñó, presionando con más chakra sobre Itachi.
Pero entonces el cuerpo del Uchiha se arqueó con violencia. La marca en su cuello ardió en un tono carmesí, como si quemara desde adentro, y un chillido apenas audible escapó de sus labios. El aire se volvió pesado, casi irrespirable, y Sasuke sintió que el mundo se le partía en dos.
—¡Papá! —sollozaba, sacudiéndolo—. ¡No me hagas esto! ¡Despierta, mírame!
La mano de Itachi, antes firme en la suya, comenzó a aflojarse. Sus dedos se deslizaron lentamente, como si la fuerza lo abandonara por completo.
Kakashi dio un paso hacia adelante, con el sharingan brillando bajo la tela de su máscara, impotente, furioso consigo mismo por no haber podido anticiparse.
—No… no… —Sasuke negaba con la cabeza una y otra vez, sus lágrimas cayendo sobre el rostro de su padre.
El corazón de Itachi latía con un eco errático, débil, como el tambor de guerra de un ejército que se desvanece en la lejanía. Su respiración se volvió entrecortada, cada vez más superficial.
Tsunade clavó las manos con más fuerza sobre su pecho, gritándole a Shizune:
—¡Prepárame el quirófano ahora! ¡YA!
Pero la voz de Itachi, apenas un susurro, quebró el momento.
—Sasuke… te amo…
Y en ese instante, sus párpados cayeron.
El monitor del chakra emitió un pitido largo y agudo, llenando la sala con un sonido que cortó el aire como una cuchilla.
Sasuke gritó con toda su alma.
—¡¡PAPÁÁÁ!!
La mano de Itachi se soltó por completo.
El silencio después fue brutal, como si el tiempo se hubiera detenido.
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El pitido agudo del monitor se mantuvo constante, cortando el aire como un cuchillo. Shizune se paralizó un instante, con el pergamino del sello en sus manos temblorosas, mientras Sasuke se quebraba en un grito que desgarró el silencio.
—¡¡PAPÁÁÁ!!
Los ojos de Tsunade se abrieron con furia.
—¡NO VAS A MORIR AQUÍ, ITACHI! —rugió, descargando su chakra con violencia.
Sus manos presionaron con fuerza contra el pecho del Uchiha, liberando pulsos eléctricos de chakra médico directo a su corazón. Una técnica de reanimación que solo ella se atrevía a usar en situaciones extremas.
—¡Vamos, respira! —apretó los dientes, sudando—. ¡No le hagas esto a tu hijo!
Sasuke estaba colapsando al lado de la camilla, sosteniendo aún la mano fría de Itachi contra su rostro.
—Por favor, no lo dejes… no me dejes… —lloraba, su voz rota, su cuerpo sacudido por la desesperación.
Kakashi se colocó a su lado, colocando una mano firme sobre su hombro, intentando transmitirle algo de fuerza. Pero incluso él sentía un nudo en la garganta. Ver a Itachi desplomarse así, sabiendo lo que estaba en juego, era insoportable.
—¡Otra vez! —gritó Tsunade, y descargó un nuevo pulso de chakra, más violento, que hizo que el cuerpo de Itachi se arqueara.
El pitido del monitor seguía constante.
Shizune, con lágrimas en los ojos, murmuraba:
—Hokage-sama… su chakra se está desestabilizando…
—¡Cállate y ayudame! —bramó Tsunade, negándose a aceptar la derrota.
Golpe tras golpe de chakra retumbaban en el cuerpo de Itachi, como si Tsunade lo estuviera arrancando de las garras de la muerte a la fuerza.
Sasuke hundió el rostro contra la mano de su padre, sollozando con un dolor insoportable.
—Por favor… vuelve conmigo… ¡Papá, vuelve!
Y entonces, de repente, el pitido cambió.
Un golpe sordo, débil, pero claro, rompió el silencio del monitor.
Bip…
El cuerpo de Itachi tembló, un espasmo recorrió su pecho.
Bip… bip…
El latido regresaba, lento, frágil, pero vivo.
Tsunade exhaló un gruñido de alivio y bajó la cabeza.
—Maldito terco… —murmuró, casi sonriendo con rabia—. Sabía que no ibas a irte tan fácil.
Sasuke levantó el rostro empapado en lágrimas justo cuando los ojos de Itachi se abrieron apenas, nublados, cansados, pero conscientes.
—Sasuke… —susurró, con un hilo de voz, apenas audible—. Perdóname…
El chico se quebró aún más, inclinándose sobre él para abrazarlo con desesperación.
—¡No! No me pidas perdón… solo quédate conmigo, por favor, papá…
Kakashi apretó los puños, mirando el suelo. Habían estado a un segundo de perderlo… y sabía que Obito no se detendría.
La amenaza apenas había comenzado.
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mentiras a la luz
Fanfictionver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
