Cuando tenía alrededor de siete meses y medio de embarazo, mamá empezó con labor de parto.
Recuerdo escuchar desde mi cuarto sus quejidos y su respiración acelerada.
Los gritos de ella y papá me asustaron, hicieron que mi estómago se pusiera duro por bastante tiempo. Cuando eso sucedía debía levantarme de la cama y caminar si no quería que me empezará a doler. Mientras caminaba lento alrededor de mi cuarto papá entro alterado
- Itachi ven, necesito que te quedes con tu madre en lo que voy por el doctor-
- deacuerdo- Asentí despacio, aunque por dentro sentía que el corazón me golpeaba el pecho con fuerza. Papá no esperó más respuesta; salió corriendo del cuarto, cerrando la puerta con brusquedad detrás de él.
Me quedé unos segundos en silencio, respirando hondo, antes de obligar a mis pies a moverse. El pasillo parecía más largo de lo normal, cada paso retumbaba en mis oídos. Cuando entré a la habitación de mamá, me quedé paralizado en la puerta.
Ella estaba recostada sobre la cama, sudando, con el cabello pegado a la cara y la respiración entrecortada. Tenía una mano aferrada a las sábanas y la otra presionando fuerte contra su vientre abultado.
—¡Acércate, maldito inútil! —me gritó en cuanto me vio, con el rostro desencajado por el dolor y la furia—. No te quedes ahí parado.
Tragué saliva y me acerqué despacio, sentándome en la silla junto a su cama. No sabía qué hacer. Solo la miraba, intentando no temblar.
—¿Qué… qué hago, mamá? —pregunté con voz baja.
Ella rió sin humor, con un sonido entrecortado por un gemido de dolor.
—¡Nada puedes hacer! Ni siquiera servirás para ayudarme… —sus ojos se llenaron de lágrimas, no de ternura, sino de frustración—. ¡Maldita sea, que termine ya esto!
Yo apreté las manos sobre mis rodillas. El estómago se me puso duro de nuevo y la presión en mi pecho se hacía insoportable. Sus quejidos llenaban toda la habitación, haciéndome sentir pequeño e inútil, como siempre.
Entonces, en un momento de calma breve, ella volvió a hablar, con voz ronca y amarga:
—Escucha bien, Itachi… si ese bebé sobrevive… no será mío. No quiero verlo, ¿me entiendes? Tú te encargarás de mantenerlo alejado de mí en lo que me recupero.
Me quedé helado. No supe qué responder. Solo asentí, aunque mi mente era un torbellino de miedo y confusión.
Unos minutos después, los pasos apresurados de papá resonaron en el pasillo y el doctor entró a la habitación, trayendo consigo un aire de urgencia que me hizo retroceder hasta la esquina.
El doctor entró deprisa, con una bolsa en la mano y expresión seria. Apenas me miró, como si no existiera, y se inclinó sobre mamá que no paraba de retorcerse en la cama.
—Tranquila, respire profundo —le decía mientras revisaba su vientre y sacaba trapos limpios—. El niño está por venir.
Papá estaba detrás de él, dando vueltas por la habitación como un lobo atrapado. Su voz se escuchaba áspera, nerviosa:
—¿Cuánto falta?.
El doctor no respondió de inmediato. Mamá lanzó un grito tan fuerte que me hizo taparme los oídos. Sentí cómo mi estómago se endureció otra vez y tuve que moverme en círculos por la esquina de la habitación para que no me doliera tanto ojo.
—¡Itachi! —la voz de papá me alcanzó de golpe—. Quédate quieto y no estorbes.
Asentí rápido, aunque mis piernas no dejaban de temblar. Me pegué a la pared, intentando hacerme invisible.
Vi al doctor sudando, dándole indicaciones a mamá que ella apenas seguía. Escupía insultos entre cada respiración, maldiciendo al bebé, a su suerte, y a todos nosotros. Yo quería cerrar los ojos, pero no podía; estaba atrapado mirando, como si todo fuera una pesadilla que no me dejaba despertar.
De pronto, un llanto agudo llenó la habitación. Un sonido nuevo, extraño, que me hizo contener el aliento. El doctor levantó entre sus brazos a un pequeño cuerpo cubierto de sangre y telas húmedas.
—Es un varón —anunció con voz cansada.
Yo di un paso al frente, curioso, pero mamá giró la cara hacia otro lado de inmediato, con un gesto de repulsión.
—Quítalo de aquí —dijo entre dientes, agotada—. No quiero verlo… ¡sáquenlo!
El doctor lo envolvió con cuidado y se lo tendió a papá. Yo esperaba que él lo sostuviera, que lo mirara al menos, pero papá apenas lo observó un instante y después… lo colocó sobre mis brazos.
—Tú te encargarás, Itachi —me dijo, serio, como si estuviera dándome una orden militar.
Yo miré al bebé. Era tan pequeño que sentí que podía romperse con solo respirar sobre él. Su llanto me vibraba en el pecho, y de repente supe que, aunque mamá lo rechazara y papá lo negara… aquel niño era real. Estaba vivo. Y de alguna manera, ahora era mi responsabilidad.
Mis manos temblaban tanto que tuve miedo de dejarlo caer. El bebé era tan pequeño, tan frágil, que parecía romperse con solo mirarlo. Lloraba con fuerza, su carita arrugada buscaba calor y yo… no sabía qué hacer.
Lo apreté contra mi pecho, torpe, sin entender cómo debía sostenerlo. Sentí su calor mezclarse con el mío y, de inmediato, mi vientre duro respondió con otra punzada. Apreté los dientes, tragándome el quejido, porque no quería que papá lo notara.
—Shhh… —susurré, aunque no sabía si me oía—. Todo está bien…
Lo mecí de un lado a otro, como había visto hacer a otras mujeres del clan. Al principio sus gritos no paraban, pero poco a poco, entre mi respiración agitada y el movimiento lento de mis brazos, su llanto fue cediendo hasta convertirse en un quejido suave.
El doctor me miraba de reojo, como dudando, pero no dijo nada. Mamá, en cambio, abrió los ojos un instante, me observó con esa mezcla de rencor y cansancio y soltó un bufido.
—No me lo acerquen —escupió—. No quiero verlo.
Con pasos cortos salí de la habitación, temiendo que en cualquier momento me llamaran de vuelta. Fui a mi cuarto, me senté en el suelo con el recién nacido sobre mis piernas y lo observé. Tenía los ojitos cerrados, la piel rojiza y las manitos que se abrían y cerraban buscando algo.
Yo tenía miedo. Sentia dolor en mi vientre, un peso que me recordaba que pronto también yo estaría en su lugar, con otro niño entre mis brazos. Y aun así, mientras lo acariciaba con la punta de los dedos, pensé:
Si nadie lo quiere… yo lo cuidaré
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mentiras a la luz
Fanfictionver unos archivos por accidente cambiará por completo su vida, nada volverá hacer como antes
