cap 39

33 3 0
                                        

Una mañana, el aire en la casa estaba cargado, pesado. Yo estaba sentado en el suelo de mi cuarto, con Sai acurrucado sobre mi pecho, cuando escuché los pasos de mamá acercándose. No era un paso cualquiera: era rápido, decidido, el tipo de paso que no deja dudas sobre lo que viene.

—Itachi —dijo con voz fría—. Es hora.

Sentí que mi estómago se hundía.
—¿Hora de…? —mi voz salió temblorosa.

Ella se acercó y extendió la mano, pero no hacia mí: hacia Sai.
—Del orfanato, Itachi. Lo llevaré hoy.

—¡No! —grité, saltando del suelo—. ¡No te lo lleves! —Lo apreté contra mi pecho, sintiendo su pequeño cuerpo temblar también. Su llanto se mezcló con el mío, y todo mi mundo pareció romperse en pedazos.

Mamá frunció el ceño, irritada.
—Basta, Itachi. Ya no sirve de nada que lo mantengas aquí. Yo me encargaré de entregarlo y tú no tienes derecho a impedírmelo.

—¡Pero yo lo cuido! —dije, con lágrimas cayendo por mis mejillas—. ¡Yo puedo cuidarlo! No quiero que lo lleves lejos…

Papá apareció en la puerta, observando la escena con los brazos cruzados. No dijo nada. Su silencio era suficiente para que mi corazón se encogiera aún más.

Mamá suspiró y tomó a Sai de mis brazos, levantándolo sin  cuidado, con esa distancia que siempre marcaba entre ella y todo lo que debía sentir.
—Se acabó, Itachi. Se va.

Intenté aferrarme a él, pero mi pequeño cuerpo no podía contra el suyo. Sentí cómo mis dedos se deslizaban, impotentes, mientras Sai era llevado hacia la puerta. Su llanto se hizo más fuerte, desesperado, y yo lloré con él, sin consuelo posible.

—Sai… no te vayas… —susurré entre sollozos mientras la puerta se cerraba tras ellos.

La casa quedó en un silencio opresivo. Yo me senté en el suelo, temblando, con el vientre endurecido por las contracciones que apenas podía soportar. La sensación de vacío era absoluta: la criatura que había llegado a ser mi mundo por unos días ya no estaba a mi alcance, y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.

Me recosté, abrazándome las piernas, intentando calmarme, pero el eco del llanto de Sai todavía resonaba en mi mente. Y una sola promesa quedó fija en mi corazón: cuando pudiera… haría lo imposible para volver a estar con él.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.

El dolor me doblaba sobre la cama. Sentía que me desgarraba por dentro, que el aire no me alcanzaba. Nunca nadie me había dicho cómo traer a mi hijo al mundo. Estaba aterrado.

La puerta se abrió de golpe y papá entró. Tenía el ceño fruncido, pero no de enojo: era preocupación.

—Itachi, tranquilo —se apresuró a mi lado y me tomó la mano—. Ya mandé un clon por el médico,todo va a estar bien

Las lágrimas me nublaban la vista.
—Papá… no sé qué hacer… me duele… tengo miedo…

Él respiró hondo y me acomodó el cabello de la frente.
—Mírame, hijo. Respira conmigo. Hazlo así —marcó el ritmo con calma, y yo lo seguí como pude—. Eso es. Vas a poder, eres fuerte.

Me aferré a él, desesperado.
—No me quites a mi bebé… por favor… —dije entre sollozos—. Lo amo, aunque no haya nacido… ya lo amo… Si me lo quitan… no voy a soportarlo…

Vi cómo su mirada cambiaba un instante, como si mis palabras le atravesaran el pecho. Me acarició la mano con torpeza, pero sin soltarla.
—Itachi… nadie va a quitártelo ahora. Concéntrate en traerlo al mundo. Después… hablaremos.

Su voz me calmó un poco, aunque entendí lo que no decía. No prometía que el niño se quedaría conmigo para siempre. Su silencio escondía ese peso que siempre cargaba: la aldea, el clan, las apariencias.

Entre jadeos murmuré:
—Se llamará Sasuke… Papá… Sasuke es mi hijo…

Fugaku me sostuvo firme.
—Es un buen nombre —dijo, y sus ojos brillaron apenas—. Ahora piensa en él. Concéntrate en traerlo al mundo. Estoy aquí, hijo.

Cada contracción me hacía encogerme, pero él no me dejó ni un segundo. Su conflicto estaba ahí, se notaba en sus silencios, pero en ese momento eligió sostenerme. Y aunque sabía que tal vez después volvería a alejarse, por primera vez sentí que tenía un padre a mi lado.

El tiempo se volvió difuso. Entre cada contracción sentía que el aire me abandonaba y que el dolor me partía en dos. Papá no se apartó ni un instante: me sostenía la mano, me acomodaba el cabello, me ayudaba a respirar.

—Ya casi, Itachi… aguanta… —su voz sonaba firme, aunque sus ojos delataban el nerviosismo.

Cuando el médico llegó, ya apenas podía mantenerme consciente. Oía instrucciones, pero la única voz que me anclaba era la de papá, repitiendo una y otra vez que podía hacerlo.

—Estoy aquí, hijo, escucha mi voz. Solo un poco más…

El grito me salió del alma. Y en medio de ese dolor insoportable, de pronto lo escuché: un llanto agudo, fuerte, el sonido más hermoso que jamás había oído. Mis ojos se abrieron entre lágrimas.

—¿Mi bebé? —jadeé, desesperado.

El médico lo envolvió rápido, pero fue papá quien lo tomó primero. Vi cómo lo miraba: serio, contenido, como si una parte de él se resistiera a sentir lo que estaba sintiendo. Pero cuando me lo acercó, no pudo ocultar del todo la ternura en su gesto.

—Aquí está, Itachi —susurró, poniéndomelo en los brazos—. Tu hijo.

Lo abracé contra mi pecho, temblando. Era tan pequeño, tan frágil… pero estaba vivo, respiraba, lloraba con fuerza. Mi Sasuke.

—Sasuke… —dije en un murmullo—. Hola, Sasuke…

Las lágrimas caían sin control. Lo besé en la frente, una y otra vez, como si quisiera grabar su existencia en mi piel.
—Te amo… yo ya te amaba antes de verte, pero ahora… ahora más. Nunca voy a dejarte solo.

Papá me miraba en silencio. Pude notar en sus ojos una lucha interna: por un lado, me veía con mi hijo y parecía querer protegernos; por el otro, el peso del clan y las apariencias lo consumían.

Finalmente, puso su mano en mi hombro.
—Itachi… —dijo despacio—. Disfruta este momento. Es tuyo.

No me prometió nada más. Y yo lo entendí. Pero en ese instante, con Sasuke en mis brazos, decidí que aunque el mundo entero estuviera en contra, yo lo protegería. No dejaría que me lo arrancaran de mis brazos como a sai.

Sasuke era mío. Y nada podría cambiar eso.

mentiras a la luz Donde viven las historias. Descúbrelo ahora